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viernes, 26 de septiembre de 2025

viernes, 4 de octubre de 2013

DÍA 9º: LA FAMILIA FRANCISCANA



PENSAMIENTO PARA ESTE DÍA
      Hermanos: En vísperas de su muerte, Francisco proclamaba trémulo de emoción: "El Señor me dio hermanos". Y advertía: "Sé muy bien que, si la debilidad me lo permitiera, el mayor servicio que yo pudiera hacer a la Orden sería rogar continuamente por ella a Dios, para que él gobierne, defienda y conserve".

OREMOS CON SAN FRANCISCO
     Padre de nuestro Señor Jesucristo, bendice con toda bendición espiritual y celestial a cuantos has engendrado en esta santa Familia para dar ejemplo evangélico en el seguimiento de Cristo mediante la pobreza evangélica, pues se ofrecieron a sí mismos en esta Orden como sacrificio de suavidad; sean benditos de Ti con bendición eterna en su caminar y en su reposar, despiertos y dormidos, en vida y en muerte. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

LECTURA DE LOS ESCRITOS DE SAN FRANCISCO 
    Donde quiera que estén y se encuentren unos con otros los hermanos, condúzcanse mutuamente con familiaridad entre sí. Y exponga confiadamente el uno al otro su necesidad, porque si la madre nutre y quiere a su hijo carnal, ¿cuánto más amorosamente debe cada uno querer y nutrir a su hermano espiritual? Bendigo a todos mis hermanos, a los que están en la Religión y a los que han de venir hasta la consumación del siglo. Que en señal del recuerdo de mi bendición y de mi testamento, se amen siempre mutuamente, amen siempre a nuestra Señora la santa pobreza y la guarden, y vivan siempre fieles y sumisos a los prelados y a todos los clérigos de la santa Madre Iglesia.

REFLEXIÓN
     Francisco de Asís vivió una aventura evangélica tan radical, tan contagiosa, que pronto empezaron a llegar quienes deseaban seguir su camino, y él los acogió somo un don del Padre. Francisco se dedicó a la formación espiritual de sus hermanos, instruyéndolos, animándolos, corrigiéndolos y enseñándoles a orar. Esta preocupación hacia sus hermanos era algo que él había aprendido  de su Señor. A todos recomendaba la caridad y les pedía mostrar afabilidad e intimidad de familia. Por eso los hermanos se apoyaban, se corregían y se alegraban recíprocamente, se acogían y perdonaban prontamente. El ejemplo de la fraternidad de Francisco y sus hermanos fue una llamada y una gracia también para las mujeres, comenzando por Clara de Asís. Y fueron tantos los seglares que querían seguirle, que formó con ellos la Orden Franciscana seglar. Es la misma realidad evangélica la que une a todos como hermanos en la memoria bendita del "hermano" por antonomasia, Francisco de Asís.

(Pida cada uno la gracia que desee alcanzar)

PRECES
       Hermanos: San Francisco rogaba a Dios por la familia que él le había confiado, pero también le alababa y daba gracias por cuanto él hace a través de esta familia. Nos unimos a su oración diciendo:

Te damos gracias, Señor

-Te alabamos, Señor, por las maravillas de gracia que obraste en Francisco y en sus primeros compañeros, y en todos los hermanos franciscanos que han sabido ser fieles a su vocación evangélica.
-Te adoramos, Señor, por las maravillas del Espíritu que hiciste brillar en santa Clara y sus Hermanas en los orígenes de la Orden y a lo largo de su historia de vida contemplativa en la Iglesia.
-Te bendecimos, Señor, por los millares de Hermanos Terciarios que han encarnado el carisma franciscano en la vida seglar.
-Te damos gracias, Señor, por el don de la fraternidad evangélica que viven con gozo los muchos Institutos de vida activa que componen la multiforme Familia Franciscana.

      Como hermanos de una misma familia, oremos a nuestro Padre: Padre nuestro...

