sábado, 16 de enero de 2010

BODAS DE CANÁ . Juan 2, 1-11



1.-  LEE / ESCUCHA: ¿QUE DICE EL TEXTO?
"En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo: "No les queda vino". Jesús le contestó: "Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora". Su madre dijo a los sirvientes: "Haced lo que él os diga". Había allí colocada seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: "Llenad las tinajas de agua". Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: "Sacad ahora, y llevádselo al mayordomo". Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de donde venía (los sirvientes sí lo sabían pues habían sacado el agua), entonces llamó al novio y le dijo: "Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos el peor; tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora". Así en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él. Después bajó a Cafarnaún con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días".

2.- MEDITA / ASIMILA:  ¿QUÉ TE DICE HOY LA PALABRA?
Que estoy invitada a la fiesta, a la boda, con Jesús, con su Madre y con todos sus discípulos.
Celebramos la alianza de un hombre y una mujer, que es el gran símbolo de la Alianza que Dios quiere establecer con la humanidad: "Como un joven se casa con su esposa, así te desposa el que te construyó. La alegría que encuentra el esposo con la esposa, la encontrará tu Dios contigo".
Asistimos al primer signo de Jesús: "signo" del agua convertida en vino (Eucaristía); signo de las Bodas de Cristo con su Iglesia, con cada creyente, con el alma elegida por Él para ser su esposa.
Aquí está la Madre de Jesús, omnipotencia suplicante que le susurra a su Hijo: "No tienen vino" y a los sirvientes: "Haced lo que él os diga".
Así surge el vino nuevo, el vino del Reino, el vino de la nueva y eterna Alianza, sellada en la sangre de Jesús.

3.- ORA / CONTEMPLA: ¿QUÉ LE DICES AL SEÑOR CON LA PALABRA?
Jesús, Esposo adorado, han pasado ya la bodas de plata y sigo más enamorada de ti que el primer día. En aquel momento te dije "SÍ" fiándome no de mí misma, sino de tu amor y de tu fidelidad, que son eternas. María, la tierna Madre, fue la que me descubrió el encanto de tu persona. Tu amor me había deslumbrado y ya no veía ningún rostro tan hermoso, ninguna mirada tan penetrante, ¡cuánto tiempo mirándote a los ojos...! y la felicidad era indescriptible. Mirada de amor, de restauración, de transformación, de belleza, de llamada: "tú eres mía". ¡Qué sorpresa cuando al leer las cartas de Santa Clara, nos dice!:
"¡Mírate diariamente en el "Espejo", oh esposa de Jesucristo y observa en Él tu rostro!... Goza del Sagrado Banquete y apégate con todas las fibras de tu corazón a Aquel cuya belleza admiran todos los bienaventurados; su amor enamora, su contemplación reanima, su benignidad llena, su suavidad colma, su recuerdo ilumina, su perfume hace revivir a los muertos... y suspira con el ardiente ardor de tu corazón: "llévame en pos de ti, correre tras el olor de tus perfumes, ¡oh Esposo celestial!; correré y no desfalleceré hasta que me introduzcas en la bodega, hasta que tu izquierda esté bajo mi cabeza y tu derecha me abrace felizmente, y me beses con el felicísimo beso de tu boca" (Cantar de los Cantares)

4.- PON EN PRÁCTICA / ANUNCIA: ¿QUÉ HACER CON LA PALABRA?
Anunciar que la única vocación cristiana es la vocación al Amor. Que tenemos que ser el buen vino de Jesús. Que mis ojos tienen que estar muy atentos, como los de María, para descubrir las necesidades de mis hermanos. Que no podemos ser nunca "aguafiestas", sino alegría de la fiesta. Y que María tiene la "clave" para que perdure la Alianza y siga la fiesta:  "Haced lo que Él os diga"

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