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miércoles, 28 de septiembre de 2022

NOVENA PEREGRINACIÓN A ASÍS (DÍA 3º)

SAN DAMIÁN AMBIENTACIÓN

En este día visitamos San Damián. Se encuentra muy cerca de Asís, en un hermoso lugar rodeado de cipreses y olivares, donde muere la pendiente del monte Subasio. Pero no imaginemos a San Damián como está ahora, sino como se encontraba en tiempos de San Francisco, pobre, casi derruido, solitario. Veamos al santo encaramado sobre sus paredes, colocando piedra por piedra y profetizando sobre Santa Clara y las Clarisas que un día iban a morar en tan santo lugar. Penetremos en el templo y veamos la débil luz de la lámpara. Contemplemos al mismo Cristo desde el crucifijo bizantino hablando a Francisco. Detengamos la mirada en la ventana donde el santo dejó la bolsa del dinero. Visitemos el coro de Santa Clara, el jardincito, el pequeño claustro, el refectorio donde aún se conserva señalizado el sitio en que se ponía Santa Clara. La cabaña donde San Francisco compuso el Cántico de las criaturas. Meditemos en este lugar, no sólo cargado de historia, sino veámoslo también como memorial en donde Clara consumió su vida por Cristo.
 
 ORACIÓN 
Te adoramos Santísimo Señor Jesucristo, aquí y en todas las iglesias que hay en todo el mundo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz redimiste al mundo. Amén. 
 
 LECTURA (Leyenda Mayor y 1ª Celano) Cómo habló a San Francisco el crucifijo de San Damián 
 
    Salió un día Francisco al campo a meditar, y al pasear junto a la iglesia de San Damián, cuya vetusta fábrica amenazaba ruina, entró en ella -movido por el Espíritu- a hacer oración; y mientras oraba postrado ante la imagen del crucificado, de pronto se sintió inundado de una gran consolación espiritual. Fijó sus ojos arrasados en lágrimas en la cruz del Señor, y he aquí que oyó con sus oidos corporales una voz procedente de la misma cruz que le dijo tres veces: "Francisco vete y repara mi casa, que como ves está a punto de arruinarse toda ella". Quedó estremecido Francisco, pues estaba solo en la iglesia, al percibir voz tan maravillosa y, sintiendo en su corazón el poder de la palabra divina, fue arrebatado en éxtasis. Vuelto en sí, se dispone a obedecer, y concentra todo su esfuerzo en reparar materialmente la iglesia, aunque la voz divina se refería principalmente a la reparación de la Iglesia que Cristo adquirió con su sangre, según el Espíritu Santo se lo dio a entender y el mismo Francisco lo reveló más tarde a sus hermanos. Fue aquí donde Clara, originaria de Asís, como piedra preciosísima y fortísima, se constituyó en fundamento de las restantes piedras superpuestas. Cuando después de iniciada la Orden de los Hermanos, ella, por los consejos del santo se convirtió al Señor. Sobre ella se levantó el noble edificio de preciosísimas perlas, cuya alabanza no viene de los hombres sino de Dios. 
 
PUNTO PARA LA REFLEXIÓN 
 
 - En San Damián, de labios del Crucificado, recibe Francisco el encargo de reparar la Iglesia. ¿Ocupa la Iglesia, después de Cristo, el primer lugar en mi vida?
 
 INVOCACIONES 
 
- ¡Oh Cristo!, te pedimos que a cada uno nos llames por nuestro nombre y nos muestres también a nosotros el camino que hemos de seguir. 
 Señor, escúchanos. 
 
- ¡Oh Cristo!, concédenos como a Clara en San Damián, tener por encima de todo el Espíritu del Señor y su santa operación.  
Señor, escúchanos. 
 
 - ¡Oh Cristo!, infunde en nosotros el don de sabiduría, para que siguiendo tus huellas a ejemplo de Francisco, te seamos fieles toda la vida.  
Señor, escúchanos. 
 
BENDICIÓN DE SAN FRANCISCO 
 
El Señor os bendiga y os guarde. 
Haga brillar su rostro sobre vosotros y os conceda su favor. 
Vuelva su mirada a vosotros y os conceda la paz.

martes, 27 de septiembre de 2022

NOVENA-PEREGRINACIÓN A ASÍS (2º DÍA)

LA PORCIÚNCULA AMBIENTACIÓN 

 

Peregrinamos hoy a Santa María de los Ángeles. Ningún otro lugar estuvo tan ligado a San Francisco ni a la primitiva fraternidad como la Porciúncula. Entremos con reverencia, como lo hacía Francisco. Para captar mejor el mensaje espiritual de este día, es indispensable imaginar la capillita en su estado primitivo, sin frescos ni retablos, rodeada de algunas cabañas y escondida detrás del bosque. Cerremos los ojos a la majestuosa basílica actual y a las grandes edificaciones que la rodean. No perdamos de vista que también en este lugar santo se consagró Clara plenamente a Cristo, y que Francisco, entre otros muchos acontecimientos, fue visitado por la Madre del cielo, concediéndole el Papa la indulgencia del perdón, visitemos también la capilla del tránsito, desde donde Francisco voló al cielo.
 
 ORACIÓN 
 
 (Saludo a la Virgen María) "Salve, Señora y Reina, Santa Madre de Dios, María, Virgen convertida en Templo, elegida por el Santísimo Padre del cielo, consagrada por Él con su Santísimo Hijo amado y el Espíritu Santo Paráclito; ¡Salve, Palacio de Dios! ¡Salve, Tabernáculo de Dios! ¡Salve, Casa de Dios! ¡Salve, Vestidura de Dios! ¡Salve, Esclava de Dios! ¡Salve, Madre de Dios!" 
 
 LECTURA (Leyenda Mayor y 1ª de Celano)
 
     De cómo San Francisco llegó a la Porciúncula Pasó Francisco a otro lugar llamado Porciúncula, donde existía una iglesia dedicada a la Bienaventurada Virgen Madre de Dios, construida en tiempos lejanos y ahora abandonada, sin que nadie se cuidara de ella. Al contemplarla el varón de Dios en tal estado, movido a compasión, porque el hervía el corazón en devoción hacia la Madre de toda bondad, decidió quedarse allí mismo. Este es el lugar en que San Francisco -siguiendo la inspiración divina- dio comienzo a la Orden de Hermanos menores y creciendo el número, se alzó, como sobre cimiento estable su noble edificio. Una de las tres iglesias que devotamente restauró. El santo amó singularmente este lugar sobre todos los demás, y mandó que los hermanos tuviesen veneración especial por él, y quiso que se conservase siempre como espejo de la religión en humildad y pobreza altísima, reservando a otros su propiedad, teniendo el santo y los suyos el simple uso. Él había experimentado que el lugar de la iglesia de Santa María de la Porciúncula, estaba henchido de gracia más abundante, y que lo visitaban con frecuencia los espíritus celestiales. Por eso solía decir muchas veces a los hermanos: "Mirad hijos míos, que nunca abandonéis este lugar. Si os expulsan por un lado, volved a entrar por el otro, porque este lugar es verdaderamente santo y morada de Dios. Aquí el que ore con corazón devoto obtendrá lo que pida, y el que lo profane será castigado con rigor. Por tanto, hijos míos, mantened muy digno de todo honor este lugar en que habita Dios y cantad al Señor de todo corazón con voces de júbilo y alabanza." Y sucedió que en la Porciúncula, por divino querer, aquella santa alma desligada de la carne, pasara al reino de los cielos, desde el lugar en que todavía en vida, tuvo el primer conocimiento de las cosas sobrenaturales y le fue infundida la unción de la salvación. 
 
PUNTOS PARA LA REFLEXIÓN 
 
- En la Porciúncula, tras la lectura del Evangelio, Francisco hace su opción definitiva de entregarse totalmente al Señor. 
 