     Terminemos nuestra novena con la BENDICIÓN DE SAN FRANCISCO:
     El Señor os bengia y os guarde, os muestre su rostro y tenga piedad de vosotros. Vuelva a vosotros su rotro y os conceda la paz. El Señor os bendiga, hermanos. Amén.


jueves, 3 de octubre de 2013

DÍA 8º: EL CULTO EUCARÍSTICO



PENSAMIENTO PARA ESTE DÍA
     Hermanos: El culto de la Eucaristía era la manifestación más importante de la piedad de Francisco, el cual decía: "Quiero que estos santísimos misterios sean honrados y venerados por encima de todo". Es lo que nosotras deseamos de todo corazón.

ORACIÓN
    ¡Oh Dios! que en este Sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión; te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

LECTURA DE LOS ESCRITOS DE SAN FRANCISCO
      Besándoos los pies y con la caridad que puedo, os suplico a todos vosotros, hermanos, que tributéis toda reverencia y todo honor y, en fin, cuanto os sea posible, al santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, en quien todas las cosas que hay en cielos y tierra han sido pacificadas y reconciliadas con el Dios omnipotente. ¡Tiemble el hombre todo entero, estremézcase el mundo todo y exulte el cielo cuando Cristo, el Hijo de Dios vivo, se encuentra sobre el altar en manos del sacerdote! ¡Oh sublime humildad! ¡oh humilde sublimidad, que el Señor del mundo universo, Dios e Hijo de Dios, se humilla hasta el punto de esconderse, para nuestra salvación, bajo una pequeña forma de pan! Mirad, hermanos, la humildad de Dios y derramad ante él vuestros corazones; humillaos también vosotros para ser enaltecidos por él.

REFLEXIÓN
     El culto a la Eucaristía no era solamente la manifestación más importante de la piedad de Francisco, sino que al recibir al Cordero inmolado, inmola él su alma en el fuego que le ardía de continuo en el altar del corazón. Y él, que en todo se sentía espontáneamente impulsado a compartir con los demás los dones que recibía del Señor, tuvo uno de los principales objetivos de su misión apostólica defender y propagar la dignidad del culto eucarístico. Su fe estaba siempre a punto de admiración y de asombro frente al misterio de la Eucaristía, pues desde ella descubría, no sólo el don que Dios nos hace de su Hijo, sino también la palabra que consagra el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y la Iglesia que lo recibe y administra. Por eso concluía Francisco: "Nada de vosotros retengáis para vosotros mismos para que enteros os reciba el que todo entero se os entrega".

(Pida cada uno la gracia que desee alcanzar)

PRECES
          Hermanos: Acogiendo de corazón la invitación de San Francisco con respecto a Jesús Sacramentado: “Amadle, reverenciadle y honradle”, pidamos la ayuda del Señor.
 
-Para que seamos sensibles ante “el pecado de ignorancia en que incurren algunos sobre el santísimo Cuerpo de Jesucristo”, y tratemos de compensarlo con una delicadeza de nuestra parte. Roguemos al Señor.
-Para que nuestra fe no deje de tener muy presente que “nada tenemos ni vemos corporalmente en este mundo del Altísimo mismo, sino el Cuerpo y la Sangre”, con lo que fuimos redimidos de la muerte a la vida. Roguemos al Señor.
-Para que todos “nos enmendemos cuanto antes y resueltamente” de cuanto hayamos podido faltar en la reverencia debida a la Eucaristía. Roguemos al Señor.
-Para que cuidemos sobre todo de asociarnos espiritualmente al misterio que celebramos, procurando que “cuando el sacerdote ofrece el sacrificio sobre el altar”, rindamos alabanza, gloria y honor al Señor Dios vivo y verdadero”.  Roguemos al Señor.

     Unidoa a Jesús, oremos al Padre por el Espíritu: Padrenuestro.

OREMOS CON SAN FRANCISCO
    Te adoramos, santísimo Señor Jesucristo, aquí y en todas las Iglesias que hay en todo el mundo, y te bendecimos pues por tu santa Cruz redimiste al mundo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.



miércoles, 2 de octubre de 2013

DÍA 7º: CONVERSIÓN CONTINUA


PENSAMIENTO PARA ESTE DÍA
     Hermanos: el espíritu de la penitencia evangélica fue una de las características más sorprendentes de la primitiva fraternidad franciscana. Hoy queremos acoger la invitación a la conversión que Jesús nos dirige una vez más, en la Iglesia, a través del gran convertido que fue Francisco de Asís.

