miércoles, 17 de marzo de 2010

LA LUZ DE CRISTO ILUMINÓ MI CAMINO


Mi vocación religiosa se inició en el ambiente familiar. Mis padres, muy creyentes, practicantes y piadosos, me inculcaron sus vivencias, las cuales procuré asimilar con docilidad; y mi inclinación desde niña a la piedad la tenía en mi interior, o sea me gustaba mucho.
Me hice de Acción Católica, y allí en las charlas y círculos se fue desarrollando mi formación cristiana. Tuvimos, entre otras muchas cosas, unos ejercicios espirituales sobre el Santo Evangelio aplicado a nuestra vida.
Un día nos explicaron el Evangelio que nos habla muy claramente sobre el camino ancho, en que caminan muchos, con peligro de errar en la vida y correr hacia la perdición, y el camino estrecho, muy estrecho, en el que hay muchos trabajos y dificultades para caminar por él, pero que nos conduce a la Vida, la Vida que es el mismo Jesús. Esta fue la clave que a mí me hizo pensar mucho sobre ello, y luego escoger el camino estrecho para seguir a Jesús, en la Vida Consagrada Contemplativa.
La experiencia eucarística que más tengo impresa se realizó en mí a los 17 años: un primer viernes de mes que coincidía con la fiesta patronal, San Salvador. Como estaba haciendo los primeros viernes de mes junto con otras jóvenes y señoras mayores, el párroco, enemigo implacable de los bailes, que quería quitar a toda costa. Días antes nos reunió a las jóvenes de Acción Católica y nos dijo: “Bueno, el día de San Salvador es viernes, os aconsejo que si pensáis bailar no debéis comulgar, y si comulgáis no debéis bailar”.
Me costó un poco, pero me decidí ir a comulgar. Fue un sacrificio renunciar a aquella diversión, pero esto era lo mejor para Jesús y para mí. Con decisión y toda contenta fui a recibir a Jesús Eucaristía. Esto supuso la incomprensión de algunas personas, pero todo ello me sirvió para afianzarme más en la decisión de ser toda del Señor. A partir de ese día tomé en serio mi vocación, y fui dando los pasos precisos, hasta llegar a este convento de León.
Un sacerdote de la zona, me puso en contacto con esta comunidad de clarisas, a las que apreciaba mucho, y comencé a escribirlas contándoles mi decisión.
Cuando entré y las conocí me parecieron maravillosas, me sentí contenta, a gusto, agradecida por la buena acogida. Pronto me persuadí de que este era el lugar preferido, lo que buscaba...ante todo el rostro de Dios, que vamos descubriendo día a día, por la oración y también a través de las mediaciones humanas. Es tarea de toda la vida el ir realizando mi vocación, viviendo el carisma que me legaron mis seráficos padres, Francisco y Clara: la fraternidad universal.
Con mi vida de amor, sacrificio y oración, ofreciéndolo todo al Señor en reparación por los pecados de la humanidad y pidiendo para todos la paz, la justicia y la salvación: desde aquí puedo ser misionera, dando gloria a Dios nuestro Padre, en Jesús, con Jesús y por Jesús, siendo alabanza de su gloria, intercediendo para que todos lleguemos al conocimiento de la Verdad y la eterna salvación.
Esta es mi misión y mi ideal.

Sor Mª Luz de la Santa Cruz

sábado, 13 de marzo de 2010

4º Domingo de Cuaresma: LA PARÁBOLA DEL "PADRE-MADRE" MISERICORDIOSO (San Lucas 15, 1-3. 11-32)


"Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: "Ése acoge a los pecadores y come con ellos". Jesús le dijo esta parábola: "Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna". El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino a donde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros". Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo". Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado". Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y, llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud". Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido este hijo tuyo, que se ha comido sus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado". El padre le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado".

1.- LEE / ESCUCHA: ¿QUÉ DICE EL TEXTO?
Este Padre-Madre tiene dos hijos. ¿Por qué sólo dos? Porque en ellos están reflejadas las actitudes fundamentales de todos sus hijos: los hijos pródigos y los hijos odebientes a las leyes; los hijos disciplinados y los indisciplinados; los hijos despilfarradores y los egoístas sin alegria; los hijos que se alejan en busca de nuevas aventuras y experiencias y los hijos que no han salido nunca de la casa del padre, pero viven encerrados en su "yo". Dos hijos que en definitiva, no han descubierto el Corazón de su "Padre-Madre" y por lo mismo no saben amar, porque los dos no miran, no contemplan el amor, la ternura y la entrega del "Padre-Madre". Un amor que nos hace libres.
El uno, libertino, se va, y derrocha, malgasta. El otro, por un sentido de responsabilidad, se queda. Ninguno de los dos es feliz.
El "Padre-Madre" sale en busca de los dos.