Y yo ¿soy fiel a Jesucristo de forma irrevocable? - 
 
Aquí nacen la 1ª, 2ª y 3ª Orden Franciscana ¿cómo vivo el carisma recibido de San Francisco y de Santa Clara? 
 
INVOCACIONES 
 
Señor, por haber elegido la capilla de Santa María como cimiento de la Orden Franciscana:
 - Te damos gracias, Señor 
 
Por el encuentro de Francisco con Jesucristo a través del Evangelio en este lugar: 
 - Te damos gracias, Señor 
 
Por la noche del domingo de Ramos en que la hermana Clara a los pies de Santa María de los Ángeles se consagró para siempre al Señor: 
 - Te damos gracias, Señor 
 
Por la indulgencia del perdón concedida en este lugar: 
 - Te damos gracias, Señor 
 
 BENDICIÓN DE SAN FRANCISCO 
 
 El Señor os bendiga y os guarde. 
Haga brillar su rostro sobre vosotros y os conceda su favor. 
Vuelva su mirada a vosotros y os conceda la Paz. 
El Señor os bendiga.

lunes, 26 de septiembre de 2022

NOVENA PEREGRINACIÓN A ASÍS

AMBIENTACIÓN 

 

Comenzamos esta Novena-Peregrinación en la ciudad de Asís. Los pasos de Francisco, su presencia, están demasiado cerca, todo nos habla de él; sus huellas se perciben en cada piedra, en cada lugar, en edificios que fueron admirados por sus ojos. Visitemos el Asís medieval: la catedral de San Rufino con la pila bautismal, donde se bautizó Francisco, el palacio del Obispo, la plaza donde se despojó de sus vestidos, el lugar donde existió la casa paterna de Clara, la plaza de la Comuna, la casa de Bernardo de Quintaval... Dentro de este magníico escenario tuvieron lugar importantes acontecimientos de la vida del Santo. Acerquémonos también al Sacro Convento, al Monasterio de Santa Clara... Que hoy al visitar esta tierra umbra sea un día de acción de gracias al Señor por este hombre maravilloso, Francisco, que ha dado nombre y vida, no sólo a la Orden Franciscana sino también a su ciudad. 
 
ORACION Tú eres santo, Señor, Dios único, que haces maravillas. Tú eres fuerte, Tú eres grande. Tú eres omnipotente, Tú eres Padre santo, Rey de cielos y tierra... Tú eres caridad y amor, sabiduría, humildad, paciencia, seguridad, quietud. Tú eres gozo y alegría, justicia y templanza. Tú eres hermosura y mansedumbre. Tú eres fortaleza, refrigerio y esperanza nuestra. Tú eres nuestra fe y gran dulzura Tú eres la vida eterna, grande y admirable Señor, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. (Alabanzas al Dios Altísimo de San Francisco) 
 
 LECTURA (1ª Celano 7. 13)  
    Del hallazgo de una esposa y de cómo Francisco se despojó de sus vestidos ante el Obispo de Asís. El varón de Dios aseguraba que no quería marchar a la Pulla y prometia llevar a cabo nobles y grandes gestas en su propia patria. Quienes le oían hablar así pensaban que trataba de tomar esposa y por eso le preguntaban: "¿Pretendes casarte, Francisco?" A lo que él respondía: "Me desposaré con una mujer, la más noble y bella que jamás hayáis visto, y que superará a todas pues se excede en gentileza y sabiduría a todas las conocidas". En efecto la esposa inmaculada del Señor es la religión verdadera que él abrazó, el tesoro escondido, el Evangelio que vivió en la fe y en la verdad... Así, convencido su padre de que no podía persuadir al hijo del camino comenzado, pone toda su alma en arrancarle el dinero. El varón de Dios deseaba emplearlo todo en ayuda de los pobres y en restaurar la capilla pero, como no amaba el dinero no sufrió daño alguno bajo apariencia de bien, y quien no se sentía atado por él, no se turbó lo más mínimo al perderlo. Por eso, habiéndose ya encontrado el dinero que el gran despreciador de las cosas terrenas y ávido buscador de las riquezas celestiales, había arrojado entre el polvo de la ventana, se apaciguó un tanto el furor del padre y se mitigó algo de la sed de su avaricia con el vaho del hallazgo. Después de todo esto, el padre lo emplazó a comparecer ante el Obispo de la ciudad, para que renunciando en sus manos a todos los bienes, le entregara cuanto poseía. A nada de esto se opuso, al contrario, gozoso en extremo se dio prisa con tada su alma para hacer cuanto se le reclamaba. Una vez en la presencia del Obispo, no sufre demora ni vacila por nada; mas bien sin esperar palabra ni decirla inmediatamente, quitándose y tirando todos sus vestidos, se los restituye al padre quedando ante todos del todo desnudo. Percatándose el Obispo y admirado de su fervor y constancia, se levantó al momento y acogiéndolo entre sus brazos, lo cubrió con su propio manto. Comprendió claramente que se trataba de un designio divino y que los hechos del varón de Dios, que habian presenciado sus ojos, encerraban un misterio. Y animándolo y confortándolo lo abrazó con entrañas de caridad. 
 
PUNTOS PARA LA REFLEXIÓN 
 
- Francisco por las calles de Asís, varias veces fue escarnecido, tratado de loco y aún rechazado por su familia, sólo por seguir a Jesucristo. 
¿Y yo, me dejo llevar del respeto humano, del qué dirán, de mi amor propio? 
- Por las calles de Asís canta a su dama pobreza, pide piedras para construir San Damián, se hace pregonero del gran Rey, predica con una soga al cuello. 
Tendríamos que preguntarnos: ¿me avergüenzo yo de proclamar ante todos que soy un seguidor de Jesucristo? 
 
 BENDICIÓN DE SAN FRANCISCO 
 
El Señor os bendiga y os guarde. 
Haga brillar su rostro sobre vosotros y os conceda su favor. 
Vuelva su mirada a vosotros y os conceda la paz. 
El Señor os bendiga. 
 
(Tomado de la Novena hecha por Sor Clara N.)

jueves, 4 de octubre de 2012

FIESTA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS


En el nombre del Señor, Padre e Hijo y Espíritu Santo Amén.

A todos los cristianos, religiosos, clérigos y laicos, hombres y mujeres; a cuantos habitan en el mundo entero, el hermano Francisco, su siervo y súbdito: mis respetos con reverencia, paz verdadera del cielo y caridad sincera en el Señor. 
Puesto que soy siervo de todos, a todos estoy obligado a servir y a suministrar las odoríferas palabras de mi Señor. Por eso, recapacitando que no puedo visitaros personalmente a cada uno dada la enfermedad y debilidad de mi cuerpo, me he esto comunicaros, a través de esta carta y de mensajeros, las palabras de nuestro Señor Jesucristo, que es el Verbo del Padre, y las palabras del Espíritu Santo, que son espíritu y vida (Jn 6,64). 

