domingo, 29 de enero de 2012

4º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO



SAN MARCOS 1, 21-28


"En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la Sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza, porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:
- ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quien eres: el Santo de Dios.
Jesús le increpó:
- Cállate y sal de él.
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos:
- ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta los espíritus inmundos les manda y le obedecen.
Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea."

DÉJALO AMAR CON TU CORAZÓN:

La lucha es de Jesús con el espíritu inmundo. Es una lucha a muerte. En la sinagoga de Cafarnaún es el demonio el que, dando un grito muy fuerte, como de muerte, sale del hombre que le sirvió de morada. En la batalla última, la de la cruz, la de la victoria definitiva sobre el enemigo del hombre, es Jesús el que, dando un fuerte grito, expiró.
En aquel sábado, los testigos de Cafarnaún quedaron asombrados de la autoridad con que Jesús actuaba. Tú, Iglesia rescatada y santificada por su muerte y resurrección, pasmada de la grandeza de su amor, entras hoy en la presencia del Señor, das vítores a tu salvador, bendices a tu creador.
Los testigos de Cafarnaún se preguntaban: _ ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y obedecen.
El centurión, que en el Calvario estaba enfrente de Jesús crucificado, al ver cómo había expirado, dijo: _Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.
Sobrecoge pensar hasta dónde ha llegado ese hombre por ti, ese Hijo por el hombre, nuestro Dios por nuestra libertad.
Hoy haces memoria de su Cuerpo entregado, de su Sangre derramada, de su autoridad asombrosa, de su amor sin medida, de su pasión por ti, de su lucha por el hombre. Hoy comulgas con él para que él viva en ti. Es éste un misterio de salvación para ti. Y lo es también para los demás, pues en ti, aquel Hijo a quien recibes, tendrá otra vida humana en la que entregarse, otra palabra humana con la que increpar al espíritu malo, otro corazón para amar al hombre y luchar por su libertad. Aquel Hijo tendrá tu vida, tu palabra, tu corazón.

Siempre en el corazón Cristo.

+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger

domingo, 22 de enero de 2012

DOMINGO 3º DEL TIEMPO ORDINARIO



EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (1, 14-20)


"Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:
- Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.
Pasando junto al lado de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.
Jesús les dijo:
- Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él."

CANTORES PARA UNA CANCIÓN:

Así comienza la liturgia eucarística de este domingo: “Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra. Honor y majestad le preceden, fuerza y esplendor están en su templo”.
Con este himno, el salmista cantaba la realeza de Dios, su reinado sereno y universal.
Con sus mismas palabras, nosotros cantamos a Dios porque, “cumplido el tiempo, su Reino se nos ha hecho cercano”.
He dicho “nosotros cantamos”. En ese nosotros entiende, Iglesia santa, cada uno de tus hijos, cada uno de los que se han acercado por la fe al Mesías Jesús. En Jesús, el reino Dios se hizo tan cercano a ti como las palabras de su predicación, como su mirada, como su compasión, como sus manos. La palabra de Jesús acerca a los pobres el reino, su mirada derrama luz de Dios sobre los afligidos, su compasión lleva salud a los enfermos y perdón a los pecadores. En Jesús, Dios se revela tan cerca de los pequeños como lo están de ellos aquellas manos que los bendicen y acarician.
El reino de Dios está tan cerca de ti como la palabra con que hoy el Señor te enseña, tan cerca como el pan con que hoy tu Señor te alimenta, tan cerca como el hermano en el que hoy servirás a tu Señor.
Pobres, afligidos, enfermos y pecadores son los cantores del cántico nuevo que hoy sube hasta Dios desde las tiendas de su reino. Tú lo cantas con los humildes, los hambrientos, con el rebusco de las viñas, con los que no cuentan. Tu canto se une al de María de Nazaret: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava… El Poderoso ha hecho obras grandes por mí, su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”. Tu espíritu es el mismo que animaba a Francisco de Asís: “Altísimo, omnipotente, buen Señor, tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición. A ti solo, Altísimo, corresponden y ningún hombre es digno de hacer de ti mención. Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente el señor hermano Sol… Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas”. De tu coro son parte la mujer sorprendida en adulterio y devuelta a la vida por la misericordia, el leproso que pidió quedar limpio y vio al Mesías de Dios quedarse con su lepra, el ladrón que pidió un lugar en el recuerdo y se le concedió un lugar en el paraíso.
Pero donde tu canto resuena con plenitud de verdad y con la más bella armonía es en labios de Jesús de Nazaret obediente y enaltecido, humillado y glorificado, muerto y resucitado.
El canto nuevo sólo es posible para pobres que acogen la buena noticia del reino de Dios. Si crees la buena noticia, entonarás este canto con todos los moradores del reino de Dios. Si crees y cantas, te habrás convertido al Señor.
Feliz domingo.

