miércoles, 11 de febrero de 2026

domingo, 8 de febrero de 2026

¡FELIZ DOMINGO! 5º DEL TIEMPO ORDINARIO

 Isaías 58, 7-10.

   “ Esto dice el Señor: Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo, y no te cierres a tu propia carne.

    Entonces romperá tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor.

    Entonces clamarás al Señor y te responderá. Gritarás y te dirá: “Aquí estoy”.

    Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.


 

San Mateo 5, 13-16.

    “En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:  Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

    Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.  Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.”

 

Humanidad luz…

 

Lo dice el profeta, y es oráculo del Señor: “El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos;partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu propia carne”.

En realidad, el profeta, aunque parece hablar de los pobres, nos está mostrando a todos el camino de la justicia; si recorremos ese camino, nuestra vida se hará luz, nuestra oscuridad se iluminará como el mediodía,y también de nosotros se podrá decir con verdad: “En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo”.

La humanidad vive tiempos de sumisión a la mentira: la riqueza -el bienestar- de unos pocos, se levanta sobre la pobreza -sobre el sufrimiento- de una multitud; un mundo, engañosamente libre, se ha llenado de verdaderos esclavos; el alma, matriz de la piedad y la misericordia, se ha ausentado de los ojos desahuciada por la codicia… El otro, el diferente, el desconocido, ha dejado de ser yo, para ser un obstáculo en mi camino, un posible competidor, un posible enemigo, una amenaza para la tranquilidad de mi vida.

Por su parte, en estos tiempos, el mundo de la religiosidad tampoco parece ir muy de la mano con la autenticidad y la verdad. En los días del profeta, eran engañosos los ayunos y las penitencias, los ritos y las ofrendas. En los días de Jesús, los valedores de la fidelidad a la ley, los que velaban por el respeto de la sacralidad del sábado y del templo, los defensores de Dios, todos se confabularon para llevar a la cruz al Hijo de Dios… Y hoy, en la Iglesia, corremos el riesgo de engañarnos a nosotros mismos con una religiosidad de esclavos, con ritos que tranquilizan la conciencia, con experiencias de consolación, con doctrinas, que no pasan de ser ideología religiosa, y que confundimos con la verdad; hoy, para quienes nos llamamos cristianos, es muy grande el riesgo de estar recorriendo caminos que ocultan a Dios en vez de manifestarlo…

En este mundo lleno de pobrezas y de oscuridad, resuena la palabra de Jesús a sus discípulos: “Vosotros sois la luz del mundo”, una luz encendida “para que alumbre a todos los de casa… para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos”. No les dijo: Que vean vuestros ayunos y mortificaciones, que vean vuestros ritos y vuestras manifestaciones, que vean vuestras limosnas, que vean vuestra felicidad o vuestras penas. Dijo: “Que vean vuestras buenas obras”. Y el profeta acudirá en nuestra ayuda para que sepamos de qué va eso de las buenas obras: “Éste es el ayuno que yo quiero”, ésta es la religión que a mí me agrada: “Hospeda a los pobres sin techo, viste al que ves desnudo, y no te cierres a tu propia carne”…

Cuando a la vista de todos esté tu luz, cuando la que hable sea tu vida, cuando seas humanidad luz, entonces, sólo entonces, dejarás a tu Dios a la vista de todos.

Aquellas trabajadoras de la limpieza que, en la playa del Tarajal, salvaron de morir ahogado a un inmigrante clandestino, ellas saben lo que es “ser luz”, lo que es “dar vida”, lo que es “no cerrarse a la propia carne”, lo que es mirar a otro desde el corazón, lo que es poner a Dios delante de los ojos de un pobre, delante de los ojos de todos…

Hoy, Jornada Mundial de la Vida Consagrada, vienen a la memoria del corazón tantos Institutos religiosos que, en la querida Iglesia de Tánger, hacen presente a Dios en la vida de los pobres -felicidades a las Religiosas de Jesús y María, por la fiesta de su fundadora, santa Claudina Thevenet-.

El mundo necesita una Iglesia luz, una humanidad luz.

 

Siempre en el corazón Cristo.