La Palabra encarnada 

Este Verbo del Padre, tan digno, tan santo y glorioso, anunciándolo el santo ángel Gabriel, fue enviado por el mismo altísimo Padre desde el cielo al seno de la santa y gloriosa Virgen María, y en él recibió la carne verdadera de nuestra humanidad y fragilidad. 
Y, siendo El sobremanera rico (2Cor 8,9), quiso, junto con la bienaventurada Virgen, su Madre, escoger en el mundo la pobreza. Y poco antes de la pasión celebró la Pascua con sus discípulos, y, tomando el pan, dio las gracias, pronunció la bendición y lo partió, diciendo: Tomad y comed, esto es mi Cuerpo (Mt 26,26). Y, tomando el cáliz, dijo: Esta es mi sangre del Nuevo Testamento, que será derramada por vosotros y por todos para el perdón de los pecados (Mt 26,27). 
A continuación oró al Padre, diciendo: Padre, si es posible, que pase de mí este cáliz. Y sudó como gruesas gotas de sangre que corrían hasta la tierra (LC 22,44). Puso, sin embargo, su voluntad en la voluntad del Padre, diciendo: Padre, hágase tu voluntad (Mt 26,42); no se haga como yo quiero, sino como quieres tú (Mt 26,39). Y la voluntad de su Padre fue que su bendito y glorioso Hijo, a quien nos dio para nosotros y que nació por nuestro bien, se ofreciese a sí mismo como sacrificio y hostia, por medio de su propia sangre, en el altar de la cruz; no para sí mismo, por quien todo fue hecho (cf. Jn 1,3), sino por nuestros pecados, dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas (cf. lPe 2,21).
Y quiere que todos seamos salvos por El y que lo recibamos con un corazón puro y con nuestro cuerpo casto. Pero son pocos los que quieren recibirlo y ser salvos por El, aunque su yugo es suave, y su carga ligera (cf. Mt 11,30).
Los que no quieren gustar cuán suave es el Señor (cf. Sal 33,9) y aman más las tinieblas que la luz (Jn 3,19), no queriendo cumplir los mandamientos del Señor, son malditos; y de ellos dice el profeta: Malditos los que se apartan de tus mandamientos (Sal 118,21). En cambio, ¡oh, cuán dichosos y benditos son los que aman a Dios y obran como dice el Señor mismo en el Evangelio: Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón y con toda la mente, y a tu prójimo como a si mismo! (Mt 22,37.39)

 Los que hacen penitencia.  -Exhortaciones generales 

Amemos, pues, a Dios y adorémoslo con puro corazón y mente pura, porque esto es lo que sobre todo desea cuando dice: Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad (Jn 4,23). Porque todos los que lo adoran, es preciso que lo adoren en espíritu de verdad (cf. Jn 2,24). Y dirijámosle alabanzas y oraciones día y noche (Sal 31,4), diciendo: Padre nuestro, que estás en los cielos (Mt 6,9), porque es preciso oremos siempre y no desfallezcamos (LC 18,1).
Debemos también confesar todos nuestros pecados al sacerdote; y recibamos de él el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo. Quien no come su carne y no bebe su sangre (cf. Jn 6,55.57), no puede entrar en el reino de Dios (Jn 3,5). Pero cómalo y bébalo dignamente, porque quien lo recibe indignamente, come y bebe su propia sentencia no reconociendo el cuerpo del Señor (lCor 11,29), es decir, sin discernirlo. Hagamos, además, frutos dignos de penitencia (LC 3,8). Y amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos (cf. Mt 22,39). Y si alguno no quiere amarlos como a sí mismo, al menos no les haga el mal, sino hágales el bien.
Mas los que han recibido la potestad de juzgar a otros ejerzan el juicio con misericordia, como ellos mismos desean obtener misericordia del Señor. Pues juicio sin misericordia tendrán los que no hacen misericordia (Sant 2,13). Tengamos, por lo tanto, caridad y humildad; y hagamos limosna, porque ésta lava las almas de las manchas de los pecados (cf. Tob 4,11; 12,9). Los hombres pierden todo lo que dejan en este siglo; pero llevan consigo la recompensa de la caridad y las limosnas que hicieron, por las que recibirán del Señor premio y digna remuneración.
Debemos también ayunar y abstenernos de los vicios y pecados (Eclo 3,32), Y de la demasía en el comer y beber, y ser católicos. Debemos también visitar con frecuencia las iglesias y tener en veneración y reverencia a los clérigos, no tanto por lo que son, en el caso de que sean pecadores, sino por razón del oficio y de la administración del santísimo cuerpo y sangre de Cristo, que sacrifican sobre el altar y reciben y administran a otros. Y a nadie de nosotros quepa la menor duda de que ninguno puede ser salvado sino por las santas palabras y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, que los clérigos pronuncian, proclaman y administran. Y sólo ellos deben administrarlos y no otros.

A los religiosos 

Y de manera especial los religiosos, que renunciaron al siglo, están obligados a hacer más y mayores cosas, pero sin omitir éstas. Debemos aborrecer nuestros cuerpos con sus vicios y pecados, porque dice el Señor en el Evangelio: todos los males, vicios y pecados salen del corazón (Mt 15,18 - 19; Mc 7,23). Debemos amar a nuestros enemigos y hacer el bien a los que nos tienen odio (cf. Mt 5,44; LC 6,27).
Debemos guardar los preceptos y consejos de nuestro Señor Jesucristo. Debemos, igualmente, negarnos a nosotros mismos (cf. Mt 16,24) Y poner nuestros cuerpos bajo el yugo de la servidumbre y de la santa obediencia, según lo que cada uno prometió al Señor. Y nadie esté obligado por obediencia a obedecer a alguien en lo que se comete delito o pecado.
Pero aquel a quien ha sido encomendada la obediencia y que es tenido por mayor, sea como el menor (Lc 22,26) y siervo de los otros hermanos. Y con cada uno de los hermanos practique y tenga la misericordia que quisiera que se tuviera con él si estuviese en caso semejante. Tampoco se deje llevar de la ira contra el hermano por algún delito suyo, sino con toda paciencia y humildad amonéstelo y sopórtelo benignamente.
No debemos ser sabios y prudentes según la carne, sino, más bien, sencillos, humildes y puros. Y hagamos de nuestros cuerpos objeto de oprobio y desprecio, porque todos por nuestra culpa somos miserables y podridos, hediondos y gusanos, como dice el Señor por el profeta: Soy gusano y no hombre, oprobio de los hombres y abyección de la plebe (Sal 21,7). Nunca debemos desear estar sobre otros, sino, más bien, debemos ser siervos y estar sujetos a toda humana criatura por Dios (1Pe 2,13).

 Dichosos los que perseveran 

Y sobre todos aquellos y aquellas que cumplan estas cosas y perseveren hasta el fin, se posará el Espíritu del Señor (Is 11,2) y hará en ellos habitación y morada (cf. Jn 14,23). Y serán hijos del Padre celestial (Cf. Mt 5,45), cuyas obras realizan. Y son esposos, hermanos y madres de nuestro Señor Jesucristo (cf. Mt 12,50). Somos esposos cuando el alma fiel se une, por el Espíritu Santo, a Jesucristo. Y hermanos somos cuando cumplimos la voluntad del Padre, que está en el cielo (cf. Mt 12,50); madres, cuando lo llevamos en el corazón y en nuestro cuerpo (cf. ICor 6,20) por el amor y por una conciencia pura y sincera; lo damos a luz por las obras santas, que deben ser luz para ejemplo de otros (cf. Mt 5,16)
 ¡Oh, cuan glorioso es tener en el cielo un padre santo y grande! ¡Oh, cuán santo es tener un esposo consolador, hermoso y admirable. ¡oh cuan santo y cuan amado es tener a un tal hermano e hijo agradable, humilde y pacífico, dulce y amable y más que todas las cosas deseable! El cual dio su vida por sus ovejas (cf. Jn 10,15) y oró al Padre por nosotros, diciendo: Padre Santo, guarda en tu nombre a los que me diste (Jn 17,11). Padre todos los que me diste en el mundo, tuyos eran y me los diste a mí (Jn 17,6).
Y las palabras que me diste, a ellos se las di; y ellos las recibieron, y conocieron verdaderamente que de ti salí y creyeron que tu me enviaste (Jn 17,11); ruego por ellos y no por el mundo (cf. Jn 17,9); bendícelos y conságralos (Jn 17,17). También yo me consagro por ellos, para que ellos sean consagrados (Jn 17,19); bendícelos y conságralos (Jn 17, 17). También yo me consagro por ellos, para que ellos sean consagrados (Jn 17,19). Y quiero, Padre, que donde yo estoy también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria (Jn 17,24) en tu reino (Mt 20,21).
A quien tanto ha soportado por nosotros, tantos bienes nos ha traído y nos ha de traer en el futuro, toda criatura del cielo y de la tierra, del mar y ce los abismos, rinda como a Dios alabanza, gloria, honor y bendición (cf. Ap .5,13) porque él es nuestra fuerza y fortaleza, el solo bueno, el solo altísimo, el solo omnipotente, admirable, glorioso, y el solo santo laudable y bendito por los infinitos siglos. Amen.

