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viernes, 4 de junio de 2010

Una Aventura Sorprendente (XXXII)

LLEGÓ LA "HORA". DESPEDIDA
En efecto, la "hora" determinada por el Padre celestial para dar a conocer a su Hijo al mundo había llegado. Jesús y María se fueron en esta tarde a "La Colina", donde en ambiente de paisaje encantador sentados en los peñascos de la pradera, hablaron en gran intimidad.
Jesús le dijo a María con mucha ternura:
- Madre mía, quiero decirte ahora los pasos que he de dar en mi camino para empezar la predicación del Reino de Dios y su extensión por el mundo. Mañana saldré de Nazaret rumbo al Jordán, donde Juan está bautizando. Debo ser bautizado por él, para testimoniar así que Juan bautiza guiado por el Espíritu de Dios y no es ningún falso profeta.
Después, Madre, me espera el desierto, donde me conducirá el Espíritu Santo para encomendarme a mi Padre celestial. Y así fortalecido y entrenado, poder comenzar mi misión.
Pero tú, Madre mía, tienes que seguir con tu vida silenciosa y sacrificada ayudando a tu Hijo amorosamente. Tú serás la que con tu oración ante mi Padre mantendrás encendida la antorcha de la fe que tu Hijo tiene que encender en el mundo, sin que nunca se deje extinguir. Tú serás la cooperadora de mi Obra con tu vida entregada al amor. El amor es la semilla que tu Hijo va a sembrar sin descanso. El amor, que sin duda, hemos de ver germinar y florecer con alegría. Pues el amor es la fuente de toda belleza y de todo heroísmo. El amor es la razón de la vida; el amor es nuestra vida: la vida de Dios. El amor no pasa ni muere jamás; es eterno.
Pero el mundo, nuestra generacion, nuestra tierra está fría, desolada; tiene una falta inmensa de amor... y ante tanta confusión y pecado como reina en el mundo, tenemos que instaurar el Reino del amor. En esta lucha del odio contra el amor es en la que tenemos que ser fuertes, Madre mía. Sin embargo, nada temas, pues al fin ha de vencer el amor.
María tan delicada y dulce, le escuchaba con gran atención, pero pensando que su Hijo se iba de su casa, quizá para no volver, no podía hablar. Le había embargado una nostalgia tan honda e íntima que no pudo menos de estallar en llanto. María lloraba por la separación de su Hijo Dios. Además parece que presentía ya su tragedia...
Entonces Jesús abrazó a su madre. Y ella al fundirse en el abrazo divino de su Hijo, notó que se la desaparecía toda amargura... e invadió su corazón como un desbordado torrente de amor y de dulzura infinita que no se podía contener... Sus lágrimas son ahora purísimo amor... un amor que todo lo puede, todo lo espera, todo lo soporta. Se sintió fuerte e invencible y así dijo estas palabras:
- Hijo mío amadísimo, me has colmado de amor. Ya nada temo. Te digo que con tu ayuda, no defraudaré jamás tus esperanzas. Estaré siempre contigo. Seguiré siendo tu madre y tu consuelo.
¡Oh! ¡Gracias, Hijo mío, por tu amor inefable!
Se levantaron. Y caminando lentamente entraron en su casita. Atardecía...

miércoles, 24 de marzo de 2010

Una Aventura Sorprendente (XXXI)

¿LLEGA LA "HORA"?
Pasaron algunos años.
Jesús sabía que se acercaba la "hora" en que debía de salir de su retiro nazaretano. A María la habían llegado los rumores de que se había visto en el río Jordán un gran profeta, como los antiguos, de los que hablan los Libros Santos.
Se llamaba Juan, que había empezado a predicar en el desierto; y en el Jordán impartía un bautismo de penitencia. María, cuando oyó estas cosas, recordó enseguida al hijo de su pariente Isabel. Ella sabía que Juan tenía algún encargo importante de su Dios y Señor. Bien se acordaba de los tres meses que había pasado en Ain-Karen, en compañía de sus parientes, hasta el nacimiento de aquel niño predestinado. Ahora en el desierto, decían que, hablaba de preparar el camino al que había de venir... Recordando estas cosas, su corazón sufría y latía con cierta zozobra. ¿La dejaría ya su Hijo? Esto no lo podía pensar sin que las lágrimas vinieran a sus ojos.
En efecto, Jesús en aquellos días, quiso hablar con su Madre confidencialmente una vez más, para comunicarle la voluntad del Padre que Él tenía que cumplir. Fue buena ocasión, porque aquella tarde al llegar a casa, la encontró sola, pues ya se había marchado Salomé, la de Santiago, que muchos días tenía costumbre de ir a acompañar a María en sus tareas.
Entonces la habló así:
- Madre mía, sabes muy bien que los signos más próximos a la llegada del Mesías, según las Escrituras Santas, se están cumpliendo. Son como sabes profecías muy lejanas que hablaban ya de lo que había de venir ahora. Recuerda por ejemplo, lo que dice Isaías en un párrafo precioso:
"Consolad... consolad a mi pueblo, dice nuestro Dios... una voz grita en el desierto: preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios: los valles se levanten, los montes y las colinas se abajen..."
Ya sabemos que el lenguaje de los profetas es simbólico, y lleno de alegorías pero muy bello. Y todo esto se refería a mi propia venida para salvar a los hombres. Y como sé que te preocupa mucho el asunto de mi ausencia, debo prepararte Madre, y te lo tengo que decir, que va llegando la "hora" que el Padre había señalado para que su Hijo anuncie la llegada del Reino de Dios a todo el mundo.
María se había entristecido mucho y sus ojos estaban llenos de lágrimas. Jesús trató de consolarla diciendo:
- No temas Madre mía, que no me alejaré demasiado de ti. No saldré de nuestra patria y podrás seguirme bastante de cerca en mis trabajos. Tienes que se tú mi apoyo más eficaz en la tarea de la predicación. Tendré que salir de tu casa, de nuestra casa; y vivir de otro modo con los discípulos que he de formar, pero estaré siempre cerca de ti.
- ¡Oh!¡Cómo me consuela esto!, -dijo María-. Poder verte y oírte, seguir tus pasos será el único consuelo de tu vida.
- Pues ya te digo que esto sí lo vas a poder hacer, -contestó Jesús-.
Y María prosiguió:
- Una cosa quiero confiarte, que nunca te he dicho y ahora necesito decirte Hijo amadísimo. He tenido toda mi vida una espina que me ha hecho sufrir lo indecible. Ha sido una especie de sobresalto por tu suerte. Cuando acompañada por José te llevaba en brazos al presentar en el Templo, un anciano salió a nuestro encuentro y nos dijo profecías hermosísimas de tu vida. Pero también me dijo a mí algo que quedó impreso en mi corazón. Y aunque lo quisiera alejar de mí no podía; me dijo: "Mira, este Niño está puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel; y como signo de contradicción, o como una bandera discutida. Y una espada atravesará tu alma". Pienso que te va a pasar algo grave...
- Mira Madre; como vas a seguir mis pasos tienes que pensar que tendrás penas, pero también alegrías. Nuestro Padre celestial nos va a sostener siempre a ti y a mí. No sufras más ahora. Cuando llegue la hora del sufrimiento, sufriremos los dos. Ahora tienes que tener paz y alegría.
- Acepto tus palabras plenamente, Hijo mío -dijo María-. ¡Gracias por tanto amor! Me dejas consolada.

viernes, 19 de marzo de 2010

Una Aventura Sorprendente (XXX)



