domingo, 5 de julio de 2026

¡FELIZ DOMINGO! 14º DEL TIEMPO ORDINARIO

 


San Mateo 11, 25-30.

    “En aquel tiempo exclamó Jesús: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.”

 

Venid a mí…

Es un hecho: a Jesús lo crucificaron los sabios, los entendidos, los que tenían la llave del conocimiento de Dios, los que tenían los recursos del poder, los guardianes de la legalidad religiosa y política.

Y es también un hecho: a Jesús lo buscaron los pequeños, entiéndase, los que no tenían una sabiduría de la que presumir, sino carencias y ausencias y sufrimientos, bajo cuyo peso el ser humano se dobla hacia la tierra y se hace pequeño, insignificante, casi invisible…

A Jesús lo buscó la necesidad de los pobres, y, en Jesús, la fe de los pobres encontró “las cosas” de Dios: el reino de Dios, la bondad de Dios, la palabra de Dios, la gracia de Dios, la santidad de Dios, la vida de Dios, la luz de Dios… En Jesús, la fe de los pobres encontró a Dios.

Si nos preguntamos qué “cosas” son las que Dios ha revelado a “los pequeños”, tendremos que hablar de “locuras”, de cosas ajenas al saber de los entendidos, pues locura es un Dios pobre, un Dios de los pobres, un Dios último, un Dios cansado del camino, un Dios impuro, un Dios hecho pecado, un Dios que hace suya la debilidad humana -él se queda con nuestra lepra, con nuestra impureza, con nuestras heridas, con nuestros miedos, con nuestra tristeza-, y hace nuestro lo que sólo era suyo -su Espíritu y su gracia, su paz y su alegría, su verdad y su vida, su amor y su palabra-.

Si queremos saber de Dios, no preguntamos a los sabios y entendidos, sino a esa locura divina que se llama Jesús: preguntamos al Hijo, pues sólo él conoce al Padre, sólo él sabe de Dios…

Y, si queremos saber de nosotros, de nuestros cansancios, de nuestros agobios, de nuestra vida, también preguntamos a Jesús, y él nos invita a entrar como discípulos en su escuela: “Venid a mí… aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”.

Los “sabios y entendidos” no hallarán dificultad para ver a Dios en la quietud de nuestras iglesias, en la majestuosidad de nuestras catedrales, en la grandeza de nuestros proyectos, en la belleza de nuestras celebraciones, en la gloria de nuestras manifestaciones, pero sólo los “pequeños” reconocerán a Dios en los derrotados de la vida: en los mendigos, en los esclavizados, en los muertos de hambre, en los sepultados de cementerios sin lápidas, en los que yacen bajo un infierno de escombros, en los cristos de cada calvario donde se levanta una cruz… Allí, sólo los pequeños reconocerán a Dios, sólo ellos lo adorarán, sólo ellos cuidarán de élcon todos los recursos de la misericordia…

Venid a mí”: El mismo que, en aquel tiempo, lo dijo a quienes tuvieron la dicha de encontrarlo en sus caminos, nos lo dice hoy a nosotros que tenemos la dicha de creer en él, de reconocerlo en la eucaristía,de escucharlo y recibirlo;nos lo dice hoy a nosotros que tenemos la dicha de “ir a él”, descansar en él, buscar alivio en él.

Entonces, contados entre los pequeños de la tierra, también nosotros podremos decir, con verdad y con toda el alma, las palabras del Salmista: “Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre… El Señor es clemente y misericordioso… El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas…”.

Venid a míy yo os aliviaré”.

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P.S.: «Inmigración ilegal. Trasladadas seis personas a Cartagena tras el hundimiento de una patera. Dos de los supervivientes son menores de edad, y tres personas continúan desaparecidas.» ¿Por qué llamamos ilegal -o irregular- algo que para los pobres es inevitable, algo que los pobres se ven forzados a hacer y que pone en peligro sus vidas? La prioridad nacional es una blasfemia.

 

Siempre en el corazón Cristo.

+ Fr. Santiago Agrelo

Arzobispo emérito de Tánger