 Los que no hacen penitencia 

Pero en cambio, todos aquellos que no llevan vida en penitencia ni reciben el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo; y que ponen por obra vicios y pecados; y que caminan tras la mala concupiscencia y los malos deseos y no guardan lo que prometieron; y que sirven corporalmente al mundo con los deseos carnales, con los cuidados y afanes de este siglo, y con las preocupaciones de esta vida, engañados por el diablo, cuyos hijos son y cuyas obras hacen (cf. Jn 8,41), son unos ciegos, pues no ven a quien es la luz verdadera, nuestro Señor Jesucristo.
No tienen sabiduría espiritual, porque no tienen en sí al Hijo de Dios, que es la verdadera sabiduría del Padre; de ellos se dice: Su sabiduría ha sido devorada (Sal 106, 27). Ven, conocen, saben y practican el mal, y a sabiendas pierden sus almas.
Mirad, ciegos, engañados por nuestros enemigos, la carne, el mundo, el diablo, que al cuerpo le es dulce cometer pecado y amargo servir a Dios, pues todos los males, vicios y pecados, del corazón del hombre salen y proceden (cf. Mc 7,21.23), Como dice el Señor en el Evangelio. Y nada tenéis en este siglo ni en el futuro. Pensáis poseer por mucho tiempo las vanidades de este siglo, pero estáis engañados, porque vendrán el día y la hora que no recordáis, desconocéis e ignoráis...

 Ruego final y bendición 
-En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Yo, el hermano Francisco, vuestro menor siervo, os ruego y suplico, en la caridad que es Dios (cf. Jn 4,16) y con el deseo de besaros los pies, que os sintáis obligados a acoger, poner por obra y guardar con humildad y amor estas palabras y las demás de nuestro Señor Jesucristo. Y a todos aquellos y aquellas que las acojan benignamente, las entiendan y las envíen a otros para ejemplo, si perseveran en ellas hasta el fin (Mt 24,13), bendíganles el Padre, y el Hijo, y el Espíritu.

miércoles, 27 de octubre de 2010

EL ESPÍRITU DE ASÍS



CARTA DE SAN FRANCISCO A LOS CIUDADANOS DEL MUNDO
"A cuantos vivís en la tierra, el hermano Francisco, os saluda con gozo y os deseo de todo corazón la Paz verdadera y el Amor fraterno de nuestro Señor y Hermano Cristo Jesús.
Hace ocho siglos, durante mi vida terrena, escribí cartas a todos los hombres invitándoles a vivir en paz, hermandad y santa alegría. Vuelvo a hacerlo ahora, a inicio del siglo XXI, porque me llegan noticias de violencias, odio, guerras, racismo, terrorismo, hambre...
Queridos hermanos: ¿Tendré que suprimir de mi Cántico de las Criaturas aquel verso que dice "Loado seas mi Señor, por nuestra hermana, la Madre Tierra"? ¿Tanto habéis endurecido el corazón que ya no os queda una gota de sentimiento, de compasión, de delicadeza, de cortesía, de amor?
¡Pobre Hermana Madre Tierra! cuando sus hijos cultivan el odio en vez del amor, crean discordia en vez de armonía y siembran lágrimas en vez de alegría.
Cuando el Señor me visitó con su paz, yo repetí a todos los hermanos: "La Paz con vosotros", "El Señor os dé su Paz", "Paz y Bien".

Hermanos todos, cuidad de este mundo enfermo:
-- Recuperad el silencio, aplastado por tantos ruidos.
-- Aprended a escucharos y escuchad a Dios en el rumor del río, la cascada, el bosque, el campo, la brisa del aire...
-- Fijaos en la alegría de los niños que juegan, en la mirada de los enamorados, en la caricia del beso de quienes os quieren... Porque quien llena los ojos y el corazón de tanta bondad e inocencia, es incapaz de asesinar la Vida y el Amor.
-- Dejad un sitio a Dios en vuestro corazón y la Paz interior irradiará ternura, alegría, esperanza, hermandad... a vuestro alrededor.
-- Haced llegar a todos los rincones del mundo estas palabras: "Paz y Bien".

Un abrazo de vuestro hermano Francisco de Asís

ORACIÓN DE SAN FRANCISCO POR LA PAZ
Señor, haz de mí un instrumento de tu paz,
que allí donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, ponga perdón;
donde haya discordia, ponga unión;
donde haya error, ponga verdad;
donde haya duda, ponga fe;
donde haya desesperación, ponga esperanza;
donde haya tinieblas, ponga vuestra luz;
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

Oh Maestro,
que no me empeñe tanto en ser consolado, como en consolar;
en ser comprendido, como en comprender;
en ser amado, como en amar;
pues dando, se recibe;
olvidando, se encuentra;
perdonando, se es perdonado;
muriendo, se resucita a la vida eterna.

domingo, 3 de octubre de 2010

NOVENA PEREGRINACIÓN A ASÍS (DÍA 9º)



EL MONTE ALVERNA

AMBIENTACIÓN
El monte Alverna es un promontoio aislado que forma parte de unas derivaciones de los Apeninos, con más de 1200 metros de altitud. Acercarse al Alverna supone subir despojados de todo, porque rompe nuestros esquemas. Contemplemos el maravilloso paisaje hasta llegar al "Calvario franciscano": montes, precipios, rocas, soledad, austeridad... ese lenguaje que proclama el absoluto de Dios. Visitemos en actitud contemplativa y reverente los santos lugares que encierra: el lecho de San Francisco, una profunda hendidura en la roca; la capilla de la cruz donde estaba la cabaña del Santo; la capilla de los estigmas donde quedó configurado con Cristo en la cruz, un lugar con rocas donde no se podía ir a ellas sino mediante un tronco puesto sobre simas profundas. Besemos este sitio, adoremos al Señor y démosle gracias por tan insigne favor hecho a su humilde siervo Francisco.

ORACIÓN
"Santísimo Padre nuestro, hágase tu voluntad, como en el cielo, también en la tierra: para que te amemos con todo el corazón, con todas nuestras fuerzas, buscando en todo tu honor, empleando todas nuestras energías y los sentidos del alma y del cuerpo en servicio, no de otra cosa, sino del amor a ti, y para que amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos, atrayendo a todos, según podamos, a tu amor. Amén."
(Paráfrasis del Padrenuestro)

LECTURA (1ª Celano; Tres Compañeros)
De cómo le fueron impresas las Llagas en el Monte Alverna