OREMOS CON SAN FRANCISCO
    Santa Madre de Dios, dulce y hermosa, ruega por nosotros al Rey entregado a la muerte, tu Hijo dulcísimo, nuestro Señor Jesucristo, para que por su bondad, y por la virtud de su santísima Encarnación y de su acerbísima pasión y muerte, se digne otorgarnos el perdón de nuestros pecados. Por Jesucristo nuestro Señor.

LECTURA DE LOS ESCRITOS DE SAN FRANCISCO
     Hay muchos que cuando pecan o reciben injurias, frecuentemente echan la culpa al enemigo o al prójimo. Más no es así, porque cada uno tiene en su dominio al enemigo, o sea, al cuerpo, mediante el cual peca. Por eso dichoso aquel siervo que a tal enemigo  lo mantiene siempre cautivo y se defiende sabiamente de él; porque mientras hiciere esto, ningún otro enemigo visible o invisible le podrá dañar. Dichoso el siervo que sufre con igual paciencia la enseñanza, acusación o corrección de otro como la que se da a sí mismo. Dichoso el siervo que no tiene prisa por excusarse y sufre con humildad afrentas y reprensiones por el pecado que no tiene culpa. Es siervo fiel y prudente el que todas sus faltas no tarda en reprenderse interiormente por la contrición, y exteriormente por la confesión y la satisfacción de obra.

REFLEXIÓN
     El sentido básico de la penitencia cristiana es la conversión con cambio total del espíritu. Para ello hemos de empezar por reconocer nuestra condición real de pecadores. Sobre esta base del reconocimiento sincero ha de venir aceptación serena de la corrección propia, fraterna y sacramental. La corrección forma parte indispensable del combate que hemos de sostener continuamente contra la presencia del mal en nuestra vida. Debidamente entendida y aplicada, es una de las exigencias más evangélicas para ayudarnos a la conversión radical, ese ideal al que aspiramos sin alcanzar nunca en esta vida. A Francisco se le concedió como un don de Dios, pero también él reconocía al final de su vida: "Comencemos, hermanos, a servir al Señor Dios, pues escaso o poco es lo que hasta ahora hemos adelantado". Acojamos esta invitación de san Francisco a la penitencia.

(Pida cada uno la gracia que desee alcanzar)

PRECES
      Hermanos: decía el seráfico Padre Francisco: “Dichoso el siervo que humildemente se acusa”. Reconociendo nuestra condición de pecadores y la necesidad que tenemos de la gracia de Dios y de la oración y ayuda de nuestros hermanos, oremos.

-Para que seamos sinceros con nosotros mismos reconociendo nuestros fallos, nos abramos a la verdadera conversión y perseveremos en ella sin desánimo, no obstante las caídas. Roguemos al Señor.
-Para que sepamos corregir con caridad y prudencia a nuestros hermanos, ayudándoles “espiritualmente, como pudiéramos, porque no necesita médico el sano, sino el enfermo”. Roguemos al Señor.
-Para que nos abramos con fe auténtica y generosa a la semilla de la Palabra de Dios y la acojamos “con bueno y generoso corazón para dar fruto en la paciencia”. Roguemos al Señor.
-Para que, en el trajín de nuestros trabajos, tengamos en cuenta que “Ninguna otra cosa hemos de hacer si no ser solícitos en seguir la voluntad del Señor y en agradarle en todas las cosas”. Roguemos al Señor.