DOLOROSA AUSENCIA
Aquel día María se levantó como siempre, temprano para orar. En su oración expuso al Señor Dios una gran preocupación. No obtuvo respuesta del Señor; sin embargo, quedó su alma un tanto consolada después de haberle confiado a su Dios todo su agobio.
Y es que José llevaba varios días algo enfermo. La tarde de ayer no había podido ir al trabajo porque se encontraba muy fatigado y tenía sensación de mareo.
Ahora, por la mañana, le preguntó con inquietud:
- ¿Cómo te encuentras José?, ¿le has dicho a Jesús algo de tu malestar?
- No es necesario esposa mía -dijo José-; ya sabes que Él se entera de todo antes que nosotros mismos. Quiero ahora contarte un sueño que he tenido esta noche, que me ha dejado muy consolado.
María escuchó con creciente atención. Continuó José:
- Soñé con el cielo; allí estaba nuestro Padre celestial rodeado de ángeles bellísimos. Y escuchando sus cantos de alabanza a nuestro Dios me sentía feliz. Hicieron un silencio y escuché la voz del Padre celestial que decía: "Mirad al justo José ¡con qué amor y solicitud está cumpliendo el importantísimo encargo que le he encomendado! Me está representando muy bien, como podéis ver. El mundo sin embargo, está lleno de espinas; el pecado de los hombres ha llenado de maldades y abrojos el universo entero. Quiero evitarle a mi amado José muchos sufrimientos y sinsabores, muchas contrariedades y dificultades que, de seguir viviendo sin duda llegarían para él. Por eso he determinado traérmelo a mi lado". Los ángeles alabaron la sabiduría de su Dios y Señor y entonaron nuevos himnos y cantos celestiales que llenaron mi alma de dulzura. Mi amda María, ¿qué te parece de mi sueño?
María contestó:
- Que ha sido maravilloso, José. Sin embargo, privarnos de tu presencia, sería para nosotros de grandísima amargura...
Unas lágrimas se escaparon de los ojos de María; y José también lloró.
Llegó Jesús y entrando en la habitación dijo:
- ¿Qué ocurre, Madre?
- Ya sabes, hijo mío -dijo María-, que ayer tu padre se encontraba mal y no pudo ir al taller, por eso hoy no he querido que se levantara del lecho, hasta ver si se pone mejor.
- Yo, por mi gusto -dijo Jesús-, le devolvería la salud inmediatamente, pero debemos esperar un poquito para que se manifieste la voluntad de nuestro Padre celestial.
Y dirigiéndose a José dijo:
- Dime, querido padre, ¿te encuentras muy mal?
- No, hijo mío -dijo José-; tengo mucho calor.
María aclaró:
- Es que le ha subido bastante la fiebre...
Entonces Jesús dijo:
- Bien, Madre mía, yo le aliviaré toda molestia.
Y en efecto: José se encontró sin fiebre mucho mejor. Y aunque la fatiga persistía, María y José hablaron a Jesús del sueño que había tenido aquella noche el enfermo, por lo que Jesús hizo esta reflexión:
- Nuestro Padre celestial quiere siempre lo mejor para nosotros. Eso no impide que nuestro sentimiento, al experimentar las ausencias de nuestros seres más queridos, pasemos por grandes angustias. Todas las pruebas de la vida contribuirán a la salvación del mundo, pues tanta injusticia y pecado como existe, han de ser purificados con nuestras lágrimas...
José dijo entonces:
- Ha quedado en mi alma una dulzura tan grande por todo lo que pude escuchar en sueños esta noche, que no la puedo describir; pero, ¿cómo podré dejaros? Me parece imposible.
- No nos dejarás padre mío -dijo Jesús-. Estarás siempre con nosotros, pero de otro modo.
José contestó con voz más débil:
- Toda mi vida está en las manos de mi Dios y Señor, no quiero otra cosa si no que se haga su voluntad.
María cogió las manos de José entre las suyas y puso un beso en su frente. También Jesús le abrazó y le besó, añadiendo en voz alta una ferviente oración:
- Dios y Padre nuestro santísimo: ya has visto la dedicación solícita que este siervo amado tuyo ha tenido para con su esposa y para conmigo, tu Hijo y suyo. Has visto su desvelo, sus trabajos y fatigas; has visto su fe, su piedad y su amor. Y a ésta, mi Madre querida, y a mí mismo tu Hijo, cobíjanos a la sombra de tus alas, Padre mío, e infúndenos la fuerza del Espíritu Consolador, para aceptar tu santísima voluntad en todo lo que dispongas de nosotros.
José se había ido durmiendo suavemente. Y quedó profundamente dormido.
No había tenido agonía, pero no despertó.
María se abrazó a Jesús y ambos lloraron largamente en silencio.
¡Dichosa muerte la de José, en brazos de Jesús y de María! ¡Dichoso él!

jueves, 4 de marzo de 2010

Una Aventura Sorprendente (XXIX)


HABLEMOS DE DIOS
Este día volvieron al Bosquecillo de los Corzos como acostumbraban, y María y José recordaron a Jesús el tema tan interesante que les había prometido: hablar de Dios. Jesús muy complaciente les dijo:
- Decíamos ayer que teníamos que hablar de nuestro Dios y Señor ponderando sus preciosos atributos, positivos que son los que reconocen en Dios sus grandes perfecciones, y negativos que son los que excluyen de Él toda imperfección:  estos tienen un sello de majestad y de grandeza; aquellos son más amables y vivos.
Os diré en primer lugar que el Señor Dios es mi Padre y vuestro Padre, como vosotros sabéis muy bien. ¡Padre! ¡qué palabra tan dulce! Es un Padre amoroso, todo ternura y bondad. Es una fuerza todopoderosa, siempre en actividad para procurar el bien del mundo. Todo lo sostiene con su providencia bienhechora; y a los hombres, sobre todo, los ama con un amor infinito. Para todos es misericordia y perdón.
En esta misma belleza de la creación que estamos contemplando ha dejado un reflefo de sí mismo y de su amor: ¡Qué casa tan bella preparó para el hombre! Aquí está en efecto, lo que Él es. Una luz clarísima que nos ilumina constantemente; una soberana belleza que nos envuelve en bienestar y alegría; una bondad infinita que nos sostiene y nos salva. 
Dios es la Vida que anima a todo viviente. Es el sumo Bien, el sumo Amor, la suma Misericordia, la suma Santidad, la suprema Sabiduría.
Dios es la inmensidad, la omnipotencia, la infinitud, la eternidad. Estas cualidades nos hablan de su Majestad y Grandeza.
María y José, mirando el rostro de su Hijo cuando hablaba, veían en su mirada una dulzura inefable, una claridad que se iba encendiendo y animando en sus palabras, como un reflejo divino de la misma realidad que describía... Estaba transfigurado. Y ellos mismos sentían enardecer sus corazones por el amor.
Jesús después de una pequeña pausa continuó:
- Este Ser inmenso, perfectísimo, del que se podría seguir hablando inagotablemente, es nuestro Padre y el Padre de toda la humanidad. ¡Oh! ¡Si esta convicción dulcísima de ser "hijos de Dios" llegase el corazón de todos los hombres, se podrían sentir los seres más dichosos de la tierra!
- Hijo mío, -dijo María emocionada-; ¡qué cosas tan divinas nos has dicho!
- Yo pensaba -dijo José-, mientras te escuchaba que tenían que oirte hablar así todos los hombres del mundo... 
- Cierto -dijo María- ¿no es verdad que estas experiencias y certezas, Hijo mío, debían ser conocidas de todos?
Entonces Jesús dijo:
- Os voy a confiar una verdad sublime. Os dije que Dios es el "sumo Amor"; pues la prueba de este amor más grande que ha dado nuestro Padre al mundo, la prueba más grande de este amor, es enviar al mundo a su Hijo Unigénito hecho Hombre, para salvarlo. Vosotros sois "la mediación" de ese amor. Por eso os digo que la salvación del hombre está en marcha y no tardará en manifestarse.
Sin embargo, no ha llegado en el designio de mi Padre esa hora. Tenemos que seguir cooperando en este designio amoroso de nuestro Padre Dios. Yo para eso he venido al mundo, para que mi Padre sea conocido y amado, y el mundo se salvará creyendo en Mí, que soy su Hijo. Pero, como os digo, no ha llegado esa hora.
María dijo:
- Por una parte, deseamos que llegue esa hora; pero por otra, preferimos que no llegue, por si se nos priva de tu compañía, sin la cual no podríamos vivir... 
- Es verdad -añadió José-; algunas veces lo comentamos.
- No temáis -dijo Jesús-. El Señor Dios nuestro Padre todo lo hace bien. Tenéis que estar seguros siempre en sus manos divinas.
Así llegó la hora de regresar del campo, y se pusieron en camino.