Estando en el monte Alverna, dos años antes de partir para el cielo tuvo Francisco una visión de Dios: vio a un hombre que estaba sobre él; tenía seis alas, las manos extendidas y los pies juntos, y aparecía clavado en una cruz. Dos alas se alzaban sobre su cabeza, otras dos se desplegaban para volar, y con las otras dos cubría todo su cuerpo. Ante esta contemplación, el bienaventurado siervo del Altísimo permanecía absorto en admiración, pero sin llegar a descifrar el significado de la visión. Se sentía envuelto en la mirada benigna y benévola de aquel serafín de inestimable belleza; esto le producía un gozo inmenso y una alegría fogosa; pero al mismo tiempo le aterraba sobre manera el verlo clavado en la cruz y la acerbidad de su pasión. Se levantó, por así decirlo, triste y alegre a un tiempo, alternándose en él sentimientos de fruición pesadumbre. Cavilaba con interés sobre el alcance de la visión, y su espíritu estaba muy acongojado, queriendo averiguar su sentido. Mas, no sacando nada en claro y cuando su corazón se sentía más preocupado por la novedad de la visión, comenzaron a aparecer en sus manos y en sus pies las señales de los clavos, el modo que poco antes los había visto en el hombre crucificado que estaba sobre sí.
Las manos y los pies se veían atravesados en su mismo centro por clavos, cuyas cabezas sobresalían en la palma de las manos y en el empeine de los pies y cuyas puntas aparecían a la parte opuesta. Estas señales eran redondas en la palma de la mano y alargadas en el dorso; se veía una carnosidad, como si fuera la punta de los clavos retorcida y remachada, que sobresalía del resto de la carne.
De igual modo estaban grabadas estas señales de los clavos en los pies, de forma que destacaban del resto de la carne. Y en el costado derecho, que parecía atravesado por una lanza, tenía una cicatriz que muchas veces manaba, de suerte que túnica y calzones quedaban enrojecidos con aquella sangre bendita.
La irrefutable verdad de las llagas no sólo quedó demostrada con toda claridad en vida y muerte del santo por cuantos las vieron y tocaron, sino que después de su muerte, quiso el Señor patentizarla con más claridad por medio de muchos milagros obrados en diversas partes del mundo..

PUNTOS PARA LA REFLEXIÓN

-Los estigmas no fueron en Francisco un fenónemo improvisado ni aislado del resto de su vida. Las llagas del Crucificado comenzaron a gestarse en el cuerpo de Francisco desde su encuentro con el Crucifijo de San Damián. Su vivir era Cristo. Jesús estaba en sus labios, en su mente, en su corazón.
- Lo que ocurrió en el Monte Alverna no fue otra cosa que la floración (en cinco flores rojas) de un amor de enamoramiento.
-¿Mi amor por Cristo es tan fuerte que podrían imprimirse en mi persona sus cinco llagas? Entre Francisco y nosotros hay sin duda una gran diferencia. Meditémoslo.

INVOCACIONES

Demos gracias al Señor, que muriendo en la cruz nos ha devuelto la vida, y dirijámole nuestra humilde oración.

- Gracias, Señor, por tu gloriosa pasión, muerte y Resurrección.
Te damos gracias, Señor.

-Gracias, Señor, pr haber asociado a tu siervo Francisco al misterio de la cruz.
Te damos gracias, Señor.

-Gracias, Señor, por las cinco llagas que grabaste en su cuerpo, para bien nuestro.
Te damos gracias, Señor.

-Gracias, Señor, por el monte Alverna, lugar especial de oración, y por los hermanos que allí vivieron y el mensaje que nos transmitieron.
Te damos gracias, Señor.

-Gracias, Señor, por el halcón y las aves que cantaban con Francisco, y por la bendición dada al hermanos León.
Te damos gracias, Señor.

-Gracias, también Señor, por llamarnos a nosotros a reproducir aquellas escenas de amor y de fidelidad.
Te damos gracias, Señor.

BENDICIÓN DE SAN FRANCISCO
El Señor os bendiga y os guarde.
Haga brillar su rostro sobre vosotros y os conceda su favor.
Vuelva su mirada a vosotros y os conceda la paz.
El Señor os bendiga.

NOVENA PEREGRINACIÓN A ASÍS (DÍA 8º)


GRECCIO

AMBIENTACIÓN
En este día visitamos Greccio, el belén franciscano. El santuario de Greccio se encuentra prácticamente pegado a una roca que cae perpendicularmente sobre el abismo. Está a una altura de 638 m. Fue aquí, en este impresionante lugar donde se llevó a cabo la memorable celebración de la Navidad en 1223, después de la cual probablemente Francisco permaneció en este lugar hasta 1224. La piedra que está en la gruta, debajo del altar, según se cree fue el sitio donde se adoptó la cuna para el Niño Jesús. Descubrir en este espectáculo maravilloso de la naturaleza lo que encierra del espíritu de Francisco. Gustaba de los lugares altos y encumbrados para remontarse hacia Dios y experimentar allí su propia miseria. Sólo el amor al Verbo encarnado le llevó a montar un belén viviente cuando nada existía donde poder inspirarse, brotó de su corazón enamorado de Jesucristo.

ORACIÓN
"Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, Padre santo y justo, Señor rey de cielo y tierra, porque nosotros, míseros y pecadores, no somos dignos de nombrarte, imploramos suplicantes que nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo amado, en quien has hallado complacencia, que te basta siempre para todo y por quien tantas cosas nos has hecho, te dé gracias de todo junto con el Espíritu Santo paráclito como a Ti y a Él mismo le agrada. Amén." (1ª Regla)

LECTURA (1ª Celano)
El pesebre que preparó el día de Navidad

El bienaventurado Francisco amaba con amor singular a un hombre llamado Juan, de buena fama y de mejor tenor de vida. Unos quince días antes de la navidad del Señor, el bienaventurado Francisco le llamó, como solía hacerlo con frecuencia y le dijo: "Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date prisa en ir allá y prepara prontamente lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno. En oyendo esto el hombre bueno y fiel, corrió presto y preparó en el lugar señalado cuanto el santo le había indicado.
Llegó el día, día de alegría, de exultación. Se citó a hermanos de muchos lugares; hombres y mujeres de la comarca, rebosando de gozo, prepararon, según sus posibilidades, cirios y teas para iluminar aquella noche que, con su estrella centelleante, iluminó todos los días y años. Llegó, en fin, el santo de Dios, y, viendo que todas las cosas estaban dispuestas, las contempló y se alegró. Se prepara el pesebre, se trae el heno y se colocan el buey y el asno. Greccio se convierte en un nuevo Belén. LLega la gente, y, ante el nuevo misterio, saborean nuevos gozos. La selva resuena de voces y las rocas responden con himnos de júbilo. Cantan los hermanos las alabanzas del Señor y toda la noche transcurre entre cantos de alegría. El santo de Dios está de pie ante el pesebre desbordando en amor, traspasado de piedad, derretido en inefable gozo. Se celebra el rito solemne de la misa sobre el pesebre y el sacerdote goza de singular consolación.
El santo viste los ornamentos de diácono y con voz sonora canta el evangelio. Luego predica al pueblo con palabras que vierten miel. Cuando pronunciaba el nombre de Jesús, se pasaba la lengua por los labios como si saboreara en su paladar la dulzura de estas palabras.
Se multiplican allí los dones del Dios Omnipotente, un varón virtuoso tiene la admirable visión de ver a un niño recostado en el pesebre que se acerca a Francisco y le toca... Terminada la solemne vigilia, todos retornaron a su casa colmados de alegría.

PUNTOS PARA LA REFLEXIÓN

-San Francisco, llevado de su ardiente amor a Jesucristo, inventó los belenes vivientes. De la navidad de Greccio brotó una nueva espiritualidad popular en la Iglesia. ¿Qué nos queda a nosotros de este carisma recibido en aquella noche santa?

- Fue en Greccio donde el santo, a causa de la almohada de plumas donde dijo al compañero: "El diablo va con gusto en compañía de la opulencia, sobre todo cuando no son necesarias las cosas o están en contradicción con la vida que hemos profesado".

- Hoy tendríamos que examinar la pobreza y ver si la vivimos con la misma radicalidad con que la vivía San Francisco.

INVOCACIONES
Bendigamos al Señor Dios vivo y verdadero; rindámosle alabanza, gloria, honor, bendición y restituyámosle siempre todos los bienes.

- Omnipotente, Altísimo, buen Señor, tuyos son la alabanza, la gloria y el honor.
Alabémosle y ensalcémosle por los siglos.

