Rincón poético

                    SANTA CLARA: UN MENSAJE DE LUZ

 Cuando la tarde declina
de un siglo que ya fenece
una clara luz se ofrece
con signos de profecía...

                             ¡Clara, luz! naces ardiente,
                          será tu estrella María
                          y después la Eucaristía
                          que ha de ser tu amor ferviente.

  De Jesús enamorada
serás la esposa querida:
¡Cristo es tu Centro y tu vida
tu más dichosa morada!

                              ¡Clara es tu nombre! ¡QUé hermoso!
                         ¡Ved qué bellos resplandores
                         difundesn luces de amores,
                         al nuevo siglo glorioso!

  Y herencia de amor ardiente
es la gran sabiduría
que quien tiene Norte y Guía
en tu Estrella fascinante.

                                   Es un mensaje de vida,
                              lleno de luz inefable:
                              ¡Amemos al Dios amable,
                              como Clara, sin medida!
                                                      (Sor Mª Teresa de la Inmaculada, osc)

 ¡CLARA, TODA DE JESÚS!


Naciste ya marcada
con claridad de estrella inextinguida
y seguiste endiosada
una noche en huída
¡a Jesús, atractivo de tu vida!

No te importó, por tanto,
abandonar de noche tu castillo;
Jesús, tu Luz, tu encanto,
te entregaba su anillo
¡quedando tú extasiada ante su brillo!

                                                                 Jesús que es la alegría,
                                                                la Plenitud, la Vida desbordante,
                                                                colmó en la Eucaristía
                                                                tu corazón amante,
                                                                ¡de su amor y pureza fascinante!

                                                             A Francisco seguiste
                                                             por derrotero aún desconocido:
                                                             ¡la pobreza acogiste!
                                                             llegando a ser su nido
                                                             tu conventillo humilde y escondido.

En pos de ti, atraídas
por la gentil belleza del Amado,
mil vírgenes floridas
siguieron tu legado:
y vieron que su anhelo ¡era colmado!

Mas, hubo una asechanza
en que el temor fue grande, pavoroso…
pero tu gran confianza
pusiste en el Esposo,
y Él te escuchó solícito, amoroso.

                               “¡No temas! Has de ver el
                                fin de este peligro y aventura;
                                pues siempre Yo he de ser
                                ¡tu Custodia segura!
                                ¡Estoy siempre contigo en tu andadura!

                                                              (Sor Mª Teresa de la Inmaculada)
 





“Me amó hasta el fin”

                          Sor Mª Teresa de la Inmaculada (+)

































 EN LA NOCHE DEL AMOR

En la noche del amor
en vino y en Pan dorado
te nos das todo inmolado
en sacrificio, Señor.

Te ocultas ¡oh Redentor
con ternura, con vehemencia!
para dejarnos la herencia
más preciosa, cual podías:
¡nos dejas la Eucaristía!
¡Todo el cielo en tu Presencia!

Yo te rindo adoración
en esta Noche Sagrada,
y deseo enamorada
¡entrar en tu Corazón!
¡Oh! ¡Qué dichosa mansión!
¡oh, qué cielo de reposo!
mas, hoy, ¡será doloroso
nuestro encuentro, Dueño Amado!
¡permaneceré a tu lado
ardiendo en fuego amoroso!


 ¡ENCIÉNDEME, JESÚS EUCARISTÍA!

Atendiendo a mis clamores
estás en el Santuario:
yo te busco en el Sagrario,
con luz de fe entre fulgores.
¡Oh Jesús, fuego de amores!

¡Enciéndeme ya en tus llamas!
pues por lo mucho que me amas,
¡quieres tenerme Contigo!
Y así ¡mi Esposo y mi Amigo
para mi alma te proclamas!

Sí, Jesús, ¡eres mi Vida,
mi Verdad y mi Camino,
mi Confidente divino,
mi Esperanza florecida!
¡Qué viva siempre a Ti unida
en el gozo y el dolor!