+ Fr. Santiago Agrelo

Arzobispo emérito de Tánger

 

domingo, 1 de febrero de 2026

¡FELIZ DOMINGO! 4º DEL TIEMPO ORDINARIO

 


San Mateo 5, 1-12A.

    “En aquel tiempo, al ver Jesús al gentío subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, y él se puso a hablar enseñándoles:

    

 

    Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los Cielos.

    Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

    Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

    Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados.

    Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

    Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

    Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán “los hijos de Dios”.

    Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

    Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.”

 

 

Haz de nosotros, Señor, un pan sobre tu mesa…

 

Son noticias que me llegan en la mañana del lunes: “Dos inmigrantes, un niño y una mujer, murieron este domingo frente a la isla griega de Icaria, en el mar Egeo, tras chocar su lancha contra unas rocas, un siniestro que deja además tres desaparecidos y 50 rescatados”. “Un migrante ha sido rescatado y otros 50 se temen ahogados tras el hundimiento de una embarcación en el Mediterráneo... El hombre había estado en el mar durante 24 horas y declaró que creía que todos los demás ocupantes de la embarcación habían fallecido… La embarcación había partido de Túnez”.

Esto no es como si un Adamuz trágico se repitiera, por una fatalidad, ocho días después: esto es como si ese Adamuz,que desearíamos no haber vivido nunca, se programara para que la tragedia se repita cada semana, no importa tampoco si se repite más de una vez cada semana…

Ésa es la realidad: la muerte de los inmigrantes pobres es una muerte políticamente programada, sociológicamente aceptada, e interesadamente encubierta, ocultada, ignorada, como se ocultaría, a la vista de personas con sentido de la justicia, un campo de exterminio o una cámara de tortura…

Hoy pensaba hablar del pan, del humilde, sabroso y necesario pan de cada día; pensaba hablar del pan para acercarme al misterio de las bienaventuranzas.

Para saber quiénes son esos pobres, de los que es el reino de los cielos, se lo pregunto a Jesús, que hizo de su vida un pan sobre nuestra mesa; se lo pregunto al pan, se lo pregunto al que, siendo rico, sabroso y nutriente, nada se reserva para sí, y es todo para que otros vivan… “Cristo Jesús, con ser de condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos” …

De Cristo Jesús se dice con verdad: “Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza”. Y la fe entiende que, a donde va Cristo Jesús, con él va el reino de Dios: “suyo es el reino de los cielos”.

A donde vaya alguien que se ha desapropiado de sí mismo, alguien que ya no vive para sí, a donde vaya una imagen viva de Cristo Jesús, la humanidad nueva de la que Cristo Jesús es la cabeza, adonde vaya la humanidad pan, con ella irá el reino de Dios…

Habrá que recordarlo para salvación de todos: Profana las bienaventuranzas quien las escucha en la iglesia, y las desprecia en los pobres que Dios ama…Profana la Eucaristía quien la recibe en la iglesia y la pisotea en los inmigrantes que Dios ama…

Niega a Dios quien no respeta la dignidad del hombre.

Serán humanidad verdadera, humanidad del reino de Dios, humanidad del domingo, aquellos hombres y mujeres que se acerquen a la Eucaristía para recibir el pan que es Cristo Jesús, para aprender a ser pan al modo de Cristo Jesús, para hacerse pan sobre la mesa de todos… para hacerse de los pobres…

Y cuando la humanidad del egoísmo se convierta en humanidad del domingo, entonces dejará de haber pobres empujados a desaparece y morir en las aguas de cualquier mar, en el abandono de cualquier calvario…

Los pobres necesitan encontrar una humanidad pan.

Y la otra humanidad, la que se obstina en ser dueña de todo lo que es capaz de acaparar, la que no repara en el lázaro echado en su portal, la que banquetea como si estuviera viva, necesita descubrir ella también, para su salvación, que la vida está en ser pan…

Haz de nosotros, Señor, un pan sobre tu mesa. 

 

NOTA: No han pasado veinticuatro horas, y ya he de cambiar los datos ofrecidos sobre la tragedia de los pobres: “El mal tiempo está teniendo consecuencias devastadoras en las migraciones del Mediterráneo Central. El paso del ciclón Harry por el sur de Italia ha provocado una de las mayores tragedias humanitarias del inicio de 2026: al menos 50 personas han muerto y 380 migrantes permanecen desaparecidos tras el naufragio de varias embarcaciones en el Canal de Sicilia.”