jueves, 25 de febrero de 2010

Una Aventura Sorprendente (XXVIII)


NUEVAS CONFIDENCIAS
Aquella tarde primaveral de fiesta, se había presentado espléndida. María y José con su Hijo Jesús salieron de la sinagoga muy animados a pasar, en familia, una hermosa tarde de campo.
Pasando por viñedos y trigales, se dirigieron hacia el Bosquecillo de los Corzos, donde había una preciosa fuente cristalina, de agua fresca y finísima que corría cantando rumorosamente por un reguero entre peñas hacia el Gran Río. Era un paraje encantador, muy frecuentado por ellos, pues todo les hablaba de la belleza de Dios en sus criaturas. El bosque lleno de verdor, de árboles y de matorrales, de plantas y de flores, era una delicia. Hasta ellos llegaba el perfume de los lirios, de las humildes violetas y de los rosales en flor, blancos y rojos, y de miles de florecitas del campo. En el ribazo de la pradera, cerca de la fuente se sentaron.
A Jesús le encantaba contemplar la naturaleza. Como que penetraban sus ojos en la creación (en ella tenía Él parte: "todo se hizo por Él y para Él"), desde la luz del sol que se iba hacia el ocaso, hasta las briznas de hierba, los trigales, las flores, la fuente que corría por el Bosquecillo... todo le llamaba la atención. En estos años de silencio en Nazaret se formaba y preparaba para su vida futura de predicador incansable...
Estando en el campo, como en esta ocasión, le servía de meditación el mismo paisaje. Siempre les acompañaba el libro de las Escrituras Santas.
José abrió el Libro y lo entregó a Jesús. Era Él, a quien siempre encargaban presidir el rezo.
Jesús dijo: Proclamaremos un himno a nuestro Padre Dios, que nos regala estas maravillas de la tierra.

"Bendito eres Señor, Dios nuestro, por los siglos de los siglos.
Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,
la gloria, el esplendor, la majestad,
porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra;
tú eres rey y soberano de todo;
en tu mano está el poder y la fuerza,
tú engrandeces y confortas a todos.
Que te sirva la creación,
porque Tú lo mandaste y existió;
enviaste tu aliento y la construiste: nada resistir a tu voz.
Por eso Dios nuestro, nosotros te damos gracias,
alabando tu nombre glorioso"

Jesús comentó:
- El sentimiento de la gratitud, tenemos que tenerle siempre muy vivo para con nuestro Padre Dios.
- Cierto, -dijo María-; al fin todo se lo debemos a Él.
José intervino diciendo:
- Háblanos, hijo, de nuestro Padre Dios. Ya sabes que tu madre y yo, no nos cansamos nunca de escucharte. ¿Cómo se puede definir a Dios?
- Claro que no se puede definir a Dios, -dijo Jesús-, porque no se puede abarcar su grandeza con palabras. Sin embargo tenemos que llegar a conocerle de algún modo por las palabras.
Hablar del Señor Dios nuestro Padre es algo sublime. Cierto que nadie puede conocer a Dios de un modo perfecto; sólo el Hijo. Pero el Hijo mismo como sabéis no lo os puede revelar tal cual es; eso es imposible. Sin embargo, de modo imperfecto es el conocimiento que se puede alcanzar de Dios en este mundo. Y es como yo os hablaré de Él, ponderando sus atributos positivos y negativos.
Pero ahora debemos regresar ya de nuestro paseo que ha sido delicioso.
Mañana, quizá podremos hablar con calma de nuestro Padre Celestial.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Una Aventura Sorprendente (XXVII)


IDENTIDAD DEL HIJO DE DIOS
En el hogar de Nazaret transcurre el tiempo muy feliz, ya que María y José tienen la suerte única en el mundo, de convivir con el Hijo de Dios humanado. Y Él, por supuesto, era con sus padres cariñoso y comprensivo en la vida ordinaria.
Pero el Niño había crecido y era ahora un joven, por cierto, de unas cualidades humano-divinas extraordinarias: Un cuerpo perfectísimo formado por el Espíritu Santo (en el seno de una madre Virgen), de una belleza y una estatura prócer "el más bello entre los hijos de los hombres", dicen los Libros Sagrados, de un supremo atractivo.
Dotado  de una inteligencia clarísima, que sin ser enseñado en muchas cosas, las conocía con una ciencia completa. Su memoria prodigiosa retenía todo, sin trabajo y sin olvido. Una voluntad libre e independiente, pero sumisa al Padre Celestial e identificada con Él, con un corazón abrasado por el fuego del amor a Dios y a los hombres. El Espíritu Santo estaba sobre Él.
El joven Jesús tenía, pues, una personalidad que, sin saber quien era, se notaba ciertamente un "algo indefinible", único, eminente y distinguido en todo su porte.
En sus conversaciones con sus padres María y José en el hogar, surgían preguntas, que Jesús con bondad infinita trataba de aclarar. Y era con ellos con los que únicamente podía comunicarse tal cual era.
- Dinos, hijo amadísimo, -decía María-. Siempre me llama la atención el salmo que dice: "Tú eres mi Hijo, yo te engendrado hoy. Pidémelo, te daré en herencia las naciones; en posesión los confines de la tierra". ¿Cómo se va a realizar esa promesa de nuestro Dios?
- Bueno, Madre, en parte ya se ha realizado. Recuerda lo que te dijo el ángel antes de mi nacimiento.
- ¡Ah sí! ¡Qué anuncio me hizo tan grande, cargado de misterio! Lo recuerdo perfectamente, hijo mío. Y algo parecido se le dijo a José.
- Sí, -intervinó José- ¡aquello es inolvidable!
- Dime, padre, -dijo Jesús, sonriendo- ¿Qué te dijo a ti el ángel cuando me contabas que tuviste un sueño?
- Te diré, hijo mío. que aquello fue para mí como devolverme la vida. Las palabras fueron así: "José, hijo de David, no temas; que de tu esposa nacerá un hijo, al que tú llamarás Jesús, y él salvará a su pueblo de sus pecados". Y me dijo el ángel otra palabra me dejó sobrecogido de admiración: Es "Emmanuel, que significa: Dios-con-nosotros"; ¡demasiado grande para mí!
Jesús se había emocionado. Pero dijo:
- Es muy pronto  para aclararos todo eso, pero sabed, que ciertamente se ha de cumplir todo lo que está prometido. Lo que dice el salmo se refiere al Reino de Dios, que ha de venir a todo el mundo.
- Pero -dijo María- temo muchas veces que para realizarse te alejarás de nosotros...
- Nada de eso, Madre. El Reino de Dios que yo implantaré en el mundo, es un reino espiritual, un reino de amor y de paz. Este reino espiritual oculto está allí donde el amor de Dios llena los corazones.  Es un reino de misericordia y de perdón. Está ya dentro de vosotros. Sois la primicia de este reino.
- ¡Qué hermoso me parece todo eso, hijo mío! -dijo María-; mas, no puedo comprender bien tus divinas palabras...
Jesús dijo:
- Ahora no lo comprendéis, pero ya lo iréis comprendiendo. Todavía no ha llegado la hora que el Padre me tiene señalada. Entre tanto, tenéis que vivir sin temores, pues Él quiere para nosotros todo bien.

martes, 16 de febrero de 2010

Una Aventura Sorprendente (XXVI)

