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lunes, 20 de julio de 2026

ESTE VERANO DÉJATE BRONCEAR POR EL SOL QUE NACE DE LO ALTO

Dicen que tomar el sol es fuente de vitaminas para la salud. También la exposición diaria ante el Sol que nace de lo alto, ante el Sol del Sagrario, es fuente de vitaminas beneficiosas para la vida espiritual:


• Vitamina A, de la Alegría cristiana
• Vitamina B1, de la Bondad,
• Vitamina B6, de la apreciación de la Belleza,
• Vitamina B12, de las Bienaventuranzas,
• Vitamina C, de la Caridad,
• Vitamina D, de la Delicadeza,
• Vitamina E, de la Esperanza,
• Vitamina F, de la Fraternidad,
• Vitamina K, del “Kairós” (tiempo de gracia)y de la “Koinonía” (Común unión)

Por supuesto, existen efectos secundarios, muchos de los cuales aún no se han descrito. Pero podemos señalar algunos: puedes encontrar:

 ALIVIO…“Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré”(Mt 11, 28)
“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. Así hallaréis alivio para vuestra vida” (Mt, 11, 29)

 DESCANSO… “Venid solos a un lugar solitario y descansad un poco” (Mc 6, 31)

 PERDÓN…“Estaba todavía lejos, cuando lo vio su padre y se enterneció. Corriendo hacia él se echó a su cuello y lo cubrió de besos” ((Lc 15, 20)

 CONFIANZA… “Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra y al que llama se le abre” (Mt 7, 7-8)

 ACEPTACIÓN… “El que venga a mí, yo nunca le rechazaré” (Jn 6, 37)

 PAZ…“La paz con vosotros” (Lc 24, 36). “La paz esté con vosotros” (Jn 20, 26)

 VALENTÍA… “No tengáis miedo” (Mt 28, 10)

 UN PADRE… “Diles a mis hermanos, que voy a mi Padre, que es también vuestro Padre; a mi Dios,
que es también vuestro Dios” (Jn 20, 17)

 UNA MADRE: … “Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo a quien tanto amaba, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre” (Jn 19, 26-27)

 UN AMIGO FIEL… “Y sabed que yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo” (Mt 18, 20)

 EL AMOR VERDADERO… “Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos” (Jn 16, 13)

 LA ETERNIDAD: … “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre” (Jn 6, 51)


Pero lo más sorprendente es que cualquier momento es oportuno, y no hay límite de tiempo. Cuánto más tiempo estés ante Él, mayores beneficios para tu vida.

¿Cómo hacerlo?
Hay muchas maneras, tantas como personas hay en el mundo. Poco a poco irás descubriendo la tuya. Aquí te podemos sugerir alguna.
En primer lugar has de buscar una iglesia, y dentro de ella localizar el Sagrario. Sitúate cerca de él y haz un acto de fe: Jesús, creo que estás aquí, que me ves y que me oyes. Y si no tienes fe, ¡pídesela!: “Pedid y recibiréis” (Mt 7, 7). Luego, deja que el silencio entre en tu interior, y deja hablar al corazón. Puedes contarle tus preocupaciones, tus sufrimientos, tus ilusiones, tus alegrías… o simplemente “estar”, “tratando de amistad a solas con quien sabemos que nos ama” (Sta. Teresa de Jesús).
No busques resultados a corto plazo; puedes conseguirlos o no. Ten paciencia y no te desanimes si te parece que no notas nada. Puede ser que tú no lo notes, pero si perseveras, serán las personas que te rodean, quienes vean en ti un brillo diferente.
Y no te asustes, si a largo plazo compruebas que “crea dependencia” y no puedes prescindir de ese tiempo que pasas ante el Sagrario, pues es que allí está

“Aquel cuya hermosura admiran sin cesar los bienaventurados ejércitos celestiales;
cuyo amor aficiona,
cuya contemplación nutre,
cuya benignidad llena,
cuya suavidad colma” (Santa Clara de Asís).

