viernes, 25 de enero de 2013
VIGILIA DE ORACIÓN
Quedaís todos invitados, ya sea que podáis asistir personalmente, o que os unáis en espíritu a nuestra oración.
domingo, 20 de enero de 2013
DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO
SAN JUAN 2, 1-11
"En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo:
- No les queda vino.
Jesús le contentó:
- Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.
Su madre dijo a los sirvientes:
- Haced lo que él os diga.
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo:
- Llenad las tinajas de agua.
Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó:
Sacad ahora, y llevádselo al mayordomo.
El mayordomo probó el agua convertido en vino sin saber de donde venía (los sirvientes si lo sabían, pues habían sacado el agua, y entonces llamó al novio y le dijo:
- Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora.
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él."
“EL MARIDO SE ALEGRARÁ CON SU ESPOSA":
Dios se alegra contigo, comunidad eucarística, pues ha hecho romper sobre ti la aurora de tu justicia, te ha purificado en las corrientes del agua y del Espíritu, y te ha desposado con amor eterno.
Entra con Jesús de Nazaret a las bodas de Caná. Él sabe que todavía no ha llegado su hora, la de su boda contigo, aunque ésta sea la sola en que puede soñar, la sola que puede anhelar con todo su ser. La boda de Caná, con aquellos novios que se unen en santa alianza, con su alegría, con su vino de menor calidad, prefigura las nupcias del Rey, es fiesta que presagia fiesta, representa el amor de Dios a su pueblo, y anticipa en la comunión de los esposos el misterio inefable de la comunión entre Cristo y su Iglesia.
Hoy, comunidad eucarística, eres tú la esposa y haces memoria de la alianza nueva y eterna de tu Dios contigo, hoy es por ti la fiesta, hoy se sirve a la mesa de tu banquete el pan de la vida y el vino bueno de la salvación.
Por gracia has conocido el amor que Dios te tiene y has creído en él: Hoy comulgarás con el que te ama para ser una con él, para que todos los que formamos la comunidad eucarística, “formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu”.
Ahora, en la oscuridad luminosa de la fe, en la morada interior, escucha la voz del que te ama: “Los pueblos verán tu justicia, los reyes tu gloria; te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor… «Mi favorita»… «Desposada»”…
Esa palabra es para ti, Iglesia pobre, pequeña, pecadora, amada y santificada: Escucha, comulga, goza, ama y agradece.
Y para ti es el banquete de esta Alianza nueva y eterna: Sal a los caminos y convoca a todos los pobres, a todos los pequeños, a todos los pecadores, para vengan a estas nupcias eternas y canten contigo las maravillas del Señor.
Feliz domingo.
Siempre en el corazón Cristo.
+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger
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domingo, 13 de enero de 2013
FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR
SAN LUCAS 3, 15-16.21-22
En aquel tiempo el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías: él tomó la palabra y dijo a todos:
- Yo os bautizo con agua, pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
En un bautismo general Jesús también se bautizó. Y mientras oraba, se abrió el cielo, bajo el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo:
-Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto
EN EL RÍO Y EN EL CIELO:
Hoy, Jesús, tus hermanos te vemos bajar a nuestro río, al de los pecadores, y en el misterio de tu bautismo adivinamos el significado profundo que tiene el misterio de tu nacimiento, pues fue naciendo como te hiciste uno de nosotros, uno de los que necesitábamos ser bautizados; y fue naciendo como dispusiste y presentaste un cuerpo, en el que los pecadores habíamos de ser ungidos por el Espíritu que vino sobre ti y se quedó en ti.
Hoy, Jesús, te vemos que subes bautizado de nuestro río, y nos vemos que subimos contigo, pues tú, habiendo querido ser por el nacimiento uno de nosotros, has querido que, por la fe, cada uno de nosotros fuese miembro de tu cuerpo: que cada uno pudiese hacerse tuyo como tú te hiciste nuestro.
Y no sabe el corazón qué ha de guardar con más secreto y amor, si el misterio de verte bajar con nosotros a nuestro río, o el de vernos subir contigo a la casa de tu santidad; si el de verte bautizado en un bautismo general de pecadores, o el de vernos reconocidos, en el Hijo único, hijos de Dios, amados, predilectos.
Y tal será hoy, Señor, nuestra comunión contigo en la Eucaristía, misterio inefable de quien, comulgado, sigue bajando a nuestro río de pecado; misterio de quienes, comulgando, somos unidos a quien es el cielo de los bienaventurados.
Feliz domingo.
Siempre en el corazón Cristo.
+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger
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domingo, 23 de diciembre de 2012
DÍA 23: OH EMMANUEL
En esta última de las grandes antífonas del Adviento vemos a Cristo en el pleno sentido neotestamentario, es el Dios-con-nosotros, el Emmanuel. El Hijo de Dios, al descender a la tierra se ha hecho uno de nosotros. La invocación de esta última antífona condensa en sí toda la liturgia del Adviento: ¡Señor Dios nuestro, ven a salvarnos!
Los días se acercan a su plenitud,
muy cerca tenemos al dulce Jesús.
Ya se acerca la Nochebuena,
todo rebosa gozo en la tierra.
Las Descalzas quieren por fin albergar
en sus corazones al Dios de la paz.
¡Oh Emmanuel! fue la plegaria
que cantamos emocionadas.
Y la hemos seguido con grande fervor
suplicando al cielo por el Redentor.
¡Oh Emmanuel, muestra tu rostro,
Dios hecho niño, Dios-con-nosotros!
Sólo suspiramos por tu posesión,
oye nuestros ruegos transidos de amor.
Apremiantes son las plegarias
que este día brotan del alma.
Te abrimos ardientes nuestro corazón
para que esa noche lo abrases de amor.