VIDA SILENCIOSA DEL ENVIADO DE DIOS
Pasaron los años. En la vida del Enviado del Señor se habían cumplido las antiguas profecías, según hemos visto en la Historia precedente.
Pero la vida de este Niño sigue estando llena de vicisitudes. La Sagrada Familia, que se había establecido en Belén, tuvo que huir inmediatamente ante la amenaza de muerte que decretó sobre el Niño el cruel y tirano rey Herodes.
De noche, sin perder tiempo, tuvieron que emprender un viaje larguísimo, emigrando a otro país: Egipto. En este país tuvieron que permanecer varios años, hasta que fueron avisados por el cielo, que ya podían volver a su patria, pero no a Belén, de donde habían emigrado, sino a Nazaret, ciudad más tranquila y lejana del centro del país, que como sabemos, era Jerusalén.
Así viviendo en Nazaret, se había perdido la pista del Niño prodigioso, nacido entre cánticos angélicos, y visitado por reyes guiados por una estrella, que fueron testigos eficaces de la Revelación divina de este Niño en todo el mundo, además de lo profetizado por el anciano llamado Simeón.
Ahora el Niño que vivía en Nazaret, era simplemente el "hijo del carpintero y de María", conocidos de todos los vecinos.
De este modo su vida anterior quedó oculta a los ojos de sus conciudadanos, pasando desapercibido su verdadero mesianismo.
Unos treinta años había de pasar en esta vida de familia, la cual fue muy importante. De sus padres, María y José, aprendió Jesús a ser hombre perfecto, pues "crecía en sabiduría delante de Dios y de los hombres".
En el hogar de Nazaret aprendió a leer, a rezar, a trabajar, a obedecer y a practicar todas las virtudes, como hombre, pues, como Dios, toda la vida espiritual la tenía infusa, como toda ciencia ya que el Espíritu Santo estaba sobre él.
Sin embargo, Él se encarnó no sólo para darnos a conocer a Dios, su Padre, y salvar a los hombres con su sacrificio reconciliándonos con Él, sino también para darnos su testimonio de vida, semejante a la de todos los hombres. Y así nos amó tanto, que quiso ser (excepto en el pecado, pues siendo Dios era impecable), quiso ser y llamarse "Hijo del hombre", como cualquier hombre nacido en la tierra.
Solamente María y José estaban en el secreto de este Hijo divino, que era para ellos un continuo misterio...
Cuando llegó la edad de 12 años se presentó en el Templo con sus padres, y sin darse ellos cuenta, se quedó en el Templo. Sus padres, como había costumbre de ir en caravanas distintas, al llegar a la primera estación de descanso en que se encontraron María y José, vieron que el Niño no iba ni con uno ni con otro, y que tampoco iba con los parientes con los otros niños de su edad; y asustados y muy alarmados, con las lágrimas en los ojos lo buscaron con la mayor diligencia.
Tardaron en encontrarle tres días, que fueron para los padres un martirio. Nadie les daba razón de él. Por fin lo encontraron en un salón del Templo donde estaban los sabios y doctores enseñando. Allí estaba el Niño "sentado entre los doctores, oyéndoles y haciéndoles preguntas... Y cuantos le oían quedaban estupecfactos de la inteligencia de las respuestas" de este Niño. A Marïa y José al verle se les abrió el horizonte, quedando a la vez muy sorprendidos; tanto, que su madre no pudo menos de decirle: "Hijo, ¿por qué has obrado así con nosotros? Mira, que tu padre y yo te buscábamos angustiados". "Él les dijo: ¿por qué me buscábais? ¿no sabíaís que es preciso que me ocupe en las cosas de mi Padre? Ellos no entendieron la respuesta".
Sin embargo, volvió con ellos a Nazaret y nota el Libro Sagrado, que "les estaba sujeto y que su madre conservaba todo esto en su corazón" (San Lucas, 2)

martes, 2 de febrero de 2010

Una Aventura Sorprendente (XXV)


TESTIMONIO DE UN ANCIANO

María y José con su Niño se encontraban felices viviendo en Belén, para cumplir con todo lo establecido por sus leyes. Así llegó el día en que hubieron de presentar al Niño en el Templo de Jerusalén, donde un anciano llamado Simeón dio un precioso testimonio de la identidad de este Niño. El Señor Dios le había revelado que no le llegaría la muerte hasta que no viera al Cristo-Mesías recién nacido. Avisado por un oráculo del Señor, el día que iban a presentar al Niño sus padres, el venerable anciano fue al Templo. Cuando los vio entrar en el atrio su corazón latió con fuerza, se sintió rejuvenecer en su espíritu y se acercó a los esposos, mirando al Niño que María llevaba en sus brazos.
Y ¡qué emoción tan grande le embargó! Tomó al Niño en sus brazos y exclamó lleno de alegría:
-"Ahora, Señor ya puedes dejar ir a tu siervo en paz según tu Palabra"
Fijó sus ojos llenos de luz en el Niño que sostenía entre sus brazos e hizo la gran revelación que había recibido de Dios, a quien se dirigía: 
-"porque mis ojos han visto tu Salvación, la que preparaste para todos los pueblos; Luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel".
"María y José estaban admirados de las cosas que se decían de él".
Iban conociendo su grandeza, su hermosura, el misterio divino de su amor infinito.
Dice el Libro Sagrado que Simeón bendijo a los padres, y a María la profetizó que tenía que ser asociada a la obra de su Hijo, el cual iba a ser signo de contradicción, y como una bandera discutida para muchos, por cuyos motivos: "una espada atravesará tu alma".
Estas palabras del anciano, pusieron un sello de sobresalto en los corazones de María y de José, que se suavizaron, sin embargo, cuando dentro del Templo, con la luz de Dios, meditaron y comprendieron mejor, que siendo este Niño Hijo del Dios Altísimo también se cumplía en Él lo dicho por el mismo Simeón: "es el Salvador del género humano, la Luz de todas las naciones, la Gloria más grande de su pueblo, Israel.
Así entraba hoy en la Casa de su Padre. Él era su Palabra, la Palabra substancial del Padre, reflejo de su gloria e impronta de su Ser; era la vida y la luz de los hombres, y la gloria de todos los pueblos.
Así entra en el Templo, para cumplir su misión de glorificador del Padre, ofreciéndole un culto perfecto de Redentor de la humanidad caída a la que reconciliaba con su Dios y Señor.

viernes, 15 de enero de 2010

Una Aventura Sorprendente (XXIV)



LOS PRIMEROS EVANGELIZADORES DEL MUNDO

Había llegado la hora señalada por el Señor Dios, en que el mensaje salvador llegado a Israel, en un Niño-Dios recién nacido, tenía que abarcar toda la tierra. Era universal.
Los magos de Oriente, al volver a sus países, fueron los primeros evangelizadores del mundo, pues llegaron hasta el "confín de la tierra".
El Señor lo tenía anunciado por el Profeta:
"Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra".
Sabemos que el "confín de la tierra" en las épocas remotas de que hablamos, era un país misterioso, tierra rodeada por grandes mares, barreras insalvables, que se llamaba Iberia o Hispania, ¡España!
Tierra ambicionada e invadida por todas las culturas, semíticas, helénicas, arábigas... pero con una prehistoria legendaria llena de belleza.
"La mitología griega presenta a Hesperia (España) como un país de promisión; situado en el confín del mundo, donde una selecta de hombres sabios y longevos vivía patriarcalmente en una eterna primavera.
Prosistas y poetas griegos lo confirman.
Herodoto, padre de la Historia y Annio de Viterbo ensalzan las tierras de España, como foco de civilización, fuente de virtud y lugar de bienandanza; y el divino Homero sitúa en ellas los Campos  Elíseos, la morada entre terrenal y celeste que los dioses prometían a las almas de los justos en la "última tierra", donde según Exiodo desenganchaba el sol los caballos de su carro" (Así es España).
Se dice, que existía en el siglo VIII antes de llegar a la tierra el Divino Niño Rey, una civilización brillantísima cerca de un gran río, formada por los tartesos. Acaso pudiera ser un descendiente de éstos uno de los personajes de los que habla el Libro Sagrado; país lleno de riqueza, Tarsis e islas, que debían tributar homenaje al esperado Rey...
"Nació para todos nosotros", para todos los pueblos llamados hasta entonces "gentiles" (que no conocían al verdadero Dios); nació para todas las naciones y no quiso ser ignorado de ellas. Por la luz de una estrella se dio a conocer a los magos gentiles, que le buscaban; y aunque encontraron a un Niño, creyeron en su realeza y en su divinidad, y lo adoraron. Y le ofrecieron dones con un simbolismo místico: incienso como a Dios verdadero; oro como a Rey soberano; mirra como a hombre mortal.
El rey mago que llegó al "confín de la tierra" cumplió su compromiso e intentó que sus contemporáneos conocieran la Buena Noticia de que el Niño-Dios, Salvador por todos esperado, estaba ya en el mundo.
Esta nación privilegiada (no en vano es el "confín de la tierra"), España, habría de recibir años más tarde el mensaje salvador de uno de los Apóstoles más impetuoso y más cercano al Divino Salvador; y que por su celo y valentía en proclamar dicho mensaje, sería el primero en dar la vida por su Señor y Maestro: Santiago el Mayor.

