domingo, 23 de octubre de 2011

DOMINGO 30 DEL TIEMPO ORDINARIO (San Mateo 22, 34-40)



"En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús habla hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
-- Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?
Él le dijo:
--“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser." Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas."


“¡VAMOS LISTOS!":

Lo dijo un candidato a la presidencia del gobierno: “Como tengamos que esperar a que Dios nos mande algunas indicaciones económicas, vamos listos… ¡Vamos listos!”.
Encarnada la Palabra, al buen Dios ya nada le queda por decirnos, pues nada le queda por darnos o por hacer en favor nuestro. Así que hace muy bien el señor candidato en no esperar a que Dios le mande en el futuro y para consumo personal indicaciones de ningún tipo, ni económicas ni morales, tampoco sociales, y ni siquiera espirituales. Pero creo que ningún candidato haría mal si tomase en consideración indicaciones pasadas, que por venir de donde vienen, aspiran a tener valor permanente y tienen vocación de futuro. Recordaré algunas que, según entiendo y sin modificar de ellas letra o tilde, pudiera asumir cualquier programa electoral escrupulosamente laico y democrático:
“No robarás… No codiciarás los bienes de tu prójimo”.
“No maltratarás ni oprimirás al emigrante… No explotarás a viudas ni a huérfanos… Si prestas dinero a alguien… a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero cargándole intereses”.
“No explotarás al jornalero, pobre y necesitado, sea hermano tuyo o emigrante que vive en tu tierra, en tu ciudad… No defraudarás el derecho del emigrante y del huérfano ni tomarás en prenda las ropas de la viuda”.
“Más vale poco con justicia que muchas ganancias injustas”.
“Sé voz de quien no tiene voz, defensor del hombre desvalido, pronuncia sentencias justas, defiende al pobre desprotegido”.
“Quien ama el dinero nunca se sacia”.
“El que procede con justicia y habla con rectitud, y rehúsa el lucro de la opresión, el que sacude la mano rechazando el soborno y tapa su oído a propuestas sanguinarias… ése habitará en lo alto, tendrá su alcázar en un picacho rocoso, con abasto de pan y provisión de agua”.
También pudiéramos recordar la regla de oro de Jesús: “Todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella”. Para Jesús esta norma tenía valor sagrado, pero nosotros podemos asumirla como laica y democrática.
Ésta, queridos, sería una política económica de mínimos. Nada que ver con las teorías de A. Smith o de J. M. Keynes, pero mucho que ver con la búsqueda de la verdad, la práctica de la justicia y la pasión por la paz.
He de reconocer que, como economista, Dios es una calamidad. En su Reino puso como norma el amor, y no un amor cualquiera, sino un amor como el suyo: “Como yo os he amado, amaos también unos a otros”. Él no se presenta a elecciones y puede tirar la casa por la ventana, y de los suyos puede esperar que se le parezcan algo en locura, cosa que no esperamos ver reflejada en un programa político. Pero no finjan ustedes ignorar que Dios les marcó un programa de mínimos laico y democrático, porque si ustedes lo ignoran, entonces sí que los de siempre “vamos listos… ¡Vamos listos!”.

Siempre en el corazón Cristo.

+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger

sábado, 22 de octubre de 2011

BREVE HISTORIA DE NUESTRO CONVENTO (X)



