miércoles, 3 de febrero de 2010

¡SEÑOR, GUÍAME!


Este ha sido siempre el clamor de mi alma y la aspiración de mi corazón.
Llegué a esta vida mortal el día 4 de diciembre de un año ya muy lejano… en una villa noble, castellana y de importante historia, de la provincia de Valladolid. El Señor me concedió unos buenísimos padres, cristianos ejemplares, que formaron una familia con sus siete hijos (de los que yo era la segunda), familia donde siempre imperó la alegría y el amor. Las marcas que deja la familia son imposibles de borrar en la piel de la conciencia y de la memoria, el reposo y descanso de una familia proviene de ese indefinido manantial de sabiduría que produce el amor de las personas a las que se quiere. Dios ha querido que mi fe en Él, tuviera un gran apoyo en mi familia. Esta fue y lo sigue siendo como memoria y ayuda permanente en el camino de mi vida…
Para ampliar y completar mi formación cristiana, social y cultural, mis buenos padres, me internaron en un colegio “Santa Juana de Arco”, en el que permanecí siete cursos muy feliz y contenta, en este colegio pasé mi adolescencia, exceptuando los tiempos de vacaciones. Lo regentaban religiosas francesas, también las había españolas. Nuestra formación siempre fundamentada en el cristianismo era sólida y eficaz, yo era una niña muy piadosa y mantuve siempre buena nota, tanto en los estudios como en el comportamiento, mi tutora de curso llegó a pensar que me quedaría con ellas, pero no fue así, pasaba ya a nuevos estudios y a vivir en otro ambiente más complejo en el que no tardé en encontrarme contenta y feliz. Conservé bastante tiempo la piedad y el fervor de mi querido Colegio, pero entraba de lleno en la época de la juventud que se deslizó en Valladolid y León. Y, en la que también a través de mis padres recibía orientación y guía muy correcta y cristiana, pero mis fervores se enfriaron bastante y me dediqué más al bienestar y bien parecer, así como al triunfo en la sociedad; mi temperamento abierto y muy sociable me rodeó de muchas y buenas amistades pero de poca Iglesia. Mis pasiones dominantes fueron los libros, los viajes, la música y el deporte, no obstante y casi por indicación de mi madre acepté la compañía de un joven muy completo y con destino muy digno y elevado, hijo de amigos de mis padres, quienes también veían muy bien que pudiésemos llegar a querernos; eso para mí era “harina de otro costal”; pues, ya desde que tuve uso de razón sentía repulsión grande hacia el matrimonio, en mi vida nunca me aburrí, solamente cuando me acompañó este joven; él se desvivía por agradarme y obsequiarme, pero en mí caía en vacío. Yo tuve toda mi vida por confidente a mi querida madre, a ella le contaba todos mis sentimientos, todos mis secretos, todos mis anhelos, y me iba muy bien, cuando la dije que ya no podía seguir con el muchacho, trató de convencerme mirando para mí un futuro feliz, pero no lo consiguió, lo rechacé rotundamente y con mucha cortesía y educación le dije al buen joven ¡ADIOS!; desde ese día respiré hondo... Como mis deberes religiosos como cristiana los conservé, aunque fríamente, empecé a frecuentar la Iglesia de los Capuchinos y conversaba con Jesús en el Sagrario, mi vida era demasiado fácil y un poco egoísta.., me sentía muy bien y feliz con mis estudios, aficiones y al amparo de mis queridos padres, me parecía que no necesitaba ya más en la vida. Pero en el fondo de mi espíritu notaba un algo que no entendía, de lo que nunca me olvidé fue el clamar a Dios su ayuda diciéndole en toda ocasión ¡Señor, guíame!
El Espíritu Santo salió a mi encuentro, me iluminó y pronto empezó a guiarme, yo le volvía a llamar: ¡Señor, guíame! Dejé a mis queridas amigas y amigos, mis tertulias y todo lo que me rodeaba en la sociedad en que se desenvolvía mi juventud, que me costó bastante, y empecé a rezar una oración que me había dado un Padre Jesuita, para acertar con la elección de estado, elegí otras compañeras para dedicarme al apostolado y a los pobres, estos me atraían mucho, me hice de los Jueves Eucarísticos y me eligieron catequista de la Iglesia de San Francisco, y ahí me espera Dios; decidí tomarme un Director espiritual y mi interior se fue colocando donde Dios quería, yo no dejada de decirle ¡Señor, guíame!
Así pasé varios años hasta que al fin en una Santa Cuaresma, que prometí vivirla en todo su rigor y lo conseguí uniéndome a todos los cultos de los Padres Capuchinos donde me encontré con grandes sorpresas que admiraba y envidiaba, por otra parte mi Director me dio a conocer la vida de San Francisco, que me cautivó, leí mucho de él y me enamoré del espíritu seráfico de este santo, y en uno de los días que hice el Vía crucis en aquella bendita Iglesia de los Padres Capuchinos en León, me quedé prendida de la Santa Cruz. Seguí mis conversaciones con el P. Director y me dio a conocer lo grande y bello que era seguir al Señor, y que estaba seguro que Él me llamaba y que su llamada era a la porción más querida de su Corazón, que es la vida contemplativa. Ví y sentí esta llamada tan clara que me dispuse a buscar un Convento de los más pobres y austeros de la ciudad y me encontré con el de estas mis Hermanas las Clarisas Descalzas, y, aquí me vine a pesar de las muchas contrariedades de la familia. Mi vida humana y espiritual se ha realizado felicísima en esta santa Morada del Convento de la Santa Cruz, por lo que no dejo de dar gracias a Dios que tanto me ha querido, e invito a las jóvenes del siglo XXI A QUE VENGAN Y VEAN.


Sor Mª Margarita del Amor Eucarístico

1 comentario:

  1. Gracias Hermanas clarisas...de España..o de Chile....Gracias por mantener las lamparas encendidas y con reservas,por Uds. y nosotros los del mundo...que su oracion llegue con eficacia hacia nosotros los que luchamos por mantenernos fieles apesar de las tentaciones del mundo y nuestra fragilidad..queremos ser fuerte en las pruebas y no perder el Horizonte...Cristo Jesús...nuestro salvador y del mundo entero..quiero encontrar la tarea que me corresponde realizar...deseo pedirle al Sagrado Corazón de Jesús..que me de un corazón fuerte,piadoso,generoso y misericordioso.-
    Un Hombre que quiere ser beneficiario de sus oraciones y sacrificios,para la Gloria de Dios y su Hijo Jesús...Julio Hernán

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