Y algún día, podrás decir con San Francisco de Asís:


Tú eres el santo Señor Dios único,
el que haces maravillas.
Tú eres el fuerte,
tú eres el grande
tú eres el Altísimo,
tú eres el rey omnipotente;
tú, Padre santo
rey del cielo y de la tierra.
Tú eres el trino y uno, Señor Dios de los dioses;
tú eres el bien, el todo bien, el sumo bien,
Señor Dios vivo y verdadero.
Tú eres el amor, la caridad;
tú eres sabiduría,
tú eres la humildad,
tú eres paciencia,
tú eres la belleza,
tú eres la mansedumbre;
tú eres seguridad,
tú eres el descanso,
tú eres el gozo
tú eres nuestra esperanza y alegría,
tú eres la justicia,
tú eres la templanza,
tú eres toda nuestra riqueza a satisfacción.
Tú eres la belleza,
tú eres la mansedumbre,
tú eres el protector,
tú eres nuestro custodio y defensor;
tú eres la fortaleza,
tú eres el refrigerio.
Tú eres nuestra esperanza,
tú eres nuestra fe,
tú eres nuestra caridad,
tú eres toda nuestra dulzura,
tú eres nuestra vida eterna,
grande y admirable Señor,
Dios omnipotente, misericordioso Salvador.


No pierdas la ocasión, y atrévete. Deja que los rayos de su Amor penetren por cada poro de tu piel, renueven todo tu ser y te transformen en una persona nueva.
¿A qué esperas? Busca un Sagrario, y prueba. Él te está esperando. ¡No quedarás defraudado!
Sor Mª Cristina de la Eucaristía

martes, 2 de febrero de 2016

DÍA DE LA VIDA CONSAGRADA. "SOY FELIZ"


Te damos gracias  porque nos llamas,
porque nos tienes cerca de Ti.
Mi vida entera es toda tuya.
Yo nada quiero. Ya soy feliz.

Más yo, Señor, sé comprender
que nada puedo; que nada soy,
pero tu voz viene hasta mí:
nada te inquiete. Contigo estoy.

Has sido Tú quien me buscó.
Viniste a verme, tu voz me habló.
Yo solo sé seguir tu voz.
Tan solo a Ti busco, Señor.

Quiero cantar, quiero decir
cuánta alegría nace de mí.
Quiero habitar dentro de Ti.
Siempre a tu lado quiero vivir.

Gracias te da mi corazón
porque nos haces uno en tu amor.
Todo mi ser es para Tie.
Yo nada quiero. Ya soy feliz. 

(En el apartado de los videos podéis escuchar la canción)

sábado, 7 de febrero de 2015

Vida Consagrada, "Amigos fuertes de Dios"




“¿Qué buscáis?” “Maestro, ¿dónde vives?” “Venid y lo veréis”… Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Eran como las cuatro de la tarde” (Jn 1, 38-39)
San Juan no cuenta qué vieron ni lo que hicieron aquel día, pero tuvo que ser una experiencia tan fuerte, tan impresionante, que después de tanto tiempo, aún recuerda la hora: las cuatro de la tarde. Y Andrés, lo primero que hace al encontrarse con su hermano Simón es contarle que han encontrado al Mesías y lo lleva a Jesús.
También a nosotros, consagrados, un día nos preguntó Jesús: ¿Qué buscas? Y nos invitó a seguirle, y fuimos con él y nos convertimos en “Amigos fuertes de Dios”
Amigos porque vivimos en su casa, porque hacemos nuestras sus alegrías, sus preocupaciones, sus inquietudes, sus proyectos.
Fuertes porque lo hemos dejado todo para seguirle y estar con Él. Porque nuestra relación con Él es íntima y cada día tratamos de conocerle un poco más. Porque nos envía a predicar a todo el mundo, con nuestras palabras, con nuestra vida, con nuestra oración. Porque nos convertimos en “manos y corazón de Dios” para con todos los hombres. Porque, como Abraham, como Moisés y todos sus amigos, intercedemos ante Dios por todos y cada uno de nuestros hermanos. Porque queremos testimoniar al mundo su amor y su misericordia. Porque nos fiamos plenamente de Él.
Este año, la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, cuyo lema es el título de este artículo, tiene un color diferente pues el 2015 es el Año de la Vida Consagrada. Nuestro querido Papa Francisco nos ha escrito una carta por este motivo. En ella nos invita a dar gracias al Padre “que nos ha llamado a seguir a Jesús en plena adhesión a su Evangelio y en el servicio de la Iglesia”.
Quiere que en este año de gracia miremos el pasado con gratitud, vivamos el presente con pasión y abracemos el futuro con esperanza. Y espera de nosotros que seamos misioneros de la “perfecta alegría”; que “despertemos al mundo” siendo profetas como lo fue Jesús cuando vivió en esta tierra. Además, como estamos llamados a ser “expertos en comunión”, espera que hagamos realidad una espiritualidad que haga de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión. Espera también que salgamos de nosotros mismos para ir a las periferias existenciales con gestos concretos de acogida a los hermanos, especialmente los más desfavorecidos. Y por último espera que nos preguntemos lo que hoy nos piden Dios y la humanidad.
Finaliza la carta señalando los horizontes de la Vida Consagrada y dirigiéndose a todo el pueblo cristiano, a los obispos, a los laicos que comparten con los consagrados ideales, espíritu y misión, y también a las personas consagradas pertenecientes a Iglesias de tradición diferente a la católica.
Por todo ello os lanzo una invitación: ¡no dejéis de leerla! y una súplica: ¡rezad por nosotros! ¡rezad por la Vida Consagrada!
Sor Mª Cristina de la Eucaristía, osc