2.- MEDITA / ASIMILA: ¿QUÉ TE DICE HOY LA PALABRA?
Yo, hijo pródigo, que no sólo me marché una vez de la casa del Padre, sino tantas veces como he querido vivir mi vida al margen de Dios, como si Dios no existiera, fiado de mis propias fuerzas... descubro  también en mí la actitud del hijo mayor cuando no sé perdornar, no sé acoger al hermano, cuando no sé alegrarme por el retorno de otros hermanos a la casa del Padre y me niego a participar en la fiesta.
Estoy llamado a imitar la actitud del "Padre-Madre". Jesús nos lo pide con insistencia: "Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso".

3.- ORA / CONTEMPLA: ¿QUÉ LE DICES AL SEÑOR CON LA PALABRA?
¡Gracias, Padre-Madre! por salir todos los días a mi encuentro. Quisiera proclamar a todo el mundo lleno de soledad, que Tú eres un Dios APASIONADO por cada uno de nosotros, y quieres que estemos llenos de Vida, Gozo y Amor. Encontrarme contigo en la persona de tu Hijo amado, Jesús, Pobre y Crucificado, ha sido lo más maravilloso que me ha ocurrido en la vida. ¿Cómo todo un Dios, mi Dios, ha podido soñarme, buscarme tanto? Sólo Tú, Dios mío, Trinidad en Relación, Hogar caliente, Ternura infinita, Manantial de Vida, has colmado mi deseo de amar y ser amada.

4.- PON EN PRÁCTICA / ANUNCIA: ¿QUÉ HACER CON LA PALABRA?
Anunciar con la palabra y la vida las maravillas que la Misericordia de Dios ha obrado en mí. 
Imitar su corazón lleno de ternura y misericordia, para con todos los hermanos.
Saber esperar con los brazos abiertos el tiempo de Dios e invitar a todos al banquete de la Vida.
No juzgar ni minusvalorar a nadie: son mis hermanos y nuestro Padre nos ha amado tanto que nos ha enviado a su Hijo como precio por nuestro rescate, para que creyendo en Él todos tengamos vida aquí y en la eternidad.

viernes, 12 de marzo de 2010

ESTAR CON ÉL ES UNA DELICIA


Nací en un pueblo de León, perteneciente a la Diócesis de Astorga. Un pueblo precioso y de mucha vitalidad.
Soy la 7ª de nueve hermanos, muy querida por todos ellos y no digamos de mis padres, sobre todo de mi madre.
Siempre fui una niña muy alegre. Todos los del pueblo me querían muchísimo y siempre me llamaban la “millonaria de Teodora”, y es por el nombre que me recuerdan.
A los siete años (suerte o desgracia) perdí a mis padres en 20 días y mi vida cambió bruscamente ya que vine a vivir con unos tíos y… todo era distinto.
Ocho años tenía cuando hice mi Primera Comunión y ya Jesús me marcó profundamente. Estar a solas con Él era una delicia, de niña y de adolescente. Por eso San Marcos era para mí un refugio y también la iglesia de Palat del Rey a los pies de la Virgen de Lourdes.
Cuando tenía 12 años, me impusieron la medalla de Hijas de María en una ceremonia muy solemne.
Cuando me planteé el poder ser religiosa, mi primer impulso fueron las misiones y el cuidado de los sacerdotes, por eso me atraían las Discípulas de Jesús. Trabajé mucho por las misiones con los medios de aquel tiempo; entonces existían los “Luises” (dirigidos por los padres Jesuitas) y cooperaba con ellos.
No tenía ni idea de las monjas de clausura; por casualidad conocí este Convento y mi primer impulso fue de rechazo, dije: “Yo aquí, ni atada”, pero algo interior me decía que era aquí donde Él me quería, y al año, más o menos, ya me encontraba dentro. Y aquí sigo alabando al Señor con todo el amor que Él puso en mi corazón de criatura pobre, pero enriquecida con su abundante gracia.