      Con la confianza que nos da el sabernos hijos de Dios, digamos: Padre nuestro

OREMOS CON SAN FRANCISCO
     ¡Santísimo Padre nuestro! Perdónanos nuestras deudas: por tu inefable misericordia, por la virtud de la Pasión de tu amado Hijo y por los méritos e intercesión de la beatísima Virgen, y de todos tus elegidos. Y no nos dejes caer en tentación: oculta o manifiesta, imprevista o insistente. Más líbranos del mal: pasado, presente o futuro. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

martes, 1 de octubre de 2013

DÍA 6º: EL DON DE LA VOCACIÓN



PENSAMIENTO PARA ESTE DÍA
    Hermanos: la llamada de Dios, generosamente correspondida por Francisco, marcó toda su vida según el Evangelio. Conscientes de que la vocación es un don generoso y gratuito de Dios, nos acercamos confiados al espíritu de Francisco para pedir "al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies".

ORACIÓN
    Señor, Padre santo, tú que envías a todos los fieles a alcanzar la caridad perfecta, pero no dejas de llamar a muchos para que sigan más de cerca las huellas de tu Hijo, concede a los que tú quieras elegir con una vocación particular llegar a ser, por su vida, signo y testimonio de tu reino ante la Iglesia y el mundo. Por Jesucristo nuestro Señor.

LECTURA DE LOS ESCRITOS DE SAN FRANCISCO
      Esta es la regla y vida de los hermanos: vivir en obediencia, en castidad y sin nada propio, y seguir la doctrina y las huellas de nuestro Señor Jesucristo, el cual dice: "Si quieres ser perfecto, vete, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; y ven y sígueme". Si alguno, queriendo, por divina inspiración, abrazar esta vida, viene a nuestros hermanos sea recibido benignamente por ellos. Y, si está resuelto a tomar nuestra vida, guárdense mucho los hermanos de entrometerse en sus negocios personales y preséntelo a su ministro. Y el ministro acójalo benignamente, y anímelo y expóngale con esmero el tenor de nuestra vida. Y, cumplido el año y término de la probación, sea recibido a la obediencia.

REFLEXIÓN
    La vocación es un don del Evangelio; reitera la llamada de Jesús a los apóstoles a seguirlo. Francisco se sintió llamado por Jesús, y en él halló la respuesta para su vida. Fiel al Espíritu, se abrió plenamente a la gracia y, en consecuencia, al carisma de la elección para una gran tarea en bien de toda la Iglesia. Su conversión supuso un viraje radical y doloroso en la vida, pero su profunda experiencia evangélica, llena de luz y seguridad y la llamada a dejarlo todo, le hizo ordenar la propia vida conforme a la luz recibida. La autenticidad con que concibió vivir su proyecto evangélico, interesó a muchos, que en Francisco vieron encarnado un ideal por el que valía la pena comprometerse. Ideal que hoy sigue accesible a la generosidad de los jóvenes que quieran seguir a Jesús por el camino de Francisco.

(Pida cada uno la gracia que desee alacanzar)

PRECES
       Hermanos: el joven Francisco necesitó de mucha oración para descubrir su vocación evangélica y abrazarla con la generosidad radical que le exigía. Oremos nosotros por las vocaciones sacerdotales y religiosas.

-Para que la Iglesia cuente también en nuestra época  y en el futuro con los sacerdotes y religiosos que necesita para ser fiel a la misión divina que tiene encomendada ante el mundo. Roguemos al Señor.
-Para que la familia Franciscana se rejuvenezca con nuevas y generosas vocaciones que, atraídas por la figura espiritual de los Santos Fundadores, acepten el compromiso de revivirla en la Iglesia de hoy. Roguemos al Señor.
-Para que el ideal de la vida consagrada, don inmenso y gratuito de Dios, ejerza cada vez más atracción en numerosos jóvenes, dispuestos a las más altas y nobles realizaciones. Roguemos al Señor.
-Para que las familias cristianas sean hogar donde puedan nacer futuras vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Roguemos al Señor.

 Ya que por Jesús hemos llegado a ser hijos de Dios, oremos a nuestro Padre: Padre nuestro...

OREMOS CON SAN FRANCISCO
    ¡Oh alto y glorioso Dios! Responde tú a las inquietudes de los jóvenes de hoy: ilumina las tinieblas de su corazón; dales fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta; sentido y conocimiento, Señor, para que cumplan su santo y veraz mandamiento. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.