Las Monjas Franciscanas Clarisas Descalzas desde su coro conventual
siguen alabando a Dios y cantando sus maravillas en el siglo XX
Nuestra ciudad de León, desde siempre ha titulado “Las Descalzas” a la Comunidad del Convento de la Santa Cruz.
No todas las mujeres pueden emprender este camino, se necesitan además de la Vocación, ciertas cualidades: humanas, morales y religiosas, que en el Convento –las que abrazan esta vida– la enriquecen y subliman. Lo primero que ha de ser una hija de Santa Clara para verse realizada como su fiel seguidora, es ser una “mujer” en toda la extensión de la palabra, con sus sentimientos y finura femenina, su prudencia, su talante jovial y abierto, su comprensión y su ternura; con sentido profundo de responsabilidad, siendo siempre veraz, justa, sincera, equilibrada… Cimentando día a día y año tras año, con la luz y fuerza del ESPÍRITU SANTO, su vivir arraigado en las tres Virtudes Teologales: FE VIVA, FIRME Y ACTIVA; ESPERANZA CIERTA Y SEGURA EN LA PROVIDENCIA DE DIOS; CARIDAD UNIVERSAL Y CONSTANTE, QUE DESTILA Y PRODIGA: BONDAD, AMOR… Todo lo dicho da como fruto: Paz y Alegría para vivir y convivir en una Comunidad de almas elegidas por Dios mismo.
HE AQUÍ NUESTRO CAMINO FRANCISCANO CLARIANO
El Franciscanismo es un tesoro de actualidad inmarcesible. Sigue predicando a viva voz o en el silencio de la Oración, sin que jamás resulte anacrónico.
Hay quien piensa que una simple “monjita” de vida de oración y penitencia no interesa fuera de los ambientes clausúrales; sin embargo, la historia nos dice que en sus distintas épocas, la vida monástica ha aportado muchas cosas buenas y edificantes: Caridad, luz, poesía, pureza, ternura, gozo, feminidad contemplativa que enriquece el espíritu y el arte, y no sólo a la Iglesia, a toda la humanidad...

Sigue caminando el siglo XX

La vida evoluciona: Somos hijas del TIEMPO que trasciende tras las horas, los días y los años…, pero que las seguidoras de Santa Clara están siempre presentes en los ambientes eclesiales y sociales, pertenecemos y estamos comprometidas de por vida, en la misión sublime de la Oración, somos las ORANTES del universo, porque seguimos a JESÚS DE NAZARET, que nos dio como norma el “orar” sin intermisión.
Adaptación a nivel de Orden

En el año 1957 se hizo público y se nos dio a conocer de manera muy particular a las Monjas de Clausura, el Documento Pontificio de SS. Pío XII, Sponsa Christi, en dicho Documento entre las muchas cosas que señalaba para nuestra perfección en el claustro, sugería las Federaciones de los Monasterios Contemplativos. En el estudio y reflexión sobre la voz del Papa, la Comunidad vio clara la voluntad del Señor y aceptó la erección de la Federación de Clarisas en la Provincia Franciscana de Santiago, emprendiendo la andadura de “evolución y adaptación” en un nuevo camino… Con esta novedad, una vez más la bondad de Dios, se derrama abundante en nuestros claustros, haciendo que todos podamos ayudarnos, comunicándonos los bienes espirituales, y si es necesario también los materiales, por medio de la Federación. Damos gracias a Dios por este nuevo beneficio… El primer Capítulo Federal y las elecciones del mismo, se celebró del 5 al 13 de septiembre de 1957, en el Monasterio del Sagrado Corazón de Jesús de Cantalapiedra (Salamanca), siendo elegida como primera Presidenta de la Federación, la Rvda. Madre María de Jesús Amor Misericordioso. El primer Asistente Federal fue el Rvdo. Padre Serafín García Besteiro, ofm.
Nuestra vocación contemplativa en clausura es universal; y bien vivida testimonia otro vivir escatológico por la Resurrección de CRISTO.
Se desliza nuestra existencia en el claustro con Cristo escondidas en Dios, por eso en nuestros Conventos se nos conoce a través de unas celosías o rejas que son signo y custodia de algo muy estimado por el Señor: “La Iglesia orante”, que se deja ver y acercarse a nuestros hermanos a través de este medio simbólico de unión y retiro.