sábado, 18 de mayo de 2013

VIDA CONTEMPLATIVA EN EL AÑO DE LA FE




Hablar de la Vida Contemplativa es para mí un solaz, ya que he sido llamada por Jesús a ella desde mi juventud y a través de los años, viviéndola en este Convento de Clarisas Descalzas de León, ha crecido en mí progrresivamente el amor a esta Vida Contemplativa, en la que encuentro el más alto ideal posible para una mujer.
Pienso que dedicar toda una vida a Dios, no puede ser más bello. Porque Dios es Amor, es Luz, es Vida, es Belleza, es Bondad infinita... Contemplar el rostro de Dios con la luz del Espíritu Santo es nuestro constante empeño escrutando su Palabra. 
Encuentro muy acertado el lema de este año: "Centinelas de la oración". En efecto, prácticamente somos esas centinelas que desde la alborada del día hasta la entrada de la noche estamos en oración, sea de alabanza, cantando la belleza de los Salmos e himnos a Dios, sea de adoración e intimidad con nuestro Jesús Eucaristía, sea en la actividad de nuestras labores, el espíritu de oración no deja de actuar.
Y nuestra oración, sabemos que es algo tan grande, que llega hasta los confines de la tierra, hasta los secretos sufrimientos de las almas, hasta el fondo de los corazones.
No descuidamos jamás  a nuestro mundo tan desorientado, tan desolado y sufriente en tantas ocasiones, tan necesitado de amor...
Tenemos muy en cuenta el consejo de nuestra Seráfica Madre Santa Clara: "Os considero cooperadoras del mismo Dios y sostenedoras de los miembros de los miembros vacilantes de su Cuerpo inefable". 
Es la sublime misión de la orante contemplativa: sostener y edificar la Iglesia de Cristo y atender a todas las necesidades de ésta.
El Papa Pablo VI, que amaba tanto a las Consagradas dijo en una ocasión a las Clarisas: "Proteged hijas amadísimas a la Iglesia y sostened el Cuerpo de Cristo, abrazando la Eucaristía, como lo hizo Santa Clara en su tiempo".
En este año de la Fe tenemos muy presente la Nueva Evangelización.
Desde nuestra clausura nos unimos y oramos por las intenciones de nuestro amada Papa Francisco y también al no menos estimado Benedicto XVI, al que admiramos ahora  por su elección de vivir dedicado a la oración en retiro.
Tenemos, como he dicho, una gran tarea: intensificar nuestra unión con el Señor, Amado de nuestras almas y Esposo de las vírgenes, que es nuestra felicidad, para que su Reino llegue a todo el universo.

