Mostrando entradas con la etiqueta Vocación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vocación. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de abril de 2012

TÚ LO SABES TODO, TÚ SABES QUE TE QUIERO


"Tú sabes que te quiero", "aquí está el secreto de una existencia entregada y vivida en plenitud, y por eso llena de profunda alegría...Para ser capaces de sentir la llamada divina en medio de tantas voces que llenan la vida diaria, es elemento central el amor a la Palabra de Dios, cultivando una familiaridad creciente con la Sagrada Escritura y una oración personal y comunitaria, atenta y constante, pero sobre todo, que la Eucaristía el "centro vital" de todo camino vocacional: es aquí donde el amor de Dios va unido al sacrificio de Cristo, expresión perfecta del amor, y es aquí donde aprendemos siempre de nuevo, la gran medida del amor de Dios. 
Palabra, oración y Eucaristía son el tesoro precioso para comprender la belleza de una vida totalmente gastada por el Reino...
Imparto de corazón la bendición apostólica a todos... en particular a los jóvenes y a las jóvenes que con corazón dócil se ponen a la escucha de la voz de Dios, dispuestos a acogerla con decisión generosa y fiel."

viernes, 27 de abril de 2012

Y TÚ... ¿QUÉ LE CONTESTAS?

Seguimos escuchando el mensaje de nuestro Papa Benedicto XVI:
"Toda específica vocación nace de la iniciativa de Dios, ¡es don de la caridad de Dios! Él es el que da el "primer paso" y no por una particular bondad, encontrada en nosotros si no en virtud de la presencia de su mismo amor "derramado en nuestros corazones por el espíritu".
Siempre en el origen de la llamada divina está la iniciativa del amor infinito de Dios, que se manifiesta plenamente en Jesucristo.. 
.Él sale a nuestro encuentro... a través de los hombres en los que Él se refleja; mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía...
El amor de Dios permanece para siempre, es fiel a sí mismo, y al volver a anunciar, especialmente a las nuevas generaciones la belleza cautivadora  de ese amor divino, que precede y acompaña: es el resorte secreto, es la motivación que no falla, incluso en las circunstancias más difíciles... a ese amor tenemos que abrir nuestra vida, y a la perfección del amor del Padre, ¡al que nos llama Jesucristo cada día! La grandeza de la vida cristiana, consiste en efecto en amar "como" Dios; se trata de un amor que se manifiesta en el don total de sí mismo fiel y fecundo...
En este terreno oblativo, en la apertura al amor de Dios y como fruto de ese amor, nacen y crecen todas las vocaciones.

jueves, 26 de abril de 2012

EL RESUCITADO TE LLAMA... Y ESPERA LA RESPUESTA DE TU AMOR


El domingo celebramos la Jornada mundial de oración por las vocaciones. El Papa en su carta para este año, titulada "LAS VOCACIONES, DON DE LA CARIDAD DE DIOS", nos dice:
"La fuente de todo don perfecto es Dios Amor... La verdad profunda de nuestra existencia está pues encerrada en este sorprendente misterio: 
Toda criatura, en particular, toda persona humana es fruto de un pensamiento y de un acto de amor de Dios, amor inmenso, fiel, eterno. (cfr. Jer 31, 3)  El descrubrimiento de esta realidad es lo que cambia verdaderamente nuestra vida en profundidad...
San Agustín expresa con gran intensidad su descubrimiento de Dios, Suma Belleza y Sumo Amor: 
"¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que Tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en Ti, no existirían. Me llamaste y clamaste y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y lo aspiré y ahora te anhelo; gusté de Ti, y ahora siento hambre y sed de Ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de Ti"

viernes, 5 de febrero de 2010

"NO SOIS VOSOTROS LOS QUE ME HABÉIS ELEGIDO...


…SOY YO QUIEN OS HE ELEGIDO…” (Jn 15, 16). Y esto ha sido así durante toda la historia y seguirá siendo hasta el fin del mundo. No somos nosotros los que elegimos la vocación como se elige carrera universitaria o escogemos un producto cuando vamos de compras.
No; es el Señor el que toma la iniciativa y llama a los que quiere. Y además no es una decisión repentina; Él lo tiene pensado desde toda la eternidad, desde que pensó con gran Amor en nosotros para crearnos y hacernos hijos suyos. Pero eso sí, Dios nunca se impone por la fuerza, Él quiere que con la libertad que nos ha regalado y el Amor que ha derramado en nuestros corazones, seamos nosotros los que aceptemos gustosamente su invitación, respondiendo como la Virgen María; “Aquí está la esclava del Señor. Hágase en mí según tu Palabra”. Sí, acepto. Me fío de ti porque me amas y sé que es lo mejor para mí.
Por eso es tan importante una disposición de escucha, atenta a lo que el Señor tiene pensado para cada uno de nosotros. Escucha que requiere un trato asiduo y cercano con Él. Porque si no le conocemos y tratamos, ¿cómo vamos a saber lo que Él quiere? Por supuesto, Él puede tirarnos al suelo y revelarse a nosotros como hizo con San Pablo, pero yo creo que le gusta más meterse en nuestra vida de cada día, casi sin que nos demos cuenta de que está junto a nosotros.
Y “la búsqueda de la intimidad con Dios lleva consigo la necesidad vital de un silencio de todo el ser” (E.T. 46). Silencio exterior, pero también y sobre todo silencio interior, “apartando del interior del alma todo estrépito”, como nos aconseja Santa Clara a sus hijas.
Es necesario buscar momentos en nuestras agendas, tan apretadas, para estar a solas con el Señor, acercándonos a Él con una actitud humilde y sincera, preguntándole abiertamente y sin miedo: “Señor ¿qué quieres que haga?”, como hizo S. Francisco de Asís, y esperar en silencio su respuesta. Estar atentos, porque nos la dará en los pequeños detalles de cada día.
“Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”, dice la Palabra de Dios. Es posible que ocurra eso (y lo digo por experiencia propia). El joven rico del Evangelio preguntó a Jesús: ¿Qué tengo que hacer?, y la respuesta de Jesús no coincidió con los planes del joven. No se decidió a cambiarlos y se marchó triste. Y sigue diciendo la Escritura: “Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes que vuestros planes” (Is 55, 8-9). Y eso sólo lo descubriremos si seguimos sus inspiraciones y aceptamos el Regalo que Él nos hace, (de lo que también, gracias a Dios, tengo experiencia). Y sólo así podremos encontrar la felicidad verdadera, os lo aseguro.
Sor Mª Cristina de la Eucaristía