-Loado seas, mi Señor, por todas tus criaturas, en especial loado por el hermano sol.
Alabémosle y ensalcémosle por los siglos.

- Loado seas, mi Señor, por el pesebre de Greccio en que te hiciste presente entre los brazos de Francisco.
Alabémosle y ensalcémosle por los siglos.

- Loado seas, mi Señor, por el amor que tuvo al misterio de Belén, hasta llegar a identificarse con Jesucristo.
Alabémosle y ensalcémosle por los siglos.

- Loado seas, mi Señor, por el mensaje de esta noche dichosa de amor a la naturaleza y a los hombres.
Alabémosle y ensalcémosle por los siglos.

BENDICIÓN DE SAN FRANCISCO
El Seños os bendiga y os guarde.
Haga brillar su rostro sobre vosotros y os conceda su favor.
Vuelva su mirada a vosotros y os conceda la paz.
El Señor os bendiga.

sábado, 2 de octubre de 2010

NOVENA PEREGRINACIÓN A ASÍS (DÍA 7º)



FONTE COLOMBO

AMBIENTACIÓN
Visitamos hoy el eremitorio de Fonte Colombo, "santuario en el que Francisco escribió la Regla". La tradición franciscana lo compara con el monte Sinaí. Bello en su panorámica, retirado y propicio para la contemplación como al Santo le gustaba. Recorramos el sendero con recogimiento, oremos ante cada ermita que se encuentra en el camino, antes de llegar hasta la gruta sagrada, una impresionante hendidura en la roca de un metro de ancha por siete de profundidad, donde siempre ha sido venerado como el lugar donde fue redactada la Regla de 1223, durante una Cuaresma de ayuno y oración que hizo aquí Francisco. Arrodillémonos también en el sitio donde el cirujano cauterizó los ojos al Santo a causa de aquella dura enfermedad que padeció y pidámosle que nos conceda parte de su espíritu.

ORACIÓN
"Temed y honrad, alabad y bendecid, dad gracias y adorad al Señor Dios omnipotente, en Trinidad y Unidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, creador de todas las cosas. Por los siglos de los siglos. Amén." (1ª Regla)

LECTURA (Leyenda Mayor)
De cómo San Francisco escribió la Regla en Fonte Colombo

Estando ya muy extendida la Orden, quiso Francisco que el Papa Honorio le confirmara para siempre la forma de vida que había sido ya aprobada por su antecesor el Papa Inocencio. Se animó a llevar adelante dicho proyecto, gracias a la siguiente inspiración que recibiera del Señor.
Parecíale que recogía del suelo unas finísimas migajas de pan que debía repartir entre una multitud de hermanos suyos famélicos, que le rodeaban. Temeroso de que al distribuir tan tenues migajas se le deslizaran por las manos, oyó una voz del cielo que le dijo: "Francisco, con todas las migajas haz una hostia y da de comer a los que quieran..."
Al día siguiente, guiado por el Espíritu Santo subió a un monte con dos de sus compañeros (este lugar es Fonte Colombo) y allí entregado al ayuno, contentándose tan sólo con pan y agua, hizo escribir la Regla, tal y como el Espíritu divino se lo sugería en la oración. Cuando bajó del monte, entregó dicha Regla a su vicario para que la guardase; al decirle éste, después de pocos días que se había perdido, por descuido, el Santo volvió nuevamente al mencionado lugar solitario, y la recompuso enseguida de forma idéntica a la primera, como el Señor le hubiera ido sugiriendo cada una de sus palabras. Después, de acuerdo con sus deseos, obtuvo que la confirmara el señor Papa Honorio en el octavo año de su pontificado. Cuando exhortaba fervorosamente a sus hermanos a la fiel observancia de la Regla, les decía que en su contenido nada había puesto de su propia cosecha, antes, al contrario, la había hecho escribir toda ella según se lo había revelado el mismo Señor.

PUNTOS PARA LA REFLEXIÓN

- Hoy podemos imaginar a Francisco de rodillas, en alta contemplación, redactando la Regla inspirado por el Espíritu Santo.
¿Es para nosotros la Regla que Francisco escribió "libro de la vida", esperanza de salvación, médula del Evangelio, camino de perfección, llave del paraíso, pacto de alianza eterna?

Se hace urgente volver a las fuentes y vivir con el mismo espíritu del Santo nuestra propia vocación.

INVOCACIONES

Oremos a Dios Padre, el Sumo Bien que concedió a Francisco crear una nueva familia en la Iglesia siguiendo el Evangelio.

- Padre, repara tu Iglesia y envía nuevas vocaciones a la Orden Franciscana, con el mismo espíritu que tuvo el bienaventurado Francisco.
Padre, escucha nuestra oración.

- Padre, concede la justicia y el amor a todas las naciones de la tierra, para que desaparezcan entre los hombres el odio y las guerras, y reine el bienestar entre todos.
Padre, escucha nuestra oración.

- Padre, concédenos a nosotros el espíritu de minoridad y sencillez, para que seamos testigos del Reino, como se lo concediste a tu siervo Francisco.
Padre, escucha nuestra oración.

BENDICIÓN DE SAN FRANCISCO
El Señor os bendiga y os guarde.
Haga brillar su Rostro sobre vosotros y os conceda su favor.
Vuelva su mirada a vosotros y os conceda la paz.
El Señor os bendiga.

viernes, 1 de octubre de 2010

NOVENA PEREGRINACIÓN A ASÍS (DÍA 6º)



LAS CÁRCELES

AMBIENTACIÓN
El eremitorio de Las Cárceles se encuentra en un repliegue del monte Subasio, rodeado de espeso bosque de fértil vegetación, con muchas hondonadas y precipios que adornan el paisaje. Visitemos la gruta de San Francisco donde se retiraba a orar, la cabaña donde, según la tradición venían los pájaros para cantar y escuchar al Santo, el árbol milenario donde predicó a las avecillas, las celditas de los primeros hermanos excavadas directamente en la roca. Subamos a lo alto recogidos en contemplación. Arrodillémonos en silencio donde San Francisco escribió la Regla para los Eremitorios y pidamos al santo que nos dé el amor a la soledad para vivir el espíritu de oración y la unión con Dios.

ORACIÓN
"Santísimo Padre nuestro: creador, redentor, consolador y salvador nuestro! Que estás en los cielos, en los ángeles y en los santos; iluminándoles para conocer, porque tú, Señor, eres la luz; inflamándolos para amar, porque tú, Señor, eres el amor; habitando en ellos y colmándolos para gozar, porque tú, Señor, eres el bien sumo. Clarificada sea en nosotros tu noticia, para que conozcamos cuál es la anchura de tus beneficios, la largura de tus promesas, la altura de tu majestad y la hondura de tus juicios. Amén."
(Paráfrasis del Padrenuestro)

LECTURA (2ª Celano y Leyenda Mayor)
Del amor de Francisco a la oración

Buscaba siempre lugares escondidos, donde no sólo en el espíritu, sino en cada uno de los miembros, pudiera adherirse por entero a Dios. Cuando, estando en público, se sentía de pronto afectado por visitas del Señor, para no estar ni entonces fuera de la celda hacía de su mano una celdilla; a veces -cuando no llevaba el manto- cubría la cara con la manga para no poner de manifiesto el maná escondido. Siempre encontraba manera de ocultarse a la mirada de los presentes, para que no se dieran cuenta de los toques del Esposo, hasta el punto de orar entre muchos sin que lo advirtieran en la estrechez de la nave. Y cuando no podía hacer nada de esto, hacía de su corazón un templo. Pero cuando oraba en selvas y soledades, llenaba de gemidos los bosques, bañaba la tierra con lágrimas, se golpeaba el pecho y allí, enajenado, -como quien ha encontrado un santuario más recóndito- hablaba muchas veces con su Señor. Allí respondía al Juez, oraba al Padre, conversaba con el Amigo, se deleitaba con el Esposo. Y, en efecto, para convertir en formás múltiples de holocausto las intimidades todas más ricas de su corazón, reducía a suma simplicidad lo que a los ojos se presentaba múltiple. Rumiaba muchas veces en su interior sin mover los labios, e, interiorizando todo lo externo, elevaba su espíritu a los cielos. Así, hecho todo él no ya sólo orante, sino oración, enderezaba todo él -mirada interior y afectos- hacia lo único que buscaba en el Señor.
Sumido así en alta cotemplación suscitose entre Francisco y sus compañeros la duda de si debían vivir en medio de la gente o más bien retirarse a lugares solitarios. Después de consultar a Fray Silvestre y a la santa virgen Clara ambos coincidierosn que era voluntad de Dios que el heraldo de Cristo saliese a predicar a todos el Evangelio.

