jueves, 31 de diciembre de 2009

Una Aventura Sorprendente (XXI)


RESIDENCIA EN BELÉN. El nombre de JESÚS

Han pasado los acontecimientos divinos de la Navidad, tan emotivos e importantes.
María y José deciden residir algún tiempo en Belén. Para ello buscaron una casita, donde José pudiera trabajar, y se acomodaron modestamente para una temporada en una vivienda que les proporcionó un pariente de José.
A los ocho días, según las leyes y costumbres de su pueblo, hubieron de circuncidar al Niño e imponerle el nombre: ¡JESÚS!

Nombre santísimo, sobre todo nombre, que ambos esposos, María y José habían recibido del cielo por medio de los ángeles, antes de ser concebido, y antes de nacer.
Nombre cuyo significado especial, el mismo Señor se lo reveló a María: "... le pondrás, Jesús, porque Él salvará a su pueblo de los pecados".
Es el Salvador y Libertador de la mayor esclavitud en que había caído la humanidad. ¡El Nombre de Dios humanado!

Nombre poderoso al que deberá de atender a todas las llamadas y obrará innumerables prodigios; nombre lleno de poder y majestad. "Nombre sobre todo nombre ante el cual debe doblarse toda rodilla en el cielo y en la tierra".

Nombre bellísimo que colma de música y de gozo el corazón. "Es melodía para el oído", suavidad embriagadora que hace vibrar el alma y la comunica un hondo sentimiento de descanso y de felicidad.

Nombre amorosísimo. Ningún otro Nombre de amante alguno ha despertado un amor tan apasionado y heroico como este divino nombre.
Jesús es el nombre que encanta y enamora:
Jesús es Bondad, es gozo, es mansedumbre, es suavidad, es misericordia;
Jesús es Belleza, es armonía, es música, es poesía, es felicidad;
Jesús es Verdad, es luz, es claridad, es fuego, es virginidad, es agua viva.
Jesús es el Amor ¡es Dios-Amor!
Jesús es el Nombre, a cuya evocación se suavizan todas las amarguras, se suscitan todos los heroísmos, se renuevan y se levantan todos los ideales.
Jesús es el nombre que no se cansaban de repetir María y José.

lunes, 28 de diciembre de 2009

TÚ ME HAS ESPERADO SIEMPRE. UNA HISTORIA DE AMOR



 (Ofrenda permanente: canto que expresa mi proceso vocacional. Se puede cantar con la música de "Amigos para siempre")