miércoles, 6 de enero de 2010

Una Aventura Sorprendente (XXIII)


¡JERUSALÉN A LA VISTA!

Los buscadores del Dios-rey recién nacido, al poder divisar la célebre ciudad de Jerusalén, quedaron sobrecogidos de admiración ante su belleza, por la grandiosidad de su Templo y sus torreones, palacios y castillos señoriales.
¡Jerusalén, ciudad santa y bienaventurada! ¡Jerusalén, visión de paz! "Su monte santo, altura hermosa, alegría de toda la tierra. El monte Sión, vértice del cielo, ciudad del gran Rey". (Salmo 47)
Las lujosas caravanas orientales penetraron en la ciudad y preguntaron por el palacio del rey. Nadie en la ciudad se mostraba enterado de ningún nacimiento real, pero les encaminaron al palacio de Herodes el grande, que era el soberano reinante en el país. Este rey tenía fama de cruel y muy celoso de su trono.
Los del Oriente le saludaron ceremoniosos y corteses, y preguntaron:
- "¿Dónde está el nacido rey de los judíos? porque vimos su estrella en el oriente y venimos a adorarle.
Al oír esto, el rey Herodes, se turbó, y con él toda Jerusalén; y congregando a todos los pontífices y a los letrados del pueblo, les preguntaba el lugar del nacimiento del Mesías.
Ellos le contestaron: - En Belén de Judá; pues así está escrito por el profeta:

"Y tú Belén, tierra de Juda, de ningún modo eres la menor entre las ciudades de Judá; porque de ti saldrá un jefe que apacentará a mi pueblo, Israel."

Entonces Herodes llamando aparte a los Magos, puntualizó con ellos el tiempo de la aparición de la estrella; y, enviándolos a Belén dijo: Id a informaros bien sobre ese niño; y cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.
Y ellos oído al rey  marcharon; y la estrella que vieron en Oriente los guiaba, hasta que llegó y se colocó sobre donde estaba el Niño.
Al ver la estrella se alegraron sobre manera.
Y llegando a la casa, vieron al Niño con María, su madre, y, postrados, lo adoraron; abrieron sus tesoros y le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra.
Y avisados en sueños de no volver a Herodes, regresaron a su país, por otro camino". (San Mateo 2, 2-12)

El Desierto se sintió lleno de alegría con las caravanas orientales de vuelta a sus países.
Hicieron un alto en el camino para leer una vez más el pasaje del gran Profeta, que había despertado en sus corazones los anhelos de conocer y de buscar al Dios-Rey humanado, al ver en el firmamento su estrella.
Ahora veían cumplidas en ellos las antiguas profecías.
Melchor abrió el Libro Santo y leyó en alta voz:

"¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!...
Levanta la vista en torno, mira: todos esos se han reunido, vienen a ti: tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti, los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos, los dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor" (Isaías 60, 1-6)

Melchor continuó diciendo:
- Nosotros somos, sin duda, los aludidos por el Profeta. Nosotros hemos sido vistos por él en sus sueños proféticos, de hace más de setecientos años. Demos gracias al Dios Altísimo por las maravillas que ha hecho con nosotros, mostrándonos a los primeros el Mesías esperado del mundo. Tenemos, amigos, un gran compromiso: extender por nuestros pueblos y naciones este mensaje salvador.

 -Lo haremos sin duda, dijeron todos.
Se despidieron cordialmente y regresaron con alegría, cada cual a su respectivo país.


martes, 5 de enero de 2010

Una Aventura Sorprendente (XXII)


VISITA ORIENTAL

Las arenas del Desierto han crujido varias noches bajo el paso de caravanas de camellos orientales. En el cruce de caminos apenas transitables, se han encontrado algunos personajes desconocidos entre sí.

-¿Quién va? El que pregunta es Melchor, un rey o mago, montado en un camello de color canela. Es hombre alto y joven, sabio escrutador de los cielos estrellados del Oriente. Ha leído mucho en las profecías de lejanas culturas caldeas, y ha descubierto un nuevo astro maravilloso, más cercano que las estrellas, que no difiere de ellas en luz, pero se mueve en una dirección segura.
Le contesta Baltasar, hombre de piel morena, cuyos ojos negros e inteligentes denotan una raza distinta ,sin duda, de otras regiones calcinadas por el sol.

- Somos dos, que nos hemos encontrado perdidos tras el rastro de una misma estrella, que se nos ha ocultado y ahora andábamos sin rumbo en el desierto. El que en estos momentos me acompaña es Gaspar, anciano de larga experiencia en el estudio de la preciosa ciencia de la astronomía. ¿no es verdad?

- Ciertamente -dijo Gaspar- soy heredero de ancestrales culturas. Quizá de los sumerios de Mesopotamia que llegaron a dominar la ciencia de los astros admirando el firmamento, hasta el punto, de que ellos fueron los creadores de la semana, poniendo a cada día los nombres de los astros; y el domingo era el sol. Sin embargo, se me ha revelado que el Rey prometido y esperado por generaciones y generaciones ha nacido ya, en Judá, y es hacia esa región a la que nos guía una estrella esplendorosa y única. Pero ahora ¿dónde está?

- La providencia de Dios creador nos guía, amigos, -dijo Melchor-. Creo que todos vamos siguiendo el mismo astro maravilloso que se nos ha escondido. Pero ahora diviso no lejos una luz entre la arena. Es, sin duda, un oasis del desierto, en el que podremos descansar con nuestras caravanas, y orientarnos hacia esa región de la cual tiene noticia más certera el sabio anciano Gaspar, nuestro amigo. Podemos, pues, pensar que estamos ya muy cerca del término de nuestra aventura, tan sorprendente como es el buscar a un Rey entre los recién nacidos, ¡que es el Dios anunciado por los antiguos oráculos de los Profetas!,según hemos leído y creído al aparecer su estrella.

En efecto. LLegaron al oasis que habían divisado, donde encontraron un albergue para pernoctar; dieron de beber a los camellos y demás bestias de carga de las caravanas, y se orientaron hacia la ciudad de Jerusalén, que estaba ya próxima. Y era, según las informaciones del sabio rey Gaspar, la capital del país que buscaban.



jueves, 31 de diciembre de 2009

Una Aventura Sorprendente (XXI)


RESIDENCIA EN BELÉN. El nombre de JESÚS

Han pasado los acontecimientos divinos de la Navidad, tan emotivos e importantes.
María y José deciden residir algún tiempo en Belén. Para ello buscaron una casita, donde José pudiera trabajar, y se acomodaron modestamente para una temporada en una vivienda que les proporcionó un pariente de José.
A los ocho días, según las leyes y costumbres de su pueblo, hubieron de circuncidar al Niño e imponerle el nombre: ¡JESÚS!