Siempre en el corazón Cristo.

+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger

domingo, 15 de enero de 2012

2º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 1, 35-42

En aquel tiempo estaba Juan con dos de sus discípulos y fijándose en Jesús que pasaba, dijo:
-Este es el cordero de Dios.
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús, Jesús se volvió y al ver que lo seguían, les pregunto:
-¿Qué buscáis?
Ellos le contestaron:
-Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?
Él les dijo:
-Venid y lo veréis
Entonces fueron, vieron donde vivían y se quedaron aquel día, serían las cuatro de la tarde.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encontró primero a su hermano Simón y le dijo:
-Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:
- Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que significa Pedro).

¿DÓNDE VIVES?:

“Al día siguiente, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios»”. La revelación inicial llega a aquellos discípulos a través de la voz de un testigo. También nosotros la hemos recibido de esa manera. Para ellos el testigo fue Juan. Para nosotros lo fueron una madre, un catequista, un maestro, un sacerdote, un amigo.
Como aquellos discípulos, también nosotros empezamos desde entonces a seguir a Jesús. Hoy es para nosotros la pregunta que Jesús les hizo a ellos: “¿Qué buscáis?” Y hacemos nuestra la pregunta que ellos hicieron a Jesús: “Maestro, ¿Dónde vives?” Él nos dirá: “Venid y veréis”.
No es tiempo de cumplir con obligaciones dominicales: es hora de seguir “al Cordero de Dios”, es hora de “ir y ver dónde vive”.
Habrás observado que el evangelio dice que los discípulos “fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día”; pero no dice dónde vive Jesús. Si queremos saberlo, hemos de ir y ver, hemos de recorrer personalmente el camino que lleva, no a una dirección postal, sino al corazón del misterio de Dios. Si vas, verás dónde vive Jesús y permanecerás con él.
“El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, vendremos a él y haremos morada en él”. Si sigues a Jesús por el camino del amor y de la obediencia a su palabra, verás dónde mora: ¡Él, con el Padre, habita en ti!
“Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”. Jesús, el Cordero de Dios, el Siervo obediente al mandato de Dios, habita en el amor del Padre.
En la Eucaristía escuchas la palabra del Señor. Si la acoges para guardarla, se te revelará dónde él habita y te quedarás con él, pues guardando la palabra en tu corazón, allí habrás acogido a tu Señor.
Hoy le recibes, comulgas con él, lo llevas contigo a tu vida. Y ya no te atreves a preguntar: “Maestro, ¿dónde vives?”, porque la fe de la comunidad te va diciendo: ¡Vive en ti!
Que Cristo viva en ti, que tú vivas en él, es sólo cuestión de fe y de amor.
Feliz domingo.

Siempre en el corazón Cristo.

+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger

domingo, 8 de enero de 2012

FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR


ISAÍAS 42, 1-4.6-7


Así dice el Señor:
-Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones: No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará hasta implantar el derecho en la tierra y sus leyes, que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he tomado de la mano, te he formado y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas.

LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 10, 34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
- Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y práctica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él.

EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 1, 7-11

En aquel tiempo proclamaba Juan:
- Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero el os bautiza con Espíritu Santo.
Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo:
-Tú eres mi hijo amado, mi predilecto.

BAUTIZADOS CON CRISTO:

Moriré sin aprender el misterio de la cruz; moriré, Señor, sin bajar contigo a las aguas de tu bautismo. El día declina sin que acierte a poner mis pies en la huella de los tuyos.
La Iglesia, que celebra hoy la fiesta de tu bautismo, de tu inocencia bautizada entre pecadores, vuelve los ojos del corazón a tu cuerpo levantado sobre la cruz, al misterio de la santidad de Dios bautizada entre criminales.
No bajaste a las aguas de nuestro río por ocultar tu justicia, sino por hacernos partícipes de ella; no entraste en el abismo sin esperanza de los malhechores para reprocharles lo perdido de sus vidas, sino para darles la ocasión de recuperarlo.
A donde tú bajas, a donde tú entras, a donde tú te bautizas, el cielo se abre, el Espíritu desciende, y la voz del cielo permite reconocer entre pecadores y criminales al Hijo de Dios, a su preferido: “Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones”.
Te bautizaste, Señor, para que el cielo se abriese, para que el Espíritu descendiese, para que los pecadores pudiesen estar contigo en el paraíso.
Hoy tu Iglesia, que en la Eucaristía escucha tu palabra y se alimenta con sacramentos del cielo, unida a ti por la fe se bautiza contigo, se ofrece contigo, y ve por tus ojos que el cielo se abre para ella y que el Espíritu baja para ella. Hoy tu Iglesia, Señor, unida a ti en santa comunión, oye contigo la palabra que el cielo pronuncia sobre ti: “Tú eres mi Hijo amado, mi preferido”.
Pues que comulgo contigo en los divinos misterios, enséñame, Señor, a poner mis pies en la huella de los tuyos, enséñame a bautizarme contigo, enséñame a obedecer contigo, enséñame a tomar la cruz de cada día y seguirte, enséñame para que aprenda tu cruz.

Siempre en el corazón Cristo.

+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger

viernes, 6 de enero de 2012

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA



ISAÍAS 60, 1-6

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz; los reyes al resplandor de tu aurora: Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, viene a ti: tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre tilos los tesoros del mar, y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos, los dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.

CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS 3, 2-3a 5-6

Hermanos:
Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado a favor vuestro. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y participes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

SAN MATEO 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
- ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:
- En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta: "Y tú. Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; Pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”.
Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén diciéndoles:
- Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que había visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron: después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

VENDRÁN A TI:

Hemos celebrado la manifestación del Salvador al pueblo de Israel, representado en los pastores que recibieron el mensaje del cielo en la noche de Navidad, en la Virgen María y en su esposo José, en el anciano Simeón y en la profetisa Ana.
Hoy celebramos la manifestación del Hijo de Dios a los pueblos gentiles, representados en los Magos de Oriente que se presentaron en Jerusalén preguntado: _“¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?”
Tú ya no perteneces a los pueblos representados, sino a la comunidad creyente que los representa. Tuyo es el evangelio anunciado a los pastores, el asombro con que María guardaba las cosas de Dios en su corazón, el silencio obediente del patriarca José, la paz que llenó al justo Simeón cuando tomó en sus brazos al niño Jesús, la alabanza de Ana a Dios por los misterios que había conocido, la noticia que esta mujer daba del niño a cuantos aguardaban la liberación de Jerusalén, el homenaje de la adoración y de los regalos que los Magos ofrecieron al rey que había nacido.
Todo eso es tuyo, porque es tuyo por la fe el niño que nos ha nacido. Si te quedases sin él, te habrías quedado sin evangelio, sin asombro, sin silencio, sin paz, sin alabanza, sin anuncio, sin adoración, sin regalos ofrecidos. Si te quedases sin él, te habrías quedado en la soledad oscura de tu noche.
“¡Levántate, brilla, Iglesia amada del Señor, la gloria del Señor amanece sobre ti!” “Todos esos se han reunido vienen a ti: tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos”. Vienen a ti porque brilla tu luz; vienen a ti porque Cristo te ilumina.
Que vean en ti la estrella del Señor, que vean en ti la luz de Cristo; entonces vendrán a ti de lejos y pondrán en ti su tienda los que moraban en la oscuridad.