Sor Mª Inés del Divino Prisionero

sábado, 6 de marzo de 2010

CONVERTIRME YO PARA QUE SE CONVIERTA EL MUNDO

Domingo 3º de Cuaresma: NUEVA LLAMADA DE JESUS A LA CONVERSIÓN (San Lucas 13, 1-9)

"Se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: "¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé: ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera". Y les dijo esta parábola: "Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: "Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala: ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?". Pero el viñador contestó: "Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiercol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortas."

1.-LEE / ESCUCHA: ¿QUÉ DICE EL TEXTO?
El evangelio de hoy tiene dos partes: el comentario de Jesús a la muerte de los galileos y la parábola de la higuera estéril. Jesús nos dice que todos somos pecadores, y que las desgracias humanas no van unidas a los pecados personales. En este tiempo, con desgracias tan cercanas como los terremotos de Haití y de Chile, este evangelio sigue actual y vigente. Lo acaecido nos está diciendo que nuestra vida es muy frágil, y supone una invitación urgente a la conversión de los supervivientes.
Y para urgirnos a esta conversión, Jesús nos cuenta la parábola de la higuera que no da fruto. Pero el Señor, un año más, nos concede un tiempo de gracia, que puede ser esta cuaresma. Alimentados por su Eucaristía y lavados por su Sangre divina, Él confía que demos fruto.

2.- MEDITA / ASIMILA: ¿QUÉ TE DICE HOY LA PALABRA?
La conversión requiere un cambio de actitudes, para ello Jesús sale a nuestro encuentro: con su palabra, con los sacramentos, con los acontecimientos de dolor, de sufrimiento. Tenemos que abrirnos a su gracia, a su misericordia y dejar que Él cultive nuestra tierra, para que sea fértil y no quede estéril como la higuera.

3.- ORA / CONTEMPLA: ¿QUÉ LE DICES AL SEÑOR CON LA PALABRA?
Señor, tú eres amor, ternura, misericordia para mí; yo soy pobreza y debilidad; por eso me has llamado a vivir en tu casa todos los días de mi vida. 
Dame tu fuerza para que cada día emprenda con entusiasmo renovado el camino de conversión. "Comencemos hermanos..." decía San Francisco a los hermanos. Sé que la lucha y el esfuerzo no es de un día sino de toda la vida, pero cuento con tu gracia y tu fuerza que nunca me falta.

4.- PON EN PRÁCTICA / ANUNCIA: ¿QUÉ HACER CON LA PALABRA?
Hemos de ayudarnos unos a otros en el camino de la conversión, como podamos: con la oración, brindándonos nuestro amor, nuestro tiempo...
Tenemos que desear ardientemente que nadie se extravíe y se pierda sino que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

viernes, 5 de marzo de 2010

MI VIDA PARA CRISTO


Desde muy niña sentía la inclinación por la piedad, pero el Señor se valió de una maestra del pueblo, para descubrir mi vocación. De ella recibí una esmerada formación humana y espiritual. Al salir de la escuela existía la costumbre de rezar la estación a Jesús Sacramentado y el Santo Rosario; todo en un ambiente de profunda piedad. Ahí es donde nació mi vocación.
Pocos años después una hermana suya religiosa fue a mi pueblo a reponerse. Todos los niños corríamos a porfía para besarle el cordón franciscano. A mí me admiraba aquella monja, pues era distinta a las personas que yo conocía; y yo me decía: “Quiero ser como ella”.
Pasaron los años y me marché a Barcelona, al aspirantado de las Carmelitas, pues tenía una hermana allí. Así fue transcurriendo el tiempo y a mí no se me quitaba del pensamiento aquella monja de mi pueblo; no obstante a los 15 años entré en el noviciado de las Carmelitas, pero mi recuerdo estaba centrado en aquella religiosa. En mi interior sentía la llamada a una vida de silencio y oración; el ambiente de la enseñanza se me hacía insoportable y veía que ese no era mi camino. Lo consulté con un padre carmelita y me animó hacia la vida contemplativa. Sufrí mucho hasta que tomé una decisión pues todo eran contrariedades, hasta que por fin dije: “Ahora o nunca”, y aquí estoy, con mi queridísima comunidad que me acogió con tanto cariño. Pero la sorpresa mayor fue que la monja que tanto me perseguía en mis pensamientos era la que yo iba a tener por maestra de novicias.
Ahora doy constantes gracias a Dios. Soy inmensamente feliz en mi amada clausura, sirviendo al Señor que tanto me ama y donde he experimentado la grandeza del silencio, oración y sacrificio que ofrezco por todo el mundo.
Gracias Señor por tanto amor.
Os invito a vosotras a vivir esta experiencia de Amor.