domingo, 27 de diciembre de 2009

CARTA A UNA JOVEN



Mi querida amiga: Paz y Bien
Aunque no te conozco, desde el momento que comienzas a leer esta carta, ya me siento tu verdadera amiga, pues veo que te interesa algo que en realidad es para ti. Pues eres joven, estás en una edad en la que te sonríe la vida y conviene que la orientes lo mejor posible para que tu futuro pueda ser feliz, pues si aciertas ahora con el camino que Dios tiene preparado para ti, no hay duda de que tu felicidad será segura.
No te debe causar ningún temor el poder entregar tu vida a Jesucristo, y quedar ligada a Él para siempre, pues te aseguro que no hay propuesta humana que pueda compararse con esta suerte. Este es sin duda el ideal mejor, pero es posible que al no conocerlo se tenga miedo ante sus exigencias. Sin embargo, el Papa dijo a los jóvenes: "¡No tengáis miedo a Cristo! Abríos de par en par a Él. No os va a quitar nada, os dará mucho..."
Te cuento ahora el testimonio de una santa: Santa Clara se regocijó muchísimo cuando la princesa de Bohemia, Inés de Praga (hoy ya santa), dejó todo, hasta la boda con el emperador Federico, a quien estaba prometida, por unirse a Jesucristo "el Esposo del más noble linaje, cuyo poder es más fuerte, su aspecto más hermoso, y cuyo amor no se puede expresar, pues colma los deseos del corazón con su dulzura infinita. Es el supremo Rey de los Cielos". Por todo esto Santa Clara en varias cartas que la escribe, se congratula con ella expresándole su enhorabuena más cordial, y es que a la misma Santa Clara se la llama "mujer nueva" que se enamoró de Jesús de tal suerte que dejó todo, su porvenir brillante de joven noble y adinerada, y se hizo pobre para adquirir la mayor riqueza, el mayor tesoro, la perla más preciosa, que fue el mismo "Cristo pobre y crucificado". Y así fue tan feliz que atrajo en pos de sí muchas jóvenes de su tiempo, siendo su hermana dos años menor, la primera en seguirla.
Pero yo podría decirte ahora que esta propuesta se puede hacer aún, pues muchas chicas de hoy han seguido y siguen a Cristo en este camino. Santa Clara, que fue la que supo poner en femenino el ideal franciscano, asumió una espiritualidad cristocéntrica y esponsal, siendo la fundadora de la II Orden Franciscana llamada de las Clarisas.
¡Ser esposa de Jesucristo es lo más grande que puede ser una mujer en este mundo! Por eso no es extraño que la sensibilidad actual de mucha juventud se siga inclimando por este carisma.
Puedo decirte por experiencia, que cada una de las personas que se han consagrado a Dios en nuestros conventos o monasterios, tienen sin duda su historia de amor. Todas hemos sido llamadas por el Señor para ser suyas, y hemos experimentado la emoción que produce esa llamada sintiéndonos indignas de algo tan grande como es ser esposa de Jesucristo.
En efecto, Jesucristo es el que ha polarizado todo nuestro amor. Él es el centro y la razón de nuestra vida; vivimos para Él, para adorarle, alabarle, escucharle, amarle con todo nuestro corazón, interceder por todos los hombres ante Él, y permanecer en una acción de gracias continua para su gloria. Él es nuestra felicidad y nuestra paz; Él es nuestra alegría y nuestro cielo. Por eso, siempre con su cercanía en el Sagrario y viviendo bajo el mismo techo nos sentimos dichosas y no echamos de menos nada de la tierra. Tenemos además en nuestro camino brillando siempre la Estrella de la Virgen, nuestra Madre e intercesora.
Tenemos largos tiempos de oración, de trabajo, de recreación, teniendo siempre presente lo que Santa Clara nos dice en su Regla: que no apaguemos nunca el espíritu de oración y devoción al cual todas las cosas temporales deben servir.
No existe ningún proyecto de vida de mayor plenitud que este servicio total a Jesucristo y a su Reino.
Joven amiga, te invito a que lo pienses en la presencia de Jesus Sacramentado. Quizá el Señor te invite a ponerte en contacto con nosotras, cosa que nos alegraría para conocerte mejor.
Un abrazo.
Hermanas Pobres de Santa Clara
crecerenvocacion@gmail.com