Nombre santísimo, sobre todo nombre, que ambos esposos, María y José habían recibido del cielo por medio de los ángeles, antes de ser concebido, y antes de nacer.
Nombre cuyo significado especial, el mismo Señor se lo reveló a María: "... le pondrás, Jesús, porque Él salvará a su pueblo de los pecados".
Es el Salvador y Libertador de la mayor esclavitud en que había caído la humanidad. ¡El Nombre de Dios humanado!

Nombre poderoso al que deberá de atender a todas las llamadas y obrará innumerables prodigios; nombre lleno de poder y majestad. "Nombre sobre todo nombre ante el cual debe doblarse toda rodilla en el cielo y en la tierra".

Nombre bellísimo que colma de música y de gozo el corazón. "Es melodía para el oído", suavidad embriagadora que hace vibrar el alma y la comunica un hondo sentimiento de descanso y de felicidad.

Nombre amorosísimo. Ningún otro Nombre de amante alguno ha despertado un amor tan apasionado y heroico como este divino nombre.
Jesús es el nombre que encanta y enamora:
Jesús es Bondad, es gozo, es mansedumbre, es suavidad, es misericordia;
Jesús es Belleza, es armonía, es música, es poesía, es felicidad;
Jesús es Verdad, es luz, es claridad, es fuego, es virginidad, es agua viva.
Jesús es el Amor ¡es Dios-Amor!
Jesús es el Nombre, a cuya evocación se suavizan todas las amarguras, se suscitan todos los heroísmos, se renuevan y se levantan todos los ideales.
Jesús es el nombre que no se cansaban de repetir María y José.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Una Aventura Sorprendente (XX)





LLEGÓ LA PLENITUD DE LOS TIEMPOS

El tiempo histórico en que ocurrió este suceso fue en el imperio de César Augusto Octaviano, que fue brillantísimo. Llegó una época en que sometidas las últimas provincias de la Hispania Romana (España) bajo el emperador, Roma gozó de paz universal. En medio de esa paz, llamada "paz augusta octaviana" ocurrió el hecho que acabamos de contemplar, hecho en efecto el más importante de la Historia del linaje humano: el Nacimiento de nuestro Señor Jesucristo en el siguiente marco histórico completo:

PREGÓN DE NAVIDAD

El año 5.599 de la Creación del mundo, cuando en el principio creó Dios el cielo y la tierra;
El año 2.750 del Diluvio universal;
El año 2015 del nacimiento de Abraham;
El año 1510 de Moisés y la salida de Israel de Egipto;
El año 1032 desde que David fue ungido rey;
En la semana 65 según la profecía de Daniel;
En la Olimpiada 194 de Grecia;
El año 749 de la Fundación de la Roma;
El año 42 del imperio de Octaviano Augusto;
estando todo el Orbe en paz,
en la sexta Edad del mundo

JESUCRISTO, eterno Dios e Hijo del eterno Padre,
queriendo consagrar el mundo con su misericordiosísimo advenimiento,
concebido del Espíritu Santo, pasados nueve meses después de su concepción,
NACE EN BELÉN DE JUDÁ DE LA VIRGEN MARÍA HECHO HOMBRE.

"Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad" (Jn 1, 14)

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Una Aventura Sorprendente (XIX)


LA PRIMERA VISITA

En aquellos montes vecinos de Belén velaban los pastores sus ganados. Esta noche también la vieron ellos con extraña claridad y en las estrellas un brillo extraordinario.
¿Qué pasará? se preguntaban unos a otros.
Entonces un suavísimo batir de alas y unas músicas celestiales les pusieron en guardia. Y en ese momento:
"Un ángel del Señor se presentó a ellos y la gloria del Señor los rodeó de luz, quedando sobrecogidos de gran temor.
El ángel les dijo: No temáis, os anuncio una Buena Nueva, una gran alegría que es para todo el pueblo, pues os ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías, el Señor, en la ciudad de David.
Y esto tendréis por señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre.
Al instante se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial que alababa a Dios diciendo:
¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad!
Así que los ángeles se fueron al cielo los pastores se dijeron unos a otros: Vamos a Belén a ver esto que el Señor nos ha anunciado.
Fueron con presteza y encontraron a María, a José y al Niño acostado en un pesebre, y viéndole contaron lo que se les había dicho del Niño. Y cuantos los oían se maravillaban de lo que les decían los pastores.
María guardaba todo esto y lo meditaba en su corazón.
Los pastores se volvieron glorificando a Dios por todo lo que habían oído y visto, según se les había dicho." (Lc 2, 9-20)

Ellos, los pastores extendieron por los contornos la alegre noticia, y no tardaron en llegar al portal otros grupos de pastores y zagalas que traían al Señor sus ofrendas, mientras cantaban himnos y canciones al recien nacido. Eran los alegres "villancicos" pastoriles que llenaron de júbilo los bosques de Belén en aquel amanecer ideal de la primera Nochebuena de la Historia...
Todos los caminos se hicieron canción. Era la noche más bonita que habían visto los siglos, y por doquier resonaban instrumentos musicales, cantaba jubilosa toda la Tierra...

"¡Nos ha nacido un Niño, es noche de canción!; ¡florece en nuestra tierra, el gozo y la ilusión!
¡Nos ha nacido un Niño, que es todo celestial!; ¡nos trae el bien, la dicha: florece ya la paz!
El Inmenso se ha hecho pequeño, Niño encantador; ¡Aleluya! ¡Cantad jubilosos! ¡Cantad al Amor!"

"Un Niño más hermoso, que las estrellas, descansa en unas pajas, ¡es Nochebuena!
Su madre lo contempla, con embeleso, y repite su nombre, dándole un beso
Jesús es melodía para el oído, Jesús es poesía, ¡es un idilio!
Jesús Niño divino ¡es el amor! ¡Jesús es la alegría!, ¡el Salvador!

martes, 22 de diciembre de 2009

Una Aventura Sorprendente (XVIII)


NACIMIENTO DEL ESPERADO DE LOS SIGLOS

María se había acomodado sentada en el suelo sobre un almohadón. Está como absorta, enajenada en su propio misterio; José (más cerca del improvisado "hogar") la contempla con todo su cariño. Él cuidaba de que el fuego siguiera dando la luz y el calor al ambiente.
Aunque en realidad era una noche incomparable: ¡NOCHE BUENA!..

- Mira, José, -dijo María- ¡Qué noche tan hermosa! ¡qué claridad tan resplandeciente! ¡qué brillo en las estrellas!... ¡huele la noche a rosas y jazmines, como si toda la tierra fuera un jardín! yo escucho en el aire, y en el viento música de alas y de melodías celestiales...

José la escucha arrobado, sonriente y feliz.
María continua diciendo:

- ¿Sabes, José, la dicha que nos aguarda? ¡La plenitud de los tiempos va a entrar en la Tierra, la plenitud divina va a llenar este lugar!... Se acerca el momento soñado por los siglos en que al Hijo del Dios eterno le veamos hecho Niño, colmándonos de gozo la contemplación de su rostro celestial.

José guardó silencio ante palabras tan llenas de sabiduría y de dulzura que le embargaban el ánimo de paz y de quietud.
Llegó la medianoche.
María ha entrado en un elevadísimo éxtasis de amor.
"Un sereno silencio lo envolvía todo, y al mediar la noche su carrera, tu Palabra todopoderosa se abalanzó de los cielos como paladín inexorable desde el trono real al país "lejanísimo"...
Toda la creación cumpliendo tus órdenes fue configurada de nuevo"...
Y en esos momentos nacía el Salvador del mundo:
María tiene ya entre sus brazos, a un Niño delicioso, Hijo del Dios del cielo y de su propio corazón. En su éxtasis de amor, su mirada se fijó en el recién nacido. El Infantito divino era un cielo de niño; ¡qué Niño! ¡que figura tan divina! ¡qué fineza, qué preciosidad de criatura! Todos sus miembros perfectos y llenos de belleza. Y ¿qué decir de su rostro? No hay palabras que puedan decir la expresión incomparable de sus ojos llenos de luz y de vida; de su boquita entreabierta, de sus mejillas de nieve y rosa.
Toda la belleza de la creación entera como que estaba reflejada en este pequeñín encantador.
María le abraza llena de ternura y pegó sus labios a su frente cristalina y dijo: ¡Oh Dios mío e Hijo mío! y llamó a su esposo:

- ¡José, ven por favor!, ven a admirar al Niño divino, ¡Jesús!, gloria del cielo y de la tierra. ¡Ven y adoremos juntos a nuestro Dios y Señor, recién nacido!