Sor Mª Teresa de la Inmaculada

domingo, 3 de junio de 2012

Jornada Pro Orántibus



Nosotras las hijas de Santa Clara, tenemos en este lema o consigna, algo muy sugerente. Contemplando la imagen de nuestra Seráfica madre, portadora de la Eucaristía, podemos contemplar la luz dichosísima, radiante, refulgente, colmada de resplandores que brotan del que se llamó a sí mismo “Luz del mundo”, Cristo Jesús centro de la Santísima Trinidad que nos lleva a penetrar en el Misterio insondable del Dios-Amor. En efecto, nuestra espiritualidad cristocéntrica, nos lleva a la vivencia contemplativa del misterio trinitario con una luz transparente que nos enseña sobre todo la ciencia del Amor. ¡Dios es Amor! “El Padre es Origen; el Hijo es Gracia; el Espíritu Santo es Comunión” 
Desde Cristo-luz, Gracia, regalo que nos ha hecho el Amor del Padre, contemplamos todo el misterio de Dios, en comunión con el Espíritu Santo que también es luz y amor. 
Esta Comunión de Amor se irradia al mundo entero en nuestra oración contemplativa. Queremos que los resplandores de esta Luz de Dios no solo nos deje radiantes a nosotras, sino que se extiendan y abarquen a toda la humanidad redimida. Que todos queden iluminados por la transparencia de esta Luz dichosísima que vence y hace desaparecer todas las tinieblas del abismo del mal, en que puede estar envuelto el mundo. Que queden los ojos de todos, limpios para contemplar a Dios en su adorable misterio, y se dejen penetrar de su cercanía, en la Palabra evangélica. El Evangelio es el que salva al mundo. El Evangelio es la luz de la fe que ya le ha salvado. Creer en el Evangelio es la salvación. 
Y no podemos olvidar a la que es Estrella de la Nueva Evangelización, la Virgen orante y contemplativa por excelencia. 
Ella es nuestro modelo: entremos en la escuela de María. 
Contemplemos la Estrella tan blanca y fúlgida como la luz, tan ardiente y radiante como el sol, bellísima, más que el cielo azul… 
Ella es el astro luminoso de nuestro camino que alumbra nuestros pasos hacia el Amor. Sigámosla, aprendamos de ella a ser Luz y Amor para el mundo. 

Hnas. Clarisas de León 

¡Joven, ven y verás!
Te invitamos a visitarnos y conocernos 


 “Los institutos orientados completamente a la contemplación, formados por mujeres o por hombres, son para la Iglesia un motivo de gloria y una fuente de gracias celestiales. Con su vida y misión, sus miembros imitan a Cristo orando en el monte, testimonian el señorío de Dios sobre la historia y anticipan la gloria futura. En la soledad y el silencio, mediante la escucha de la Palabra de Dios, el ejercicio del culto divino, la ascesis personal, la oración, la mortificación y la comunión en el amor fraterno orientan toda su vida y actividad a la contemplación de Dios. Ofrecen así a la comunidad eclesial un singular testimonio del amor de la Iglesia por su Señor y contribuyen, con una misteriosa fecundidad apostólica, al crecimiento del pueblo de Dios” (Vita Consecrata, 8) 