Sor Mª del Carmen de las Llagas de Jesús

jueves, 4 de marzo de 2010

Una Aventura Sorprendente (XXIX)


HABLEMOS DE DIOS
Este día volvieron al Bosquecillo de los Corzos como acostumbraban, y María y José recordaron a Jesús el tema tan interesante que les había prometido: hablar de Dios. Jesús muy complaciente les dijo:
- Decíamos ayer que teníamos que hablar de nuestro Dios y Señor ponderando sus preciosos atributos, positivos que son los que reconocen en Dios sus grandes perfecciones, y negativos que son los que excluyen de Él toda imperfección:  estos tienen un sello de majestad y de grandeza; aquellos son más amables y vivos.
Os diré en primer lugar que el Señor Dios es mi Padre y vuestro Padre, como vosotros sabéis muy bien. ¡Padre! ¡qué palabra tan dulce! Es un Padre amoroso, todo ternura y bondad. Es una fuerza todopoderosa, siempre en actividad para procurar el bien del mundo. Todo lo sostiene con su providencia bienhechora; y a los hombres, sobre todo, los ama con un amor infinito. Para todos es misericordia y perdón.
En esta misma belleza de la creación que estamos contemplando ha dejado un reflefo de sí mismo y de su amor: ¡Qué casa tan bella preparó para el hombre! Aquí está en efecto, lo que Él es. Una luz clarísima que nos ilumina constantemente; una soberana belleza que nos envuelve en bienestar y alegría; una bondad infinita que nos sostiene y nos salva. 
Dios es la Vida que anima a todo viviente. Es el sumo Bien, el sumo Amor, la suma Misericordia, la suma Santidad, la suprema Sabiduría.
Dios es la inmensidad, la omnipotencia, la infinitud, la eternidad. Estas cualidades nos hablan de su Majestad y Grandeza.
María y José, mirando el rostro de su Hijo cuando hablaba, veían en su mirada una dulzura inefable, una claridad que se iba encendiendo y animando en sus palabras, como un reflejo divino de la misma realidad que describía... Estaba transfigurado. Y ellos mismos sentían enardecer sus corazones por el amor.
Jesús después de una pequeña pausa continuó:
- Este Ser inmenso, perfectísimo, del que se podría seguir hablando inagotablemente, es nuestro Padre y el Padre de toda la humanidad. ¡Oh! ¡Si esta convicción dulcísima de ser "hijos de Dios" llegase el corazón de todos los hombres, se podrían sentir los seres más dichosos de la tierra!
- Hijo mío, -dijo María emocionada-; ¡qué cosas tan divinas nos has dicho!
- Yo pensaba -dijo José-, mientras te escuchaba que tenían que oirte hablar así todos los hombres del mundo... 
- Cierto -dijo María- ¿no es verdad que estas experiencias y certezas, Hijo mío, debían ser conocidas de todos?
Entonces Jesús dijo:
- Os voy a confiar una verdad sublime. Os dije que Dios es el "sumo Amor"; pues la prueba de este amor más grande que ha dado nuestro Padre al mundo, la prueba más grande de este amor, es enviar al mundo a su Hijo Unigénito hecho Hombre, para salvarlo. Vosotros sois "la mediación" de ese amor. Por eso os digo que la salvación del hombre está en marcha y no tardará en manifestarse.
Sin embargo, no ha llegado en el designio de mi Padre esa hora. Tenemos que seguir cooperando en este designio amoroso de nuestro Padre Dios. Yo para eso he venido al mundo, para que mi Padre sea conocido y amado, y el mundo se salvará creyendo en Mí, que soy su Hijo. Pero, como os digo, no ha llegado esa hora.
María dijo:
- Por una parte, deseamos que llegue esa hora; pero por otra, preferimos que no llegue, por si se nos priva de tu compañía, sin la cual no podríamos vivir... 
- Es verdad -añadió José-; algunas veces lo comentamos.
- No temáis -dijo Jesús-. El Señor Dios nuestro Padre todo lo hace bien. Tenéis que estar seguros siempre en sus manos divinas.
Así llegó la hora de regresar del campo, y se pusieron en camino.