PUNTO PARA LA REFLEXIÓN
-Las Cárceles, tal y como se encuentra actualmente, dejan admirados y asombrados a cuantos las visitan. Parece increible que los hermanos pudieran vivir en estas grutas y en estos bosques. ¿Busco yo el silencio, el recogimiento, los lugares apartados para mi encuentro personal con el Señor?

INVOCACIONES

Oremos confiadamente al Señor y pidámosle nos conceda tener el espíritu de oración y la oración misma.

-Concédenos, como a Francisco, el amor al silencio y al retiro, donde tú te comunicas, para que vivamos en adoración y contemplación.
Gloria al Señor, por siempre.

-Que nada nos arredre en el camino emprendido, ni pobreza, ni humillación, ni desprecio.
Gloria al Señor, por siempre.

-Que haya muchos, que olvidándose de sí mismos, sigan los pasos de nuestro Señor Jesucristo, como lo hizo Francisco.
Gloria al Señor, por siempre.

-Envía tu Espíritu a todos los hombres, para que venga la paz y el amor a todos los corazones.
Gloria al Señor, por siempre.

-Recibe, como ofrenda de alabanza, la fe de los justos, el dolor de los que sufren y la oblación de cuantos se han consagrado a tu servicio.
Gloria al Señor, por siempre.

BENDICIÓN DE SAN FRANCISCO
El Señor os bendiga y os guarde.
Haga brillar su Rostro sobre vosotros y os conceda su favor.
Vuelva su mirada a vosotros y os conceda la paz.
El Señor os bendiga

jueves, 30 de septiembre de 2010

NOVENA PEREGRINACIÓN A ASÍS (DÍA 5º)



RIVOTORTO

AMBIENTACIÓN
Hoy nos detenemos en Rivotorto, en un lugar cerca de Asís. Aquí se detuvieron los doce primeros compañeros a su regreso de Roma, después de obtener de Inocencio III la aprobación oral de su forma de vida ("proto-Regla"). La vida que llevaron allí los hermanos es más digna de admirar que de imitar. Vivían como los ángeles.
Al visitar Rivotorto pidamos al Santo que nos dé parte en su espíritu, y que no nos dejemos llevar de la vida fácil, si es que de verdad queremos seguir sus huellas, para configurarnos con Cristo.

ORACIÓN
"Concédenos, Señor, a nosotros, hombres miserables, hacer por Ti lo que sabemos Tú quieres, y siempre querer lo que te agrada, para que, interiormente purificados, iluminados y encendidos por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y por sola tu gracia llegar a Ti, oh Altísimo, que vives y reinas en Trinidad perfecta y muy simple unidad y eres glorificado, Dios omnipotente, por los siglos de los siglos. Amén."
(Carta a toda la Orden)

LECTURA (1ª Celano)
Cómo San Francisco llegó a Rivotorto y de la observancia de la pobreza

Recogíase el bienaventurado Francisco con los suyos en un lugar próximo a la ciuda de Asís, que se llamaba Rivo Torto. Había allí una choza abandonada; en ellas vivían los más valerosos despreciadores de las grandes y lujosas viviendas y su resguardo se defendían de los aguaceros. Pues, como decía el Santo, "más presto se sube al cielo desde una choza que desde un palacio". Todos los hijos y hermanos vivían en aquel lugar con su Padre, padeciendo mucho y careciendo de todo; privados muchísimas veces del alivio de un bocado de pan, contentos con los nabos que mendigaban trabajosamente de una parte a otra por la llanura de Asís. Aquel lugar era tan exageradamente reducido, que malamente podían sentarse ni descansar. Con todo, no se oía, por este motivo, murmuración o queja alguna; antes bien, con ánimo sereno y espíritu gozoso, conservaban la paciencia.
San Francisco practicaba con el mayor esmero todos los días, mejor continuamente, el examen de sí mismo y de los suyos: no permitiendo en ellos nada que fuera peligroso, alejaba de sus corazones toda negligencia. Riguroso en la disciplina, para defenderse a sí mismo mantenía una vigilancia estricta. Si alguna vez la tentación de la carne le excitaba, cosa natural, arrojábase en invierno a un pozo lleno de agua helada y permanecía en él hasta que todo incentivo carnal hubiera desaparecido. Ni que decir tiene que a ejemplo de tan extraordinaria penitencia era seguido con inusitado fervor por los demás.
...Escribía el nombre de los hermanos en los maderos de la choza para que, al querer orar o descansar, reconociera cada uno su puesto y lo reducido del lugar no turbase el recogimiento del espíritu.

PUNTOS PARA LA REFLEXIÓN

- En Rivotorto, una noche, uno de los hermanos se moría de hambre. El santo, sin vacilar se puso a comer para que al hermano no le diera vergüenza. Tendría que preguntarme: ¿me preocupo tanto de los demás que llego a compartir sus necesidades y a tapar sus defectos?

- Es conocido cómo en este lugar llegó un campesino con su borrico al cual invitaba a entrar. El santo y los suyos se marcharon al instante porque no estaban apegados ni siquiera a una choza. ¿Y yo, me encuentro instalado en mi casa, en mis cosas, en mi vida...?

INVOCACIONES

Unidos en oración de alabanza dirijámonos a Dios Padre con las mismas palabras con que lo hacía San Francisco, y pidámosle con conceda su gracia y su amor.

-Dichoso el siervo que no se enaltece más por el bien que el Señor dice y obra por su medio, que por el que dice y obra por medio de otro.
Te alabamos, Padre y confiamos en ti.

-Dichoso el que soporta a su prójimo como quería que le soportaran a él si estuviese en caso semejante.
Te alabamos, Padre y confiamos en ti.

-Dichoso el que no se tiene por mejor cuando es engrandecido por los hombres que cuando es tenido por vil y despreciable.
Te alabamos, Padre y confiamos en ti.

-Dichoso el que ama tanto a su hermano cuando está enfermo y no puede corresponderle como cuando está sano y le puede corresponder.
Te alabamos, Padre y confiamos en ti.

-Dichoso el que ama y respeta a su hermano lo mismo cuando está presente que cuando está ausente.
Te alabamos, Padre y confiamos en ti.