Siempre en el corazón Cristo.

+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger

domingo, 1 de enero de 2012

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS



LIBRO DE LOS NÚMEROS 6,22-27


El Señor habló a Moisés:
- Di a Aarón y a sus hijos: Esta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas: El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz. Así invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré.

CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GALATAS 4, 4-7

Hermanos:
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: "¡Abba!" (Padre). Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

SAN LUCAS 2, 16-21

En aquel tiempo los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que había visto y oído; todo como les había dicho. Al cumplirse los ocho días tocaba circuncidar al niño y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

ABRE TU CORAZÓN AL SEÑOR:
ABRE TU CORAZÓN A LA PAZ.

La pregunta:
Nos cuesta ver a Dios en el sufrimiento, y no sabemos conjugar las voces de la paz con tiempos de dolor. Quien sufre, pregunta por el sentido de su sufrimiento; quien sufre y cree, pregunta por el sentido que tiene creer en un Dios que no puede evitarnos el sufrimiento.
Esa pregunta se hacía en una de las felicitaciones de Navidad que he recibido: “Cuando vemos la injusticia, la corrupción, la especulación financiera, el abuso de poder… nos preguntamos: ¿dónde está Dios? Cuando vemos a ese hombre, a esa mujer, que han perdido su puesto de trabajo y no tienen nada que llevar al hogar, nos preguntamos: ¿dónde está Dios? Cuando vemos a esa familia que ha sido desalojada de su casa hipotecada… nos preguntamos: ¿dónde está Dios?...
Si vemos el mundo por los ojos de los que sufren en Siria, en Egipto, en Somalia, en Nigeria, en los caminos de los emigrantes, en el infierno del hambre, nos preguntaremos: ¿dónde está Dios?
Vosotros, que a Dios lo lleváis en el corazón y lo veis en los pobres, desearías que todos se hiciesen esa pregunta, pues sería indicio seguro de preocupación sentida por el pobre, y no tardarían los pobres en experimentar que Dios les estaba cerca porque se les habría acercado el hombre.
Aquella pregunta viene de Dios, aunque sugiera implícita la respuesta, «Dios no está, Dios no puede estar donde están la injusticia y el mal».
Aquella pregunta viene de Dios y viene de nuestra imagen deformada de Dios, pues para nosotros, hombres de poca fe, Dios sólo puede ser omnipotencia del bien contra prepotencia del mal; Dios sólo puede ser poder contra poder.
Cuando la realidad desmiente a la ilusión, entonces el dolor puede volverse espesa tiniebla en la que Dios no es Dios.
Ausente Dios, de tu noche se habrá ausentado también la paz.
Pero tú sabes que la del poder no es la única respuesta posible a la pregunta sobre Dios. La fe te responde: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. Tú preguntas: ¿dónde está Dios? Y él te dice: Aquí estoy, junto a ti, contigo, en ti.
El misterio que celebras en la Navidad, es el misterio de la opción de Dios por ti. La felicitación en la que se hacían las preguntas, se hacía eco de una voz que respondía: “Dios está ahí, en ese niño débil, pobre, nacido en Belén”.
Tú preguntas: ¿dónde está Dios? Y tu hermano de sufrimiento te responde: que el Señor esté contigo, que esté contigo la paz.

