jueves, 15 de noviembre de 2012

LEYENDA MEDIEVAL (Capítulo II)


NOSTALGIAS 

 En el castillo ducal 
 ha renacido la vida; 
 ha vuelto la luz, la paz, 
 la juvenil alegría. 
 Las niñas que habían marchado, 
 son ahora jovencitas: 
 Catalina, adolescente 
está alta, muy bonita. 
Clara es una bella joven 
de sin iguales encantos; 
Catalina ya la admira, 
la contempla… y entre tanto, 
 ve a su hermana que algo oculta 
en su interior… ¿será acaso 
algún secreto de amor… 
de algún amor sobrehumano? 
Y sufre al verse privada 
de la dulce intimidad q
ue de niñas las unía 
sin poderlas separar. 
Clara andaba pensativa 
se había hecho reservada. 
Catalina, silenciosa… 
no se atreve a preguntarla. 

Pero se pasó algún tiempo 
y cuando fue algo mayor 
 tuvo ya más libertad 
 y esperaba una ocasión. 
Así, por fin una tarde, 
 en el jardín del castillo, 
encontrándola muy sola 
 le preguntó con cariño: 
 - Hace tiempo que te encuentro, 
 hermana mía querida, 
un poquito taciturna, 
silenciosa, pensativa. 
¿Quieres decirme la causa 
de tu gran preocupación? 
 - ¡Oh mi querida hermanita, 
 -respondió la dulce Clara-; 
 acaso podrás ahora 
comprenderme, si te hablara! 
Pues, Catalina querida, 
 ahora un poquito mayor, 
podré explicarte, aún sufriendo,
 lo que siento en mi interior. 
 - No pienses que no te entiendo, 
-contestó, con un suspiro-. 
Sin temor a equivocarme 
y sólo porque te miro, 
diría que tu secreto 
 es un secreto de amor… 
Clara miró a su hermanita 
un poquito sorprendida; 
Catalina prosiguió 
animada y persuasiva: 
- Te cantan los trovadores; 
 te asedian con madrigales 
 los duques y los señores… 
sin embargo, sus cantares 
no calan en tu interior… 
¿pues de qué puede tratarse 
si no es problema de amor? 
- Sí, que se trata de amor; 
pero es un amor divino 
que me abrasa sin quemarme... 
 y me exige un heroísmo: 
He de abandonarlo todo… 
por seguir su inspiración 
 –decía Clara emocionada-; 
¡Es sublime, embriagador! 
Catalina no contesta; 
 pero sus ojos de cielo, 
que sospecharon el drama, 
se han quedado sin consuelo. 
Y se llenaron de lágrimas, 
que ha de derramar sin cuento. 
Clara la abrazó llorando… 
 ¡se fusionaron sus lágrimas! 
y así en este mismo abrazo 
 se fusionaron sus almas… 
En las montañas vecinas 
se extinguían en ambiente 
de luces tornasoladas, 
los rayos del sol poniente, 
 dejando así el horizonte
 teñido de rosicler… 
Se extendían ya las sombras, 
y en el misterio del campo 
asomaba entre celajes 
 la paz del anochecer...

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