Lo primero que necesitamos reconocer, es la verdad sobre lo que acontece; necesitamos llamar a las cosas por su nombre; no es el mal tiempo lo que está teniendo, desde hace décadas, consecuencias devastadoras para la vida de los pobres:es la corrupción de la política, es la crueldad de la indiferencia colectiva, es la traición de los medios de comunicación social.

Ante una tragedia como la de estos días -como la de tantos otros días- tendrían que dimitir todos los gobiernos de Europa, todos, y pedir perdón por ese crimen continuado contra la humanidad que es la política de fronteras, una política que, negando a los pobres el derecho a emigrar, los obliga a recorrer caminos que una y otra vez, miles de veces, llevan a la muerte…

Pero nadie dimitirá, nadie pedirá perdón, y lo que es mucho peor, nada cambiarán de esa política que es criminal, porque niega un derecho humano fundamental -cuyo ejercicio ninguna ley puede impedir sin iniquidad-, y porque empuja a los pobres a la muerte…

 

Siempre en el corazón Cristo.

+ Fr. Santiago Agrelo

Arzobispo emérito de Tánger

 


domingo, 25 de enero de 2026

¡FELIZ DOMINGO! 3º DEL TIEMPO ORDINARIO. DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS

 

San Mateo 4, 12-23.

    “Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías:

    “País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y en sombras de muerte, una luz les brilló”.  Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: Convertíos porque está cerca el reino de los cielos.

    Paseando junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

    Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

    Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y las dolencias del pueblo.” 

El Señor es mi luz

La semana queda sumida en el dolor…

Hoy la palabra de la fe llega susurrada en la oscuridad de la noche… “El Señor es mi luz y mi salvación” …

La fe recuerda un lugar, que parecía abandonado de Dios… se llamaba: “Calvario”, y, en aquel lugar, una cruz, un Crucificado, una madre, unas mujeres amigas, un discípulo amado… una soledad que nada ni nadie podía aliviar…

Puede que hoy Adamuz se parezca a aquel Calvario… puede que parezca también un lugar abandonado de Dios…

La fe, en el Calvario y en Adamuz, se queda en oscuridad, en silencio, en soledad, en abandono, en pura confianza, en pura esperanza…

La fe, en la escuela de Jesús, aprendió que Dios es Padre…

La fe, hecha discípula de Jesús, aprendió que el Padre está siempre donde está su Hijo, donde están sus hijos, tanto más cerca cuanto más parece ausente…

Dios regazo, Dios abrazo, Dios amor …

Dios esperanza, Dios luz, Dios salvación…

Hoy, las comunidades cristianas, en comunión con Cristo Jesús y con toda la humanidad, hacemos nuestras las palabras del salmista: “El Señor es mi luz y mi salvación…”.

Son palabras que la fe se apropia y las recuerda en todos los Calvarios, en todos los lugares donde la muerte, arrebatándonos la vida, nos lo arrebata todo: “El Señor es mi luz y mi salvación…”.

Son palabras verdaderas y necesarias, que la fe susurra hoy en Adamuz, como lo hace cada día en los espacios infames del hambre, en las rutas clandestinas y mortales de los inmigrantes, en desiertos y mares donde la indiferencia y el olvido entierran la vida de los pobres… “El Señor es mi luz y mi salvación… El Señor es la defensa de mi vida… Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida”

La comunidad que hoy, en la eucaristía, hace memoria del que es nuestra luz y nuestra salvación, y comulga con el que es buena noticia de Dios para los pobres, esa comunidad, ungida por el Espíritu de Jesús, se sabe enviada ella también a ser evangelio para pequeños, excluidos, descartados, últimos, evangelio para todos los que sufren, para cuantos necesitan sentir en sus vidas la cercanía de Dios…

Para esa comunidad de fe, es siempre hora de hacernos cargo del dolor de los hermanos.

Feliz escucha de la palabra de Dios, Iglesia cuerpo de Cristo.

Feliz comunión con el evangelio que es Cristo Jesús.