¿Cuál es el principio de esta historia?
Supongo que el principio está, hace mucho tiempo, en los planes de Dios, cuando Él me pensó. Yo puedo decir que nací hace algún tiempo. Mis padres me educaron en la fe cristiana y, ya desde pequeña, me refugié bajo las alas de la parroquia, quizás por imitar y seguir los pasos de mi hermana, nueve años mayor que yo.
Hice la Primera Comunión, recibí la Confirmación, fui catequista y me alisté en la Legión de María a los 15 años.
Fui creciendo y pasando por las etapas normales de la vida: del colegio al instituto, del instituto a la universidad, de la universidad a la vida laboral, y dentro de ella, de ser temporal a fija.
Mi relación con Dios era normal, cumplía con lo establecido y seguía trabajando en la Legión de María (la Madre siempre cerca).
Sólo me quedaba encontrar al hombre especial, con quien compartir mi vida, casarme y formar una familia. Pero ese hombre no aparecía y, si aparecía y yo pensaba que podía ser el que esperaba, entonces se desvanecía enseguida.
¿Tan rara soy?, me llegué a preguntar, o ¿es que Dios tiene preparado para mí algo especial? “Si Dios, que me había creado, tenía otros planes para mí, por ahí encontraría la felicidad”.
Al principio, me resistía a aceptarlo; aún así intenté verificar aquel sentimiento que siempre rondaba mi cabeza, cuando no pensaba en nada. Leí libros sobre la vocación, comenté con personas que podían entender, pero, sobre todo, profundicé en mi relación con Él, participando en la celebración de la Eucaristía todos los días.
Y así, pasito a pasito, le descubrí. Yo había estado buscando al hombre de mi vida y Él, Jesús de Nazaret, había estado siempre a mi lado, esperando. Me quería toda de Él.
Además, de vez en cuando me “mandaba mensajes” que apuntaban a las Clarisas, a las que yo no conocía.
Un año asistí a la novena de Santa Clara, y al año siguiente comencé a visitarlas, presentada por un amigo misionero, conocido de la comunidad. Era el mes de febrero. En septiembre hice una experiencia de diez días con una amiga, y en diciembre, la víspera de la Inmaculada entré en el Convento para iniciar el postulantado. Tenía 34 años.
Dios tiene planes para cada uno de nosotros, que puede que no coincidan con los nuestros. Para ti también. ¿Te has parado a pensarlo detenidamente? Ahora puede ser un buen momento: busca un clima apropiado y dale al botón de “pausa” en tu vida. En presencia de Dios, pregúntale qué quiere de ti; déjate guiar por Él y sé generosa. Él te dará la fuerza que necesitas.
Echando la vista atrás, lo que más me llama la atención es lo discreto que ha sido Dios metiéndose en mi vida, no a través de acontecimientos espectaculares, sino hablándome en el quehacer habitual de la vida cotidiana.
Sólo me queda decir, con palabras de Santa Clara: “Gracias, Señor, porque me pensaste; gracias porque me creaste”. ¡Gracias porque me elegiste!

Sor Mª Cristina de la Eucaristía

domingo, 27 de diciembre de 2009

CARTA A UNA JOVEN



Mi querida amiga: Paz y Bien
Aunque no te conozco, desde el momento que comienzas a leer esta carta, ya me siento tu verdadera amiga, pues veo que te interesa algo que en realidad es para ti. Pues eres joven, estás en una edad en la que te sonríe la vida y conviene que la orientes lo mejor posible para que tu futuro pueda ser feliz, pues si aciertas ahora con el camino que Dios tiene preparado para ti, no hay duda de que tu felicidad será segura.
No te debe causar ningún temor el poder entregar tu vida a Jesucristo, y quedar ligada a Él para siempre, pues te aseguro que no hay propuesta humana que pueda compararse con esta suerte. Este es sin duda el ideal mejor, pero es posible que al no conocerlo se tenga miedo ante sus exigencias. Sin embargo, el Papa dijo a los jóvenes: "¡No tengáis miedo a Cristo! Abríos de par en par a Él. No os va a quitar nada, os dará mucho..."
Te cuento ahora el testimonio de una santa: Santa Clara se regocijó muchísimo cuando la princesa de Bohemia, Inés de Praga (hoy ya santa), dejó todo, hasta la boda con el emperador Federico, a quien estaba prometida, por unirse a Jesucristo "el Esposo del más noble linaje, cuyo poder es más fuerte, su aspecto más hermoso, y cuyo amor no se puede expresar, pues colma los deseos del corazón con su dulzura infinita. Es el supremo Rey de los Cielos". Por todo esto Santa Clara en varias cartas que la escribe, se congratula con ella expresándole su enhorabuena más cordial, y es que a la misma Santa Clara se la llama "mujer nueva" que se enamoró de Jesús de tal suerte que dejó todo, su porvenir brillante de joven noble y adinerada, y se hizo pobre para adquirir la mayor riqueza, el mayor tesoro, la perla más preciosa, que fue el mismo "Cristo pobre y crucificado". Y así fue tan feliz que atrajo en pos de sí muchas jóvenes de su tiempo, siendo su hermana dos años menor, la primera en seguirla.
Pero yo podría decirte ahora que esta propuesta se puede hacer aún, pues muchas chicas de hoy han seguido y siguen a Cristo en este camino. Santa Clara, que fue la que supo poner en femenino el ideal franciscano, asumió una espiritualidad cristocéntrica y esponsal, siendo la fundadora de la II Orden Franciscana llamada de las Clarisas.
¡Ser esposa de Jesucristo es lo más grande que puede ser una mujer en este mundo! Por eso no es extraño que la sensibilidad actual de mucha juventud se siga inclimando por este carisma.
Puedo decirte por experiencia, que cada una de las personas que se han consagrado a Dios en nuestros conventos o monasterios, tienen sin duda su historia de amor. Todas hemos sido llamadas por el Señor para ser suyas, y hemos experimentado la emoción que produce esa llamada sintiéndonos indignas de algo tan grande como es ser esposa de Jesucristo.
En efecto, Jesucristo es el que ha polarizado todo nuestro amor. Él es el centro y la razón de nuestra vida; vivimos para Él, para adorarle, alabarle, escucharle, amarle con todo nuestro corazón, interceder por todos los hombres ante Él, y permanecer en una acción de gracias continua para su gloria. Él es nuestra felicidad y nuestra paz; Él es nuestra alegría y nuestro cielo. Por eso, siempre con su cercanía en el Sagrario y viviendo bajo el mismo techo nos sentimos dichosas y no echamos de menos nada de la tierra. Tenemos además en nuestro camino brillando siempre la Estrella de la Virgen, nuestra Madre e intercesora.
Tenemos largos tiempos de oración, de trabajo, de recreación, teniendo siempre presente lo que Santa Clara nos dice en su Regla: que no apaguemos nunca el espíritu de oración y devoción al cual todas las cosas temporales deben servir.
No existe ningún proyecto de vida de mayor plenitud que este servicio total a Jesucristo y a su Reino.
Joven amiga, te invito a que lo pienses en la presencia de Jesus Sacramentado. Quizá el Señor te invite a ponerte en contacto con nosotras, cosa que nos alegraría para conocerte mejor.
Un abrazo.
Hermanas Pobres de Santa Clara
crecerenvocacion@gmail.com