José acudió presuroso y se postró ante el Niño en brazos de su madre; y cautivado por tanta hermosura, lo besó con toda reverencia y amor.
Así María y José ofrecieron al Señor la primera adoración de la Historia, mientras una muchedumbre de ángeles  de la corte celestial  irrumpían en la estancia llenándola de resplandores y melodías celestiales:
"¡Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor! ¡Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te damos gracias Rey celestial", que acabas de entrar en este mundo, en la historia de los hombres! ¡Hosanna en el cielo! ¡Hosanna en la tierra! ¡Hosanna en todos los ámbitos de la creación! ¡Aleluya!
Mientras tanto José y María permanecieron extasiados contemplando y adorando la belleza y la grandeza de su Niño, el Niño-Dios, transportados de alegría y de felicidad.
Cuando se ausentó el ejército angélico, se levantaron.
María abrazó al Niño una vez más y lo envolvió en los pañales con la mayor ternura recostándolo después en el pesebre que José había preparado con mullidas pajas, blandas y limpias, para improvisada cuna de su hijo.
María y José se habían quedado de nuevo en quietud de oración y de felicidad  ante su amadísimo Niño recién nacido. ¿Qué mayor felicidad les podía caber?

lunes, 21 de diciembre de 2009

Una Aventura Sorprendente (XVII)


LLEGADA A BELÉN

Entre salmos y canciones, han llegado a la ciudad de Belén. Al entrar en Belén, María y José sienten que una oleada de emoción especial les llena el alma. Recuerdan la profecía de Miqueas:
"Y tú, Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la menor entre las ciudades de Judá; porque de ti saldrá un Jefe que apancetará a mi pueblo, Israel" (Miqueas, 5)
Y ambos reflexionan y adoran los inescrutables designios de Dios. Ven su mano providente que les ha guiado para que al fin se pueda cumplir lo profetizado hace tantos siglos. ¡Misterio admirable!
Ellos, María y José, en medio del gran desamparo en que se encuentran en estos momentos, sin casa ni hogar, sin saber a dónde dirigirse, se sienten a la vez con gran confianza y alegría interior, sabiendo que pronto experimentarán en sí mismos, las maravillas de Dios, viendo la gloria del Nacimiento que esperan. Entonces José se decide a indicar a su esposa:

- Si te parece, María, podemos buscar algún alojamiento en Belén, pues está atardeciendo ya  y la noche se nos echa encima. Iremos antes de nada a casa de nuestros parientes.

- Sí, José, ciertamente es tarde y necesitamos una posada para esta noche.

Visitaron a los parientes, pero lo tenían todo ocupado ya, por los hermanos llegados a Belén por el mismo motivo, y no pudieron alojarlos.
Se dirigen entonces al mesón público, donde tampoco tenían ya habitaciones. Tendrían que quedarse en los patios, que por cierto, también estaban llenos de gente.
María dijo a su esposo:

- José, prefiero salir de aquí cuanto antes. Busquemos en el campo, en las afueras, algún lugar solitario para pasar la noche. Quizá algún refugio de pastores abandonado... es posible que estemos mejor. Nos conviene estar juntos y solos esta noche. ¿No te parece, José?

- Sí, esposa mía, te comprendo.

En efecto. Caminaron hacia las afueras de la ciudad. Sobre los montes cercanos de Belén va cayendo la noche. Allí encontraron una choza o un portal o establo vacío, que a María la pareció muy bien. Pero José se puso muy triste por no poder encontrar un hospedaje digno para su amadísima esposa. Sin embargo, sin perder tiempo se puso inmediatamente a limpiar el lugar y después de atar al asnillo junto a un pesebre donde había abundante paja, encendió un buen fuego en una hornacina que encontró dentro, muy apropiada, pues había allí hierba seca y madera, leña que José dispuso sobre las llamas para calentar el recinto. Y estando ya limpio y caliente se sintieron bien en aquella soledad.
Habían encontrado el lugar adecuado y elegido por la voluntad de Dios. Siguen guiados por la fe.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Una Aventura Sorprendente (XVI)


EL CAMINO DE BELÉN

Era el amanecer del día convenido para la marcha. Los caminos de Galilea se han poblado de grupos de viajeros que van a cumplir con lo ordenado por el Edicto del emperador.
María y José se han unido al grupo que va hacia Belén. Ellos hacen jornadas de peregrinación, rezando y cantando los preciosos salmos que desde tiempo inmemorial, este pueblo tan fino y piadoso, orante  por excelencia, había dedicado a su Dios por inspiración divina. El mismo rey David, ascendiente de José, era el autor de muchas de estas composiciones tan hermosas.

"Levantemos nuestros ojos a los montes y collados: ¿dónde hallaremos auxilio si estamos abandonados? Nuestro auxilio es el Señor, que vela con gran cuidado, de su pueblo que lo invoca con confianza, confiado".
"Alabad siervos del Señor, alabad el nombre del Señor... de la salida del sol hasta su ocaso alabado sea el nombre del Señor"

"El Señor guarda tus entradas y salidas... No permitirá que resbale tu pie. Tu Guardián no duerme; no duerme ni reposa el Guardián de Israel. El Señor te guarda de todo mal, Él guarda tu alma, ahora y por siempre".

" Cuando cambió la suerte de Sión nos parecía soñar... la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares... El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres. Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares. Al ir, iba llorando llevando la semilla; al volver vuelve cantando trayendo sus gavillas".

Así aunque el camino se hacía penoso, lleno de dificultades, y tenían que hacer "altos" en él, todo se llevaba mejor con la ayuda del Todopoderoso al que iban invocando. Lo peor eran las noches, sin acomodo especial, eran interminables. José se preocupaba sobre todo de su esposa y la procuraba todas las atenciones posibles, haciéndola descansar aunque, a veces, se distanciaran del grupo.
Por fin, después de varias jornadas de camino, descubren a lo lejos el poblado de Belén.
-¡Gracias, Señor! -exclamaron con alegría-



sábado, 19 de diciembre de 2009

Una Aventura Sorprendente (XV)


GUIADOS POR LA FE

Se pasaron los meses de espera en el hogar de Nazaret demasiado deprisa.
María y José, muy felices bajo la mirada de Dios, veían con ilusión que la venida del acontecimiento que esperaban, iba llegando a su fin.
Una mañana nebulosa salió José hacia su taller de trabajo, cuando notó algo extraño. Había un grupo de gente en la plaza que hablaba con gran animación. Entonces se enteró de que el emperador César Augusto en el poder del trono de Roma, había decretado un EDICTO de empadronamiento general de todos sus súbditos: cada cual tenía que empadronarse en la ciudad de su origen.
José se turbó pensando que él, siendo de la casa de David, su ciudad era Belén. Enseguida quiso enterar a María de la orden del emperador.
Entró en su casa y disimulando su contrariedad dijo a María:

- La paz del Señor nos acompañe, María.

- Así lo deseo José.

- Pues tengo que darte una noticia.

María leyó en el rostro de su esposo un algo de preocupación.

-Ha llegado un EDICTO de Roma que ordena a todos ir a empadronarse en la ciudad de su origen. Pienso que nosotros tendremos que ir a Belén, que como sabes, es nuestra ciudad, la ciudad de David.
José en efecto, como esposo de María y padre legal de Jesús, es el que transmitía a Jesús el título de "hijo de David".