UNA VISITA DISTINGUIDA E IMPORTANTE
Con motivo del Congreso Eucarístico Nacional del 5 al 12 de julio de 1964, el Delegado Papal para este gran acontecimiento en León, Eminentísimo Cardenal Juan Landázuri Rieketts, Arzobispo de Lima, visita nuestra humilde Comunidad y celebra la Santa Misa en nuestra antigua Iglesia el día 8 de julio de 1964. La Comunidad disfrutó muchísimo con esta distinción del Eminentísimo Cardenal, recibiendo con gratitud sus exhortaciones eucarísticas y bendición episcopal.

viernes, 21 de octubre de 2011

BREVE HISTORIA DE NUESTRO CONVENTO (IX)



Un nuevo tiempo que nace para vivir y revivir nuestro gran IDEAL,y, avanzar hacia la meta con valentía y constancia. En esto consiste nuestro progreso o nuestro retroceso, porque la humanidad puede avanzar o retroceder según el giro que se de a la vida y no por el paso de los años o de los siglos. Solamente una cosa permanece siempre lo mismo, nunca pasa, siempre es nuevo: DIOS …
Para empezar la narración del siglo XX del convento de la Santa Cruz de León, lo hacemos con las primeras líneas del Canto de Exhortación de San Francisco a las Damas Pobres de San Damián: “Escuchad, pobrecillas, por el Señor llamadas, que de muchas partes y provincias habéis sido congregadas: Vivid siempre en la verdad, que en obediencia muráis. No miréis a la vida de fuera, porque la del espíritu es mejor”… (Esta exhortación es originaria del convento de las Clarisas de Novaglie, cerca de Verona, fundado en 1224, en vida por consiguiente de San Francisco y Santa Clara)
Con lo referido arriba y la certeza que la verdadera libertad la poseen solamente los hijos de Dios, y las maravillas que hace esta libertad en aquellos y aquellas que optan por el seguimiento radical de Cristo, no se liberan de problemas más o menos importantes que hemos de resolver a la luz de la fe. El siglo XX marca en las Clarisas Descalzas una época importante, y seguimos experimentando cómo la providencia de Dios mantiene en pie esta Comunidad que al igual de todo ser humano, tiene que luchar y hacer frente a los tiempos y circunstancias … Si la primera década del siglo XX fue muy abundante en ayudas materiales, no menos en vocaciones, que aumentaban en número de manera maravillosa, muchas y fervorosas jóvenes llamaban a la puerta de esta santa casa y entraban llenas de ilusión por seguir las huellas de Santa Clara de Asís, que fieles al Canto de Exhortación de San Francisco, perseveraban hasta el fin de su vida en el claustro, sembrando paz y alegría.
MEJORAS EN LA CASA EN LOS PRIMEROS AÑOS DE 1900
Se instala la cocina económica de carbón y se abren ventanas grandes y puertas nuevas. Se hacen obras en la Iglesia y sacristía, poniendo techos rasos y tarima en los pavimentos; y otras muchas… Entre los bienhechores que costearon estas obras se encuentran: el Excmo. Sr. Arzobispo de Burgos, Padre Aguirre y el Excmo. Sr. D. Francisco Gómez Salazar, Obispo de la Diócesis.

Y siguen a estas mejoras, una muy luminosa: LA LUZ ELÉCTRICA, que comienza a iluminar el convento en EL AÑO 1909, esto fue una ¡gran novedad! para la monjas que celebraron con inmensa alegría…

¡BIENVENIDO SEAS SIGLO XX!
Siglo salpicado por guerras, persecuciones en la Iglesia, violencias de todo tipo, inmoralidad, luchas por el poder y las riquezas …
Pero también: SIGLO DE GRANDES ACONTECIMIENTOS, y obras loables y beneficiosas: en la Iglesia, en la sociedad, en la cultura, en descubrimientos e invenciones.
Nuestra Comunidad del Convento de la Santa Cruz de León, procura con todo empeño seguir “los signos de los tiempos” en los que se manifiesta la voluntad de Dios, y con el Evangelio en la mano y más en el corazón, decir a la humanidad: Aquí nos tenéis para ayudaros en el progreso espiritual y humano, para alcanzar los horizontes que la ciencia de Dios transmite al hombre por medio de su Santo Espíritu. LA ORACIÓN es nuestra fuerza poderosa y vigente en todo tiempo. Las seguidoras de Santa Clara están presentes en todos los ambientes eclesiales, en todo el mundo: día tras día y siglo tras siglo …