Con tu fuego abrasador,
enciende vivo mi anhelo,
de abrazarte en ese cielo,
¡donde me embriagues de amor!


SUEÑO DIVINO

 ¡Navidad! Sueño divino
de aquella noche de estrellas
en que la más blanca y pura,
la más luminosa de ellas,
alumbró la luz del mundo
cual cascada de centellas
Bajo la mirada ardiente
de la Virgen Nazarena,
descansa sobre su pecho
esta flor de gracia llena.
Es el Niño de Belén
cual gotita de rocío;
es la leche y es la miel
que manaron como un río
por los montes y los valles
del mundo lleno de frío.
¡Mírale, alma dichosa!
que en tí nace, te ha escogido
para abrirse en esta noche 
como lirio florecido.
Y en contemplación absorta
de este prodigio increíble
adora, medita y canta
con un gozo incontenible.
Susúrrale con dulzura
tus coloquios amorosos;
dile con toda ternura
que es tu cielo, tu reposo.
Que te dé su amor inmenso,
que te dé su Eucaristía;
que te dé su paz serena; 
que te otorgue su alegría.
                    (Sor Mª Teresa, osc)


EN ESE CORAZÓN 

Al fin has encontrado
el hueco de ese pecho enardecido,
que por ti traspasado
quedó abierto y herido
para ser tu morada y blando nido.
Él encierra un abismo
de virtudes, de gracia y de hermosura;
tesoros de lirismo,
de amor y de ternura, 
para ti reservados con finura.
Arroja en ese abismo 
lo negro de tu vida, su dureza,
pues ese fuego mismo,
hoguera de pureza
lo transforma en blancura y en belleza.
Contempla esa abertura
donde el amor de un Dios se ha concentrado:
amor de tal anchura, 
tan alto y dilatado,
que es como un mar sin fondo, desbordado.
Y entra ya sin temores
en ese corazón, hogar caliente,
que se abrasa de amores,
y te busca ferviente,
pues te ha sellado con su beso ardiente.
Permanece segura
en medio del desierto impresionante
o en la recia amargura
que encuentres desbordante
¡Confía en tu Jesús, dulce y amante!
¡Confía ciegamente
en ese Corazón potente y santo;
tu alcázar permanente,
tu fuerza en el quebranto,
esperanza y consuelo de tu llanto!
¡Confía ciegamente
aunque sientas que se hunde tu barquilla..!
y sientas deprimente
muy lejana la orilla...
¡Piensa que hay una estrella que aún te brilla!
¡Oh, qué estrella! ¡Qué calma!
¡es ese Corazón todo ternura!
donde encuentra tu alma 
manantial de dulzura,
descanso, protección, gozo y hartura.
Vive, pues, escondida
con Él en el misterio trinitario,
por la brisa mecida
del místico santuario
como en un cielo inmenso: ¡tu Sagrario!
Y así, con tu mirada
fija en la eternidad de luz transida,
la Patria deseada
esperarás perdida
¡en ese Corazón que es ya tu vida! 
                                       (Sor Mª Teresa, osc)




AL DIVINO NAZARENO

¡Oh Divino Nazareno!
que me miraste al pasar:
¿cómo podré yo expresar
ese tu mirar sereno?
Fue una mirada silentepero de paz y ternura;
un mirar todo dulzura,
¡todo amor..., harto elocuente!
Es tan honda tu mirada,
que llega hasta el corazón;
y lo llena de emoción
en las lágrimas colmada.
Porque en tus ojos divinos
que reflejan ese amor,
he visto también dolor...
la aflicción de tu camino.
Caminas hacia la cumbre
donde te espera la Cruz:
y en ella ¡hallará la luz
una inmensa muchedumbre!
Vas a morir por salvarnos
en la Cruz, que es tu victoria;
pues en ella está la gloria
y a tu gloria has de llevarnos.
¡Gracias, Dulce Nazareno!
¡Gracias oh Jesús Divino!
¡Gracias por este camino
por el que nos das tu Cielo!
                    (Sor Mª Teresa de la Inmaculada)

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