domingo, 13 de junio de 2010

UN DÍA EN NUESTRO CONVENTO



Suena la campana: comienza la jornada, aunque en la enfermería llevan ya un rato despiertas, ayudando a levantar a las hermanas que no pueden hacerlo solas.
Si salimos a la huerta vemos a algunas monjas que aprovechan el fresco de la mañana para regar los jardines, mientras otra pasea por la muralla pasando entre sus dedos las cuentas del rosario. De vez en cuando mira hacia lo alto, y da gracias a Dios por el nuevo cielo que hoy ha pintado para los hombres. Arriba, la hermana luna, a un lado la catedral, de frente algunas nubes se dejan colorear por los nacientes rayos del hermano sol que comienza a asomar en el paisaje, y una multitud de pájaros revoloteando en círculos y piando dando la bienvenida al nuevo día que nace.
El reloj del Coro da las 7 y se oye a una sola voz, el saludo de la comunidad a Jesús Eucaristía: “Te adoramos Santísimo Señor Jesucristo, aquí y en todas las iglesias que hay en todo el mundo, y te bendecimos que por tu Santa Cruz redimiste al mundo”.
Ofrecemos al Señor el día que tenemos por delante y tras una hora de oración personal elevamos a Dios nuestra alabanza con el canto de Laudes. A continuación le ofrecemos a nuestra Madre, la Virgen María, el rezo del rosario y seguimos con la oración de Tercia. A su término, la comunidad, en procesión y en silencio, se dirige al Refectorio para el desayuno.
Son las 9 y media cuando se oye la campana que nos llama a trabajar. El trabajo, manual lo realizamos en común y está distribuido en dos talleres: confección y bordado de ornamentos litúrgicos y encuadernación. Cuando el reloj da la hora, en cada oficina, las voces de las hermanas se unen para hacer una plegaria y una comunión espiritual. Es la manera de no apagar el “espíritu de la santa oración y devoción, al cual deben servir todas las demás cosas temporales”, como nos recomienda nuestra seráfica Madre Santa Clara en su Regla. También es habitual que se rece durante el trabajo la “corona franciscana”.
¿Dónde va esa hermana que sale de la oficina? Es la hora de su “vela”. Durante la mañana y la tarde acompañamos a Jesús Sacramentado en el Sagrario. Lo hacemos por turnos de media hora. Antes estábamos dos hermanas en cada turno, ahora, como somos menos, algunas hermanas están solas.
Pero si ya es la una, ¡cómo pasa el tiempo! De nuevo se oye la campana llamando a la comunidad al rezo de Sexta. Después un breve examen sobre la mañana transcurrida y el Ángelus.
En procesión y recitando el salmo 129 vamos al refectorio para la comida, que se hace en silencio mientras una hermana lee, primero el evangelio y después noticias de la Iglesia, mensajes del Papa o circulares.
Acabada la refección llega el momento de la recreación en el que las monjas, mientras sus manos mueven con garbo la aguja del ganchillo, comentan acontecimientos de actualidad o la Palabra de Dios y su vivencia, comparten noticias de sus familias o comunican si alguien se ha acercado al torno para pedir oraciones y las intenciones concretas. Algunas veces, dejando salir a las niñas que llevamos dentro, jugamos a la comba o a la pelota, llenando el ambiente de risas y algarabía.
El sonido del timbre paraliza toda acción. Son las dos y media. Es tiempo de silencio. Nos retiramos a las celdas para descansar, si lo necesitamos, o realizar otra actividad que no rompa el silencio.
A las cuatro menos veinte, el timbre nos convoca de nuevo en el Coro para el rezo de Nona y la lectio divina. Seguidamente el tiempo dedicado a la formación permanente o al ensayo de los cantos para la Misa y el Oficio divino. A las cinco las hermanas regresan al trabajo o a atender las distintas oficinas necesarias para la buena marcha del convento: biblioteca, archivo, economato, secretaría… hasta las 6 y media aproximadamente.
Hasta las 7 y cuarto contamos con un tiempo libre, que aprovechamos para dar un paseo, regar jardines, leer o nuestras devociones personales; tiempo para desconectar de las ocupaciones cotidianas y prepararnos para el momento cumbre de la jornada: la Eucaristía, “Sagrado Banquete en el que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria futura”.
¿Pero por qué empieza de manera distinta? Porque la celebramos unida a la hora de Vísperas y lo primero es el himno y los salmos, que cantamos todos los días para dar más solemnidad a nuestra alabanza.
Al finalizar, la oración personal se prolonga hasta las nueve menos cuarto, hora en que cantamos a la Virgen la “Tota Pulcra”, rezamos el Ángelus y hacemos la consagración al Corazón de Jesús, para acabar este tiempo de oración con el Oficio de Lecturas. Los sábados y vísperas de solemnidades lo rezamos a las once y media de la noche, para conservar el carácter nocturno de esta Hora.
Salimos a cenar. Todo se desarrolla como en la comida. Cuando es fiesta, la madre levanta el silencio y podemos hablar, como acto de fraterna familiaridad. Y después, el recreo.
La jornada está llegando a su fin. Por última vez en el día, el timbre nos devuelve al silencio y nos lleva al Coro para el último acto de comunidad: el rezo de Completas.
Son las diez y media de la noche. Nos retiramos a las celdas para imitar con nuestro descanso a Jesús que reposó en el sepulcro, y pedimos al Señor que al levantarnos mañana, le imitemos también resucitando a una vida nueva.

Sor Mª Cristina de la Eucaristía,

viernes, 29 de enero de 2010

DEDICARSE A LA VIDA CONTEMPLATIVA (II)