María comprendió el contratiempo tan grande que este viaje suponía en la circunstancia en que ella se hallaba, muy próxima a dar a luz, por lo cual trató de tranquilizar a su esposo.

- Ya sabes José que los designios del Señor son desconocidos y tenemos que guiarnos por la fe. No te desanimes ni te preocupes esposo mío; todo ha de ser para nuestro bien, pues es el mismo Señor el que nos habla por los acontecimientos. ¡Iremos a Belén! Acabaremos de preparar la ropita de nuestro niño divino que esperamos y le dedicaremos los mayores cuidados posibles y todo nuestro amor. José, no te aflijas que esto es la voluntad de nuestro Dios, y aceptándola nos debemos sentir dichosos. Prepararemos ya todo lo necesario para nuestro viaje.

Oyendo a María José se siente ya renovado. Las palabras de su esposa son para él un bálsamo de suavidad y dulzura inefable. Sosegado así su espíritu, se encuentra con fuerza para todo y así se lo comunica a María.

- Mi querida esposa iré ya disponiendo todo lo necesario.

Y salió muy animoso a preparar el asnillo, los alimentos, los mantos y tantas otras cosas necesarias para un viaje a la ciudad de Belén, que llevaría varios días de camino. No era demasiado fácil, pero ¡guiados por la fe...! adelante.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Una Aventura Sorprendente (XIV)


EL ENVIADO ESTÁ PARA LLEGAR

Como hemos visto el Esperado de los siglos está para llegar.
La venida de Aquel que habían anunciado los Profetas de Israel que libraría al mundo de los pecados, se considera muy próxima.
Es el Hijo del Altísimo Dios-Amor.
Príncipe desde el día de su nacimiento.
Engendrado como rocío antes de la aurora entre esplendores sagrados.
El Salvador del mundo.
El más bello entre los hijos de los hombres.
El Santo de Dios que había de venir al mundo.
El Ungido de Dios con aceite de júbilo.
El gran Profeta.
El Hijo engendrado hoy al que se promete en herencia las naciones.
El Rey cuyo trono real permanecerá para siempre.
El Señor que llega para regir la Tierra.
El Sacerdote eterno, según un rito ancestral.
¡CRISTO-JESÚS, EL HIJO DE DIOS VIVO!
Va a entrar en el mundo con su Reino de justicia, de amor y de paz.

¡Alégrese toda la tierra!
Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre, proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones;
porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza.
Familias de los pueblos, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor.
Decid a los pueblos: "El Señor es rey, Él afianzó el orbe y no se moverá;
Él gobierna a los pueblos rectamente."
Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbre el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque,
delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad.


jueves, 17 de diciembre de 2009

Una Aventura Sorprendente (XIII)


EL ENVIADO SE ACERCA

María después de ver nacido al niño Juan y terminada su misión cerca de Isabel, volvió a su casa en Nazaret.
Allí la esperaba José para formalizar sus desposorios. La saludó cordialmente y siguió diciendo:

- Tenía ya grandes deseos de verte aquí porque tenemos pendiente lo de nuestro desposorio.

- También yo, José, deseaba volver pero nuestros parientes de Ain Karem me necesitaban; Isabel a pesar de su ancianidad ha tenido un niño, que Dios por una gracia especial se lo había comunicado a Zacarías, su esposo. Están ambos contentísimos por haber recibido este regalo de Dios.

- Bendito sea nuestro Dios -dijo José-; ahora ya sabes que nosotros tenemos que formalizar nuestro desposorio con el testimonio del sacerdote y las firmas del contrato.

- Pues sí, lo haremos cuando quieras José.

- Quiero tenerlo todo hecho pues ya tenemos nuestra casa, con el taller de carpintería para mi trabajo. Con él espero que podremos vivir bien; María, no quiero que te falte nada, con la bendición de nuestro Dios yo seré tu apoyo y tu defensa para todo lo que suceda en la vida; y tú serás mi ayuda indispensable y la alegría de nuestro hogar.

-Gracias José por tus palabras tan amables. No dudo que cumplirás cuanto has dicho, con la bendición de nuestro Dios y Señor. ¡Eres muy bueno! Te lo agradezco mucho.

Pasó algún tiempo y José se dio cuenta de que en su esposa aparecían, cada vez más evidentes, las señales de un estado que él ignoraba.
Él estaba tan sorprendido que no podía creer lo que veía. Pensaba: "¿Cómo es posible que siendo ella tan buena haya sido infiel a su Dios y a su esposo? No lo puedo creer. ¡Oh Dios mío... ten piedad de tu siervo! ¡La quiero tanto!... no quiero denunciarla, pero ¿habré de despedirla en secreto?..." José lloraba.
María le veía triste y sombrío, sin apenas atreverse a hablar. Ella comprendió su gran amargura... ella tenía el mismo sufrimiento, pero no se atrevía a comunicar a su esposo lo que sólo Dios debía y sabía revelar. Y así sufría y oraba con lágrimas intensamente por José.
Aquella noche él se retiró a su aposento más atormentado que nunca, no podía controlar sus pensamientos. No quería de ningún modo hacer daño a María ¡era su esposa! ¿qué hacía? Le invadió una angustia mortal... Perdió el sentido del tiempo y quedó dormido... ¿Soñaba? ¡No! Se iluminó la estancia con un resplandor celestial, mientras un mensajero celeste, un ángel del Señor se dirigía hacia él y le llamaba por su nombre diciéndole:

- "José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer; pues lo concebido en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo al que llamarás "Jesús" porque él salvará a su pueblo de los pecados; es Emmanuel, que significa Dios con nosotros". Y recuerda la profecía de Isaías que se ha cumplido.

José se levantó pronto, observó en su cuerpo y en su alma que había desaparecido todo temor. Le invadió una gran alegría, como descargado de un peso insoportable.
Fue inmediatamente en busca de María y, arrebatado por el gozo la dio el ósculo y el abrazo de paz más deseado contándola lo sucedido.

- Perdóname María, cuánto te he hecho sufrir. Esta noche estando yo invadido de la más cruel angustia, sin poder descifrar el misterio que me obsesionaba, me sentía morir en un abismo de tinieblas: cuando de repente se llenó mi aposento de luz y, como en un sueño, un mensajero celestial me habló y me dio la más grande de las noticias y la más dichosa que podía escuchar: "José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, pues lo que ella ha concebido es del Espíritu Santo... él salvará a su pueblo de los pecados, por eso le llamáras Jesús".
Inmediatamente abrí el Libro Santo y leí la profecía de Isaías. Ya he comprendido tu misterio, ¡María, qué grande eres esposa mía!, ¡no soy digno de ti pero te amo tanto...! y el ángel me dijo que eres "mi mujer" y al Niño que esperamos le he de llamar Jesús. ¿Cómo he sido yo el escogido para esta suerte incomparable? ¿Quién soy yo para que nuestro Dios Altísimo se fijara en mí para esta grandeza ¡ocupar en la tierra el lugar de "Dios-Padre"! Me abruma... me sobrepasa.

María le tranquilizó y consoló con palabras llenas de sabiduría:
- José, tú has sido el elegido precisamente porque brilló en tu frente la virginidad. Tú eres el hombre más justo y bueno que hay en la Tierra. El único llamado por el Señor para cuidar de mí y después... de nuestro Hijo. Tú y yo, pobres criaturas estamos inmersos en el misterio de Dios, y tenemos que adorar sus planes e ir descubriendo constantemente su santísima voluntad, sin saber a punto fijo sus designios.

-¡Gracias, María! Es verdad que el mismo Señor me designó para que me fijara en ti y fuera tu esposo siendo virgen como tú misma. El mismo Señor me señaló y me reveló ahora el misterio oculto por los siglos.

- Por eso, tenemos que levantar el espíritu a Dios, José, y dándole gracias de todo corazón, decirle que estamos en sus manos divinas, y que esperamos de Él, de su misericordia y de su amor toda luz para emprender nuestro nuevo camino, ahora totalmente desconocido para nosotros. ¡Guiados por la fe!