BENDICIÓN DE SAN FRANCISCO
El Señor os bendiga y os guarde.
Haga brillar su rostro sobre vosotros y os conceda su favor.
Vuelva su mirada a vosotros y os conceda la paz.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

NOVENA PEREGRINACIÓN A ASÍS (DÍA 4º)



LAS LEPROSERÍAS

AMBIENTACIÓN
En el valle de Espoleto que mira a Asís había toda una red de leproserías y asilos para los leprosos. La lepra estaba muy difundida en la región de la Umbría. Los leprosos constituían un verdadero problema social. El leproso estaba considerado como un muerto en vida y la lepra, una maldición. El que contraía esta enfermedad debía tocar una campanilla por donde iba a pasar para que nadie se arrimase a él. Se esparcía ceniza sobre su cabeza comenzando a vivir en solitario. No podía cruzar las puertas de la ciudad, no podía beber en las fuentes públicas, para no contaminarlas...
En cambio, en la vida de San Francisco encontramos todo lo contrario. Para el Santo significaron mucho los leprosos. El contacto con ellos era lo primero que exigía a quiénes pedían ingresar en la Orden. Visitemos este lugar con toda reverencia. Volvamos la mirada al contexto de su época, a las varias leproserías que él frecuentaba, y descubramos las escenas idílicas de amor que Francisco vivió entre nuestros hermanos los leprosos.

ORACIÓN
"Padre, hágase tu voluntad, como en el cielo, también en la tierra: para que te amemos con todo el corazón, pensando siempre en ti; con toda el alma, deseándote siempre a ti; buscando en todo tu honor; y con todas nuestras fuerzas, empleando todas nuestras energías y los sentidos del alma y del cuerpo en servicio, no de otra cosa, sino del amor a ti; y para que amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos, atrayendo a todos, según podamos, a tu amor, alegrándonos de los bienes ajenos como de los nuestros y compadeciéndolos en los males y no ofendiendo a nadie. Amén."
(Paráfrasis del Padrenuestro)

LECTURA (2ª Celano, 1ª Celano y Leyenda Mayor)
De cómo San Francisco vivía con los leprosos

Si de algunos -entre todos los seres deformes e infortunados del mundo- se apartaba instintivamente con horror Francisco, era de los leprosos. En efecto, tan repugnante le había sido la visión de estos, como él decía, que en sus años de vanidades, al divisar de lejos, a unas dos millas, sus casetas, se tapaba la nariz con las manos.
Mas, un día que paseaba a caballo por las cercanías de Asís le salió al paso uno. Y por más que le causara no poca repugnancia y horror, para no faltar, como transgresor del mandato, a la palabra dada, saltando del caballo, corrió a besarlo. Y, al extenderle el leproso la mano en además de recibir algo, Francisco, besándosela, le dio dinero. Volvió a montar al caballo, miró luego a un lado y a otro lado, y aunque era aquel un campo abierto sin estorbos a la vista, ya no vio al leproso. Desde este momento comenzó a tenerse más y más en menos, hasta que por la misericordia del Redentor, consiguió la total victoria sobre sí mismo.
Lleno de admiración y de gozo por lo acaecido, pocos días después trata de repetir la misma acción. Se va al lugar donde moran los leprosos y según va dando dinero a cada uno, les llena de besos. Así toma lo amargo por dulce y se prepara varonilmente para realizar lo que le espera.
Después el Santo enamorado de la perfecta humildad, se fue a donde estaban los leprosos. Vivía con ellos y servía a todos por Dios con extrema delicadeza. Les lavaba los pies, vendaba sus heridas, y hasta con admirable devoción las llagas ulcerosas, el que había de ser después el médico evangélico. Por lo cual, consiguió del Señor el poder de curar prodigiosamente las enfermedades espirituales y corporales.

PUNTO PARA LA REFLEXIÓN
- La experiencia de Francisco con los leprosos tiene una estrecha relación del encuentro con Cristo crucificado. Fue a partir del dolor cuando entendió mejor el significado de la cruz. Jesucristo dejó de ser para él una idea y se convirtió en Alguien con rostro sangrante. Y yo que veo a tantos y tantos, cómo viven en la miseria, pobres, enfermos, ¿qué hago por ellos?

INVOCACIONES
Demos gracias al Señor que, muriendo en la cruz nos ha devuelto la vida y pidamos perdón por nuestras deficiencias,

- Francisco se sentía dichoso en medio de los leprosos. Por no vivir en fidelidad el amor hacia los pobres y más necesitados que nos legó el santo.
Perdónanos, Señor.

- Francisco, que despreciaba el dinero, lo permite en su Regla no bulada para ayuda de los leprosos. Por no privarnos nosotros de algo de nuestra mesa en favor de aquellos que se mueren de hambre.
Perdónanos, Señor.

Francisco, buscaba ser despreciado, humillado y tenido en nada. Por no someter nuestras mentes orgullosas y rebeldes, y no tener un corazón grande y generoso, como el de Francisco.
Perdónanos, Señor.

BENDICIÓN DE SAN FRANCISCO
El Señor os bendiga y os guarde.
Haga brillar su rostro sobre vosotros y os conceda su favor.
Vuelva su mirada a vosotros y os conceda la paz.

viernes, 12 de febrero de 2010

SEÑOR, ¿QUÉ QUIERES QUE HAGA?


Hemos celebrado el 8º centenario de la fundación de la Orden de los Menores, desde el año 2006 (aniversario de la conversión de Francisco) hasta el 2009 (aniversario de la aprobación de la “Protorregla” por el Papa Inocencio III). ¡800 años! Pero ¿cómo fueron aquellos comienzos? Como ocurre siempre, la iniciativa fue del Señor; la persona elegida, Francisco, un joven de Asís, hijo de su época, el siglo XIII, época de grandes cambios.
Francisco era alegre y jovial, le gustaba vestir bien y salir de fiesta con sus amigos; le consideraban el rey de la juventud. Pertenecía a la nueva sociedad de artesanos y comerciantes por su familia, pero su carácter caballeresco le hacía entonar con el ambiente feudal de los cantares de gesta y con las virtudes humanas de los caballeros andantes: cortesía, lealtad, liberalidad, valentía, compasión por los seres débiles e indefensos.
Con 20 años tomó parte en la guerra civil entre Asís y Perusa y acabó prisionero. El Señor empezaba a trabajar en él. Durante su cautividad hubo tiempo para la reflexión, y aunque lo lógico era sentir tristeza por la derrota, la falta de libertad y lejos de su familia y amigos, Francisco se mantenía no sólo alegre, sino eufórico.
Al cabo de un año regresó a casa y apagada, de momento, su sed de gloria volvió a zambullirse en las fiestas juveniles, trasnochando hasta altas horas. Entonces le visitó la enfermedad dejándole postrado, al cuidado de su madre, por una larga temporada. De nuevo el Señor le regalaba tiempo para la reflexión. Cuando empezó a recuperarse daba largos paseos por los campos que rodean la ciudad, pensando quizás en lo efímera que es la vida. Pero la posibilidad de ser armado caballero volvió a despertar en él la sed de gloria y se alistó en una nueva campaña militar. La primera noche de la expedición, en Espoleto, Francisco escuchó en sueños una voz que le preguntaba: -“Francisco, ¿Quién piensas podrá beneficiarte más: el señor o el siervo? – El señor. -¿Por qué entonces abandonas al señor por el siervo? – Señor, ¿qué quieres que haga? –Vuelve a tu casa y lo entenderás todo”.
Francisco regresó a Asís y reanudó su vida normal, pero ya nada era igual que antes. Buscaba estar a solas con el Señor para averiguar cuál era su voluntad. Un día que pasaba al lado de una pequeña iglesia casi derruida, la iglesia de S. Damián, entró a hacer oración. Se encontró con un crucifijo bizantino. Un Cristo resucitado de ojos grandes que le miraba, y oró así: “Oh alto y glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón, dame una fe recta, una esperanza cierta y una caridad perfecta; sentido y conocimiento Señor para guardar tu santo y veraz mandamiento. Amén.” Y escuchó una voz que le decía: “Francisco, ve y repara mi casa, que amenaza ruina”. Por fin, el Señor le había revelado su voluntad, pero al contrario de lo que se puede pensar y como suele ocurrir en todo proceso vocacional, para Francisco comenzaba una nueva etapa en la que debía descubrir el significado de “reparar la casa de Dios” y la manera de llevarlo a cabo.