…Mi corazón agradece al Señor la sorpresa que tenía reservada para mí: la Vida Contemplativa.
Si lo analizamos semánticamente, según el significado de su denominación, el diccionario ANAYA de la Lengua nos dice que “vida”, en una de sus acepciones es modo de vivir y de conducirse, y “contemplar” tiene también varias acepciones, que pueden venir al caso: 1.- poner la atención en alguna cosa material o espiritual; 2.- considerar, juzgar; 3.- complacer a alguien; 4.- examinar con detenimiento. Pero no podemos conformarnos con esto, porque la Vida Contemplativa quedaría demasiado pobre y no se ajustaría a la realidad. De ahí quizás, mi idea primera tan equivocada sobre ella.
Según voy escribiendo, tengo la impresión de que no voy a entrar en profundidad en lo que es realmente la Vida Contemplativa, pero creo que tengo miedo de no llegar a expresar con justicia, la belleza de esta forma de vida.
Su origen y su fin es Dios. Somos buscadoras de Dios y queremos ir a su encuentro en la Eucaristía diaria, en la oración personal y comunitaria, en el trabajo, en los acontecimientos, en el dolor, en la sencillez de vida, en las relaciones con las personas, e incluso, con las criaturas irracionales.
La oración-contemplación, nuestra tarea principal.
El silencio, la soledad y la penitencia, nuestros compañeros de camino: El silencio, exterior e interior, nos introduce en el mundo de Dios lleno de bondad y de belleza, y es una disposición necesaria para el diálogo con Él. La soledad, apartamiento del mundo o clausura, que facilita esa vida escondida con Cristo en Dios. Que no significa huída y olvido del mundo, pues nuestras manos levantadas, como Moisés, “están constantemente intercediendo por la diócesis, por todas las diócesis, por el Papa, por los sacerdotes, por los obispos, por las familias, por los jóvenes, por las personas mayores, por los niños, por los que creen, por los que buscan, por los que desfallecen, por los que persiguen a la Iglesia, por los enfermos, por los agonizante, por que nacen, por los que dudan, por quienes se mueven en la vida de mala fe, si esto aconteciese”.
La Eucaristía, el momento más importante de cada día, en el que nuestro encuentro con Cristo
La Liturgia de las Horas, nuestra conexión con toda la Iglesia, que adora, canta y alaba al Señor.
El trabajo, un don de Dios, que nos permite participar en su obra creadora y redentora; nos ayuda en el equilibrio y elevación de nuestra vida espiritual, y constituye la puesta en práctica de la pobreza que profesamos. El que sea manual, es lo que permite la prolongación de la oración durante todo el día.
Sor Mª Cristina de la Eucaristía

viernes, 22 de enero de 2010

DEDICARSE A LA VIDA CONTEMPLATIVA ( I )


¡Cuántas veces el Señor pone profecías en nuestros labios, sin ser conscientes de ello! Y sólo con el paso del tiempo, y echando la mirada atrás, caemos en la cuenta. Cuando digo profecías, estoy pensando en algo que está por suceder, y de lo que no se tiene conocimiento, pero considerado también como aquello que Dios tiene pensado o reservado para una persona. Y que por supuesto, siempre es lo mejor para ella.
No hace muchos años, cuando aún vivía en el siglo (como diría nuestra Madre Santa Clara), un primo, pensando que era tiempo para ello, y que quizás se me iba a "pasar el arroz" (según el dicho popular), me preguntó en cierta ocasión: "¿Cuándo te casas?", y mi madre adelantándose a mi posible respuesta decía: "Cristina no se va a casar, se va a meter monja". Y contestaba él con gracia: "Sí, monja de Santa Irene, con el marido y el nene". Por supuesto, ni ellos lo creían, ni yo sentía tal inquietud en aquel momento.
No recuerdo bien si también por aquella época, o tal vez más adelante, ocurrió algo similar. Al llegar el viernes, era un tema obligado entre las compañeras de trabajo, preguntar qué íbamos a hacer el fin de semana. Y más de una vez, mi respuesta fue: "dedicarme a la vida contemplativa". O al llegar el lunes a trabajar y preguntarme qué había hecho el fin de semana, la misma respuesta afloraba en mis labios: "dedicarme a la vida contemplativa".
Lo que yo quería transmitir era que no había hecho nada especial que mereciera la pena ser tema de conversación. Me había quedado en casa, sin viajar a ningún lugar concreto para ampliar mi conocimiento del mundo. O quizás, era una manera de llamar la atención, dando un aspecto vistoso a algo que no tenía contenido.
Pasando el tiempo, descubrí que Dios me llamaba precisamente a eso, a dedicarme a la Vida Contemplativa (con mayúsculas), y entonces pude comprobar que "cualquier parecido con la realidad era pura coincidencia", es decir, que mi idea no se ajustaba a lo que realmente significa esta forma de vida.
Todavía hoy, cuando tenemos una jornada apretada de trabajo y demás actividades domésticas, y alguna hermana me recuerda aquél  "dedicarme a la vida contemplativa", una sonrisa ingenua se dibuja en mis labios, mientras mi mente confirma lo equivodada que yo estaba entonces. En realidad ¡qué admirable!, mejor, ¡qué inefable es dedicarse a la Vida Contemplativa! Mi corazón agradece al Señor la sorpresa que tenía reservada para mí. Pero esto forma parte del capítulo siguiente.
Sor Mª Cristina de la Eucaristía
                                                                                                   (continuará)