domingo, 7 de enero de 2024

¡FELIZ DOMINGO! FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR


 

SAN MARCOS  1, 6b-11.

    “En aquel tiempo proclamaba Juan: Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.

    Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo amado, mi preferido.”

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    Tres momentos en el relato: Juan, Jesús y la revelación del misterio de Jesús por obra de Dios. Juan, el precursor, no solo anuncia a Jesús sino que descubre su novedad cualitativa: el bautismo con Espíritu. Jesús, presentándose en el Jordán, aparece como uno más, mojándose con el agua de los hombres humildes, metiéndose en la corriente de la humanidad que busca el perdón de Dios. Pero en esa opción de Jesús, Dios deshace cualquier ambigüedad: ese hombre, hundido en esas aguas penitenciales, es el Hijo de Dios. Es la segunda epifanía del Hijo de Dios. Nos encontramos con la primera confesión del misterio trinitario en  los evangelios.

REFLEXIÓN PASTORAL 

     La fiesta del bautismo de Jesús pone fin al ciclo litúrgico de la Navidad. Con matices redaccionales propios, los cuatro evangelios testimonian este “paso” de la vida de Jesús. Un paso transcendente, porque en este bautismo Jesús no solo se homologa con los hombres pecadores, entrando penitencialmente en las aguas del Jordán, sino que allí es revelado por el Padre como su Hijo amado, su preferido.

     En realidad lo significativo en ese bautismo no es el agua que resbala por su cabeza, sino el Espíritu que lo inunda. Ese bautismo supone el fin de un ciclo - el del bautismo con agua (el de Juan)-, e inagura otro -el del bautismo en el Espíritu-, el de Jesús (Jn 1,33). Y nos enseña algo muy importante: que ese espacio donde se evidencia la debilidad humana (el bautismo penitencial de Juan) ha sido el espacio elegido por Dios para revelarse y revelar la verdad de Jesús. San Pablo subrayará en diversos pasajes de sus cartas esta estrategia “misteriosa” de Dios (cf. Flp 2,6ss; 1 Cor 1,22-2,5)…

     Pero no terminan aquí las lecciones de este día. La 1ª lectura pone de relieve proféticamente, el estilo y el contenido del auténtico enviado de Dios: “No gritará, no clamará... La caña cascada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará... Promoverá fielmente el derecho...”. Este fue el tono y el estilo del paso de Jesús, como nos recuerda la 2ª lectura: pasar haciendo el bien… Fue la percepción de la gente: “Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos” (Mc 7,37).

     De todo esto nos habla la fiesta del bautismo de Jesús, y nos plantea una pregunta para el examen personal a todos los bautizados en Cristo: si este es el significado del bautismo para Jesús, ¿qué significa para nosotros nuestro bautismo? Él nos incorpora a la comunidad de los creyentes, siendo el fundamento de la fraternidad cristiana; él significa el paso de la muerte a la vida, siendo el fundamento de nuestra liberación y libertad; él supone una vida coherente, siendo el fundamento de nuestra responsabilidad, Y, sobre todo, nos incorpora al mismo Cristo.

     ¿Ya advertimos en nosotros y testimoniamos a los otros nuestro bautismo? Porque este no se acredita solo documentalmente, sino vitalmente. No lo garantiza el documento extendido en la parroquia, sino una vida inspirada en el seguimiento del Señor. ¡Nuestra vida no puede ser una negación, sino una acreditación de nuestro bautismo!

REFLEXIÓN PERSONAL

.- ¿Con qué signos acredito mi bautismo?

.- ¿Es solo un dato “histórico” o, además, vivencial?

.- ¿Recuerdo y celebro el día de mi bautismo?

DOMINGO J. MONTERO CARRIÓN, OFMCap.

 

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