jueves, 24 de diciembre de 2009

Una Aventura Sorprendente (XX)





LLEGÓ LA PLENITUD DE LOS TIEMPOS

El tiempo histórico en que ocurrió este suceso fue en el imperio de César Augusto Octaviano, que fue brillantísimo. Llegó una época en que sometidas las últimas provincias de la Hispania Romana (España) bajo el emperador, Roma gozó de paz universal. En medio de esa paz, llamada "paz augusta octaviana" ocurrió el hecho que acabamos de contemplar, hecho en efecto el más importante de la Historia del linaje humano: el Nacimiento de nuestro Señor Jesucristo en el siguiente marco histórico completo:

PREGÓN DE NAVIDAD

El año 5.599 de la Creación del mundo, cuando en el principio creó Dios el cielo y la tierra;
El año 2.750 del Diluvio universal;
El año 2015 del nacimiento de Abraham;
El año 1510 de Moisés y la salida de Israel de Egipto;
El año 1032 desde que David fue ungido rey;
En la semana 65 según la profecía de Daniel;
En la Olimpiada 194 de Grecia;
El año 749 de la Fundación de la Roma;
El año 42 del imperio de Octaviano Augusto;
estando todo el Orbe en paz,
en la sexta Edad del mundo

JESUCRISTO, eterno Dios e Hijo del eterno Padre,
queriendo consagrar el mundo con su misericordiosísimo advenimiento,
concebido del Espíritu Santo, pasados nueve meses después de su concepción,
NACE EN BELÉN DE JUDÁ DE LA VIRGEN MARÍA HECHO HOMBRE.

"Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad" (Jn 1, 14)

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Felicitación de Navidad


¡Oh Noche deliciosa
más radiante de luz que un mediodía,
en que un Niño de rosa
de una Aurora nacía
entre anuncios de paz y de alegría!