Feliz encuentro con Cristo Jesús, en la palabra, en la Eucaristía, en los pobres.

Siempre en el corazón Cristo.

+ Fr. Santiago Agrelo

Arzobispo emérito de Tánger

domingo, 18 de enero de 2026

¡FELIZ DOMINGO! 2º DEL TIEMPO ORDINARIO

 


San Juan 1, 29-34.

    “En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quién yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.

    Y Juan dio testimonio diciendo: He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.”

Pan sobre la mesa de los pobres

 

La palabra “siervo” resonará hoy como un estribillo en la liturgia de la comunidad eclesial: “Tú eres mi siervo… Y ahora dice el Señor, el que me formó desde el vientre como siervo suyo… Es poco que seas mi siervo”.

Y la fe la entenderá referida a Jesús, al Hijo que se nos ha dado,a aquel que, entrando en el mundo, dijo: “Tú no quieres sacrificios ni ofrendas… no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios; entonces yo digo: «Aquí estoy» … para hacer tu voluntad”.

Viene a la memoria aquel día de Jesús, junto al pozo de Jacob, en Sicar. Los discípulos insistían para que Jesús comiera. Entonces él les dice: “Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis… Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra”.

Jesús, el que se alimenta de la voluntad de Dios, es el que puede decir con verdad: “Dios mío, lo quiero, llevo tu ley en las entrañas”.

Pero hoy, el evangelio nos recuerda otro día, en Betania, en la otra orilla del Jordán, cuando Juan, “al ver a Jesús que venía hacia él, exclamó:«Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo»”.

Siervo”, “Cordero”, son nombres verdaderos para el Hijo de Dios, para el amado de Dios, para el predilecto de Dios, para el que está llamado a ser “luz de las naciones”, o lo que es lo mismo,“salvación”, que viene de Dios y está destinada a alcanzar hasta los confines de la tierra.

Porque es el “Siervo de Dios”, Jesús es hombre de “oído abierto”, atento siempre a la voluntad del Padre.

Porque es el “Cordero de Dios”, Jesús es hombre de ojos abiertos a esa pobreza, radical y nuestra, que es “el pecado del mundo”, pobreza que este Cordero inocente viene a quitar.

Siervo”, “Cordero”, dos nombres, cuyo significado resulta difícil de asumir para nuestra conciencia de hombres libres y dueños del propio destino; dos nombres que a nadie daríamos sin arriesgarnos a ofenderlo, y que son, sin embargo, nombres que describen aspectos esenciales de la relación de Jesús con Dios y con nosotros.

De esos nombres se burlan los poderosos de la tierra -aunque presuman de creer en Dios y de ser cristianos-: se burlan de ellos y los pisotean porque son nombres indignos del ídolo que adoran, de la ambición que los domina, del enemigo del hombre que los seduce…

Pero esos nombres, “Siervo” y “Cordero”, son también tus nombres, humilde comunidad eclesial, pues los hace tuyos la comunión con tu Señor: Tú eres “Iglesia-Siervo de Dios”, pues eres el cuerpo de Cristo Jesús, y, al modo de Cristo Jesús, has de ser Iglesia de oído atento a la palabra de tu Señor, Iglesia cuyo alimento es hacer la voluntad de Dios, Iglesia que lleva en las entrañas la ley del Señor. Tú eres también “Iglesia-Cordero de Dios”, pues, en Cristo Jesús, has sido ungida por el Espíritu Santo y enviada, al modo de Cristo Jesús, a bautizar con Espíritu Santo, a ser buena noticia de Dios para los pobres, a enfrentarte al poder del mal en un año de gracia, en un jubileo de Dios, que nunca acabará.

Que, encontrándose contigo, los pobres puedan decir con verdad delante del Señor, las palabras que tú le dices hoy, después de alimentarte a la mesa de su palabra y de su eucaristía: “Preparas una mesa ante mí, y mi cáliz glorioso rebosa” … “Nosotros hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tiene” …

Hazte pan - “Siervo”, “Cordero”- sobre la mesa de los pobres.

 

Siempre en el corazón Cristo.

+ Fr. Santiago Agrelo

Arzobispo emérito de Tánger