La paz:
La bendición que se daba en el tiempo de las promesas divinas, decía: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz”.
En esa bendición la gracia que se pide última es la paz; pero no es última por olvido, tampoco por menosprecio, sino porque contiene todas las gracias que la preceden.
La bendición que se da en el tiempo del evangelio, la alegría que el cielo anuncia para todo el pueblo, es un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. A esta bendición le pusieron por nombre Jesús. En ese niño se nos ha revelado la salvación que viene de Dios. Por ese niño, los ángeles alaban a Dios diciendo: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.
La paz de Dios, como tu servicio, Iglesia amada del Señor, no se impone con la violencia del fuerte, no nace de la arrogancia del poderoso, no se viste con el fasto de la soberbia. La paz de Dios, como tú misma, es un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre. La paz de Dios, la que recibes y la que ofreces, es un pobre, un nacido de mujer: no intimida sino que atrae; no viene con poder sino en debilidad; no viene en densa nube sino en leve humanidad.

Paz en la pobreza:
Si en Jesús la paz se desposó con la pobreza, también en ti la fe consagra y bendice ese desposorio. No hay otro estado de vida para la paz.
En Jesús, paz y pobreza se abrazaron desde los pañales en que su Madre lo envolvió, hasta la desnudez de la cruz en que murió. Paz y pobreza de Jesús se quedaron en nosotros desde el día de nuestro bautismo. Por eso, los que hemos conocido la paz soñamos un reino de paz para todos los pobres de la tierra, y no podemos dejar de trabajar para que a todos los alcance. Los ángeles cantaron en la noche lo que Dios a todos ofrece. Nosotros nos apropiamos de su canto para hacer de él un programa de vida: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Paz a los niños de la guerra, paz a los niños del basurero, paz a las víctimas del hambre, de la esclavitud, del miedo, paz a hombres y mujeres sin trabajo, sin techo, sin papeles, sin derechos… La paz de los pobres es la misión que nos ha confiado Cristo Jesús.

Paz dentro de ti:
La paz que viene de Dios no queda fuera de nosotros sino que nos habita, pues no queda fuera de nosotros el Salvador que nos la trae.
Te habita tu Salvador: quien a ti te ama lo ama a él, quien a ti te recibe lo recibe a él, quien a ti te persigue lo persigue a él, quien a ti te ignora lo ignora a él.
Te habita el Espíritu de tu Redentor. En Ti, pequeño y pobre como Cristo Jesús, humilde y crucificado como él, en ti habita la paz, porque en ti habita tu Dios: Dios es tu paz.

Como si fueses su madre:
Si encuentras dificultad para ver a Dios en el que sufre, si no le hubieses reconocido aún dentro de ti, si a tu desierto se acerca aún para seducirte la tentación del poder, fíjate en María la Madre del Señor. De ella se dijo: “Bendita tú entre las mujeres… Dichosa tú, que has creído”. Y ella dijo de Dios: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador”. De ella la fe te enseña que es mujer, que dio a luz en pobreza, que huyó con su hijo a una tierra extraña, que vivió en la oscuridad y el silencio, que aprendió soledad en Nazaret y que la vivió consumada al lado de una cruz en la que, ajusticiado como criminal, moría su único hijo.
Ella, “mujer de dolores”, es Madre de Cristo, madre de la paz. Sólo ella lo fue con el cuerpo. Tú lo eres sólo por la fe, pero tú como ella lo eres de verdad.
Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen, porque son hermanos, hermanas y madres del Señor. Dichosos los que trabajan por la paz, pues ellos son hermanos, hermanas y madres de la paz.

Bendición:
En Cristo, Dios nuestro Padre nos ha bendecido con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Que nadie deje de acoger a Cristo, para que nadie quede fuera de la paz.
Dejad que el Espíritu de Cristo os renueve, para que, transformados en imagen viva de vuestro Señor, llevéis a todos su paz.
Dichosos vosotros que amáis la paz y trabajáis por ella, pues Dios os reconocerá como hijos suyos.


Tánger, 1 de enero de 2012.


+ Fr. Santiago Agrelo Martínez
Arzobispo de Tánger