Por eso en esta Noche
reina el Amor más fuerte y entrañable,
pues tiene como broche
todo un Dios inefable,
hecho ternura en este Niño amable.

¡El Verbo se hizo Niño!
que nos habla de luz, de paz, de vida;
¡Él es todo cariño!
y lo da sin medida
a quien va con su lámpara encendida.

¡Oh prodigio admirable!
que todo un Dios desde el más alto cielo
baje al barro culpable,
sin tener otro anhelo
que otorgar a los hombres su consuelo.

La caridad florece
en un fuego de amor que es luz brillante
y todo se embellece
cual cielo rutilante
ante la salvación hoy desbordante.

¡Qué Niño tan hermoso!
¡Es Dios-Amor que se hace cercanía!...
y el mundo tenebroso
vive ya la alegría
del Sol de Amor, nacido de María.

¡Que Él sea tu consuelo
y tu felicidad en esta vida!
¡Él que es todo tu cielo
será tu paz cumplida
y tu gozo y tu Amor en su venida!

Recibiendo a Jesús,
esta Noche en la Santa Eucaristía
te llenarás de luz
y de santa alegría
en posesión del Bien que tu alma ansía.
                                                MT

Una Aventura Sorprendente (XIX)


LA PRIMERA VISITA

En aquellos montes vecinos de Belén velaban los pastores sus ganados. Esta noche también la vieron ellos con extraña claridad y en las estrellas un brillo extraordinario.
¿Qué pasará? se preguntaban unos a otros.
Entonces un suavísimo batir de alas y unas músicas celestiales les pusieron en guardia. Y en ese momento:
"Un ángel del Señor se presentó a ellos y la gloria del Señor los rodeó de luz, quedando sobrecogidos de gran temor.
El ángel les dijo: No temáis, os anuncio una Buena Nueva, una gran alegría que es para todo el pueblo, pues os ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías, el Señor, en la ciudad de David.
Y esto tendréis por señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre.
Al instante se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial que alababa a Dios diciendo:
¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad!
Así que los ángeles se fueron al cielo los pastores se dijeron unos a otros: Vamos a Belén a ver esto que el Señor nos ha anunciado.
Fueron con presteza y encontraron a María, a José y al Niño acostado en un pesebre, y viéndole contaron lo que se les había dicho del Niño. Y cuantos los oían se maravillaban de lo que les decían los pastores.
María guardaba todo esto y lo meditaba en su corazón.
Los pastores se volvieron glorificando a Dios por todo lo que habían oído y visto, según se les había dicho." (Lc 2, 9-20)

Ellos, los pastores extendieron por los contornos la alegre noticia, y no tardaron en llegar al portal otros grupos de pastores y zagalas que traían al Señor sus ofrendas, mientras cantaban himnos y canciones al recien nacido. Eran los alegres "villancicos" pastoriles que llenaron de júbilo los bosques de Belén en aquel amanecer ideal de la primera Nochebuena de la Historia...
Todos los caminos se hicieron canción. Era la noche más bonita que habían visto los siglos, y por doquier resonaban instrumentos musicales, cantaba jubilosa toda la Tierra...

"¡Nos ha nacido un Niño, es noche de canción!; ¡florece en nuestra tierra, el gozo y la ilusión!
¡Nos ha nacido un Niño, que es todo celestial!; ¡nos trae el bien, la dicha: florece ya la paz!
El Inmenso se ha hecho pequeño, Niño encantador; ¡Aleluya! ¡Cantad jubilosos! ¡Cantad al Amor!"

"Un Niño más hermoso, que las estrellas, descansa en unas pajas, ¡es Nochebuena!
Su madre lo contempla, con embeleso, y repite su nombre, dándole un beso
Jesús es melodía para el oído, Jesús es poesía, ¡es un idilio!
Jesús Niño divino ¡es el amor! ¡Jesús es la alegría!, ¡el Salvador!

martes, 22 de diciembre de 2009

Una Aventura Sorprendente (XVIII)


NACIMIENTO DEL ESPERADO DE LOS SIGLOS

María se había acomodado sentada en el suelo sobre un almohadón. Está como absorta, enajenada en su propio misterio; José (más cerca del improvisado "hogar") la contempla con todo su cariño. Él cuidaba de que el fuego siguiera dando la luz y el calor al ambiente.
Aunque en realidad era una noche incomparable: ¡NOCHE BUENA!..