¡Ven no tardes, ven a la tierra!
ya se acerca la Nochebuena.
La postrer plegaria el coro cantó
con mayor hondura, con más emoción.
¡Ven, Señor, muestra tu rostro!
Dios hecho niño, Dios-con-nosotros.
Nuestra enhorabuena gozosa y cordial
a Sor Mª Inés le queremos dar.
Deseamos hoy sus hermanas
muchos años pueda entonarla.
IV DOMINGO DE ADVIENTO
SAN LUCAS 1, 39- 45
"En aquellos días, María se puso de camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel escuchó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo, y dijo voz en grito:
-¡Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá."
¿QUIÉN SOY YO?
La imagino entrenada en decir “¿quién soy yo?”, pues esa confesión de pequeñez y asombro bien se conjuga con la noticia de una maternidad inesperada, con el vuelo del Espíritu creador sobre la esterilidad sin futuro de Isabel.
Ahora, la misma pequeñez experimenta un nuevo asombro: “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?”
A su vez, el asombro y la exaltación de Isabel hacen eco a la alegría y a la danza de la criatura que lleva en las entrañas: “
¿Quién soy yo” –dice Isabel- para que me visite la madre de la divina gracia? “¿Quién soy yo” –dice Juan- para que me visite la gracia divina de la salvación?
“¿Quién soy yo” –dice en su pequeñez Belén de Efrata-, para que me visite la paz que viene de Dios? “¿Quién soy yo”, dices en tu pequeñez, Iglesia en Adviento, para que se me anuncie la llegada de mi Señor? “¿Quién soy yo”, para que sus mensajeros llenen de esperanza mi corazón? “¿Quién soy yo”, para que mi Señor me deje escuchar su palabra, y llame a la puerta de mi vida pidiendo entrar y ofreciendo quedarse siempre conmigo?
“¿Quién soy yo”, para que mi Señor se me acerque pobre y me pida la limosna de amarlo? “¿Quién soy yo”, mi Dios, para que vengas a mí?
Que hoy al encuentro de tu Señor salgan tu pequeñez y tu asombro, tu alegría y tu danza, tu agradecimiento y tu alabanza.
Feliz domingo.
Siempre en el corazón Cristo.
+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger
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sábado, 22 de diciembre de 2012
DÍA 22: OH REY DE LAS NACIONES
Hoy hemos invocado a Cristo como Rey y como deseado de los pueblos. Si Rey nos evoca algo grande, Deseado es una invocación que trasciende nuestro espíritu. El Mesías esperado desde todos los tiempos, es la Piedra angular, es el Deseado que al venir hace confluir todas las cosas hacia Él. La súplica con que termina esta antífona vuelve a pedir su venida. “Ven” es el gran grito, el suspiro del Adviento que se repite a lo largo de él con insistencia.
La fecha se acerca de la Navidad
y ya muy vehemente se torna el cantar.
Rey de los pueblos muy deseado,
ven, no tardes, ven a salvarnos.
Así fue hoy el canto cual trazo de luz
invocando ardientes al dulce Jesús.
Rey eterno, ven a la tierra,
que te espera, es tuya entera.
¡Oh Rey de las gentes y Piedra angular!
que unes a los hombres con lazos de paz.
Ya te apremian nuestras plegarias,
ven, no tardes, Rey de las almas.
Somos de tus manos hechura, Señor.
Tú le das al barro la vida, el calor.
Ven ansiado Rey de las almas
ya te apremian nuestras plegarias.
Te abrimos ardientes nuestro corazón,
pon en él tu Reino de paz y de amor.
Reina, impera en nuestras vidas,
te esperamos con alegría.
Así siguió el coro con gran devoción,
desgranando el canto la gran oración.
Rey eterno, muy deseado
ven, no tardes, ven a salvarnos.
Nuestra enhorabuena gozosa y cordial
a Sor Mª Amparo le queremos dar.
Deseamos hoy sus hermanas
muchos años pueda entonarla.
viernes, 21 de diciembre de 2012
DÍA 21: OH SOL QUE NACES DE LO ALTO
La antífona de este día, es un eco del cántico del Benedictus. En ella se evoca a Cristo como ¡Oh Oriens (Oh Sol que naces de lo alto). Tema muy del gusto de los Santos Padres, que para explicar la grandeza de Cristo lo comparan a la hermosura y magnitud de la naturaleza. Jesús, con su nacimiento es el Sol que nos saca de las tinieblas y que al venir desde lo alto, desde la sede del Padre, nos invade con su divinidad.
La Luz del Oriente ilumina ya
las dulces jornadas de la Navidad.
Claridad de mil estrellas
ilumina toda la tierra.
¡Oh Luz refulgente, oh Luz celestial!
guía nuestras almas por sendas de paz.
Huid ya, sombras, tinieblas
que ya el Sol, viene a la tierra.
Cuando Luz te llaman, te dicen Señor,
que eres la hermosura, la vida, el amor.
¡Oh Oriente! fue la plegaria
que hoy salió del fondo del alma.
Ven ya, Luz del mundo con tu resplandor,
conduce a las almas por vías de amor.
Te esperamos con vivas ansias.
Ven, no tardes, luz de las almas.
¡Oh Sol de Justicia! ven pronto a saciar
esta sed ardiente de verte aquí ya.
Pues sin ti no hay alegría,
todo es frío y triste en la vida.
Así siguió el coro cantando al Señor
que transforma todo en iris de amor.
¡Oh qué gozo hay en la tierra!
cuando el Sol viene a envolverla.
Nuestra enhorabuena gozosa y cordial
a Sor Clara Inés le queremos dar.
Deseamos hoy sus hermanas
muchos años pueda entonarla.
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