- Mira, José, -dijo María- ¡Qué noche tan hermosa! ¡qué claridad tan resplandeciente! ¡qué brillo en las estrellas!... ¡huele la noche a rosas y jazmines, como si toda la tierra fuera un jardín! yo escucho en el aire, y en el viento música de alas y de melodías celestiales...

José la escucha arrobado, sonriente y feliz.
María continua diciendo:

- ¿Sabes, José, la dicha que nos aguarda? ¡La plenitud de los tiempos va a entrar en la Tierra, la plenitud divina va a llenar este lugar!... Se acerca el momento soñado por los siglos en que al Hijo del Dios eterno le veamos hecho Niño, colmándonos de gozo la contemplación de su rostro celestial.

José guardó silencio ante palabras tan llenas de sabiduría y de dulzura que le embargaban el ánimo de paz y de quietud.
Llegó la medianoche.
María ha entrado en un elevadísimo éxtasis de amor.
"Un sereno silencio lo envolvía todo, y al mediar la noche su carrera, tu Palabra todopoderosa se abalanzó de los cielos como paladín inexorable desde el trono real al país "lejanísimo"...
Toda la creación cumpliendo tus órdenes fue configurada de nuevo"...
Y en esos momentos nacía el Salvador del mundo:
María tiene ya entre sus brazos, a un Niño delicioso, Hijo del Dios del cielo y de su propio corazón. En su éxtasis de amor, su mirada se fijó en el recién nacido. El Infantito divino era un cielo de niño; ¡qué Niño! ¡que figura tan divina! ¡qué fineza, qué preciosidad de criatura! Todos sus miembros perfectos y llenos de belleza. Y ¿qué decir de su rostro? No hay palabras que puedan decir la expresión incomparable de sus ojos llenos de luz y de vida; de su boquita entreabierta, de sus mejillas de nieve y rosa.
Toda la belleza de la creación entera como que estaba reflejada en este pequeñín encantador.
María le abraza llena de ternura y pegó sus labios a su frente cristalina y dijo: ¡Oh Dios mío e Hijo mío! y llamó a su esposo:

- ¡José, ven por favor!, ven a admirar al Niño divino, ¡Jesús!, gloria del cielo y de la tierra. ¡Ven y adoremos juntos a nuestro Dios y Señor, recién nacido!

José acudió presuroso y se postró ante el Niño en brazos de su madre; y cautivado por tanta hermosura, lo besó con toda reverencia y amor.
Así María y José ofrecieron al Señor la primera adoración de la Historia, mientras una muchedumbre de ángeles  de la corte celestial  irrumpían en la estancia llenándola de resplandores y melodías celestiales:
"¡Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor! ¡Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te damos gracias Rey celestial", que acabas de entrar en este mundo, en la historia de los hombres! ¡Hosanna en el cielo! ¡Hosanna en la tierra! ¡Hosanna en todos los ámbitos de la creación! ¡Aleluya!
Mientras tanto José y María permanecieron extasiados contemplando y adorando la belleza y la grandeza de su Niño, el Niño-Dios, transportados de alegría y de felicidad.
Cuando se ausentó el ejército angélico, se levantaron.
María abrazó al Niño una vez más y lo envolvió en los pañales con la mayor ternura recostándolo después en el pesebre que José había preparado con mullidas pajas, blandas y limpias, para improvisada cuna de su hijo.
María y José se habían quedado de nuevo en quietud de oración y de felicidad  ante su amadísimo Niño recién nacido. ¿Qué mayor felicidad les podía caber?