PRIMER ACONTECIMIENTO EXTRAORDINARIO EN LA COMUNIDAD DEL SIGLO XX
En el año 1912 se celebró con toda solemnidad el Séptimo Centenario de la Fundación de nuestra Orden, se inauguró la víspera por la tarde con la exposición del Santísimo que estuvo presente en la Custodia toda la noche y acompañado por toda la Comunidad y numerosos fieles, entre ellos los de la Adoración Nocturna, a las doce de la noche se renovaron los Votos de la Profesión … A las 10,30 de la mañana del día 19 solemne Misa, presidida por el Señor Obispo, y el orador de la homilía el Rvdo. P. Baltasar de Lodares. En este día se celebraron 22 Misas en la Iglesia conventual, dos cantadas y otras dos acompañadas con armonio. Al día siguiente, hubo Misa de Asistencia de Réquiem por las hermanas difuntas.
Todos los domingos del año del Centenario hubo por la tarde exposición del Santísimo, Estación, Trisagio, ejercicio a la Santa Madre, rosario con letanía cantada, motetes al Santísimo, gozos a Santa Clara, bendición y reserva.


SS. EL PAPA PÍO X, CONCEDIÓ INDULGENCIA PLENARIA POR LA RENOVACIÓN DE LOS VOTOS EL DÍA 19 DE MARZO, QUE SE CELEBRÓ EN ESTE CONVENTO DE LA SANTA CRUZ, LA SOLEMNIDAD DEL SÉPTIMO CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA ORDEN DE NUESTRA MADRE SANTA CLARA.
En el año1913, como recuerdo del Centenario se compró un magnífico armonio para mejorar y acompañar los cultos y resultasen más solemnes.
Seguiremos narrando nuestras fechas memorables e importancia del siglo XX.
(continuará)

jueves, 20 de octubre de 2011

BREVE HISTORIA DE NUESTRO CONVENTO (VIII)



El siglo XIX avanza y nos ofrece de nuevo la oportunidad de poder acoger en nuestro Convento a Hermanas ceñidas con el mismo cordón franciscano y que viven en clausura papal como nosotras.
Como si fuese una profecía, como si fuese una distinción, como si fuese una predilección del Señor...
Cuando las comunidades religiosas se vieron amenazadas en las revoluciones estatales de esta época en una y otra nación, temiendo mucho, con fundamento, que nuestra Comunidad de la Santa Cruz, sufriría la desgracia de ser arrojada de su santa mansión, (pues estaba en la lista). Las nueve monjas de votos solemnes que integraban la Comunidad: hicieron “Voto” de rezar todos los días el Responso de San Antonio de Padua (nuestro Hermano franciscano), a fin de verse libres de esta dura prueba, lo rezaban al finalizar la Corona franciscana diariamente, pero no a perpetuidad, solamente durante los años que éstas Hermanas viviesen, -se mantuvo esta devoción en la Comunidad cien años, 1860-1960-. Y, gracias a Dios, por intercesión de SAN ANTONIO, se libró de ser expulsada del Convento y pudo acoger a las que tuvieron que dejar el suyo con dolor y grandes peligros.

Nuestra “Croniquilla” conventual nos lo relata así:

“El día 21 de julio de 1879 , recibimos con gran cariño franciscano a nuestras Hermanas portuguesas, recoletas franciscanas descalzas, que con motivo de la Revolución, fueron expulsadas de su convento de la Madre de Dios, de Guimaráes. Con las licencias necesarias entraron en nuestra Santa Casa. Estas religiosas eran dos: sor María de la Madre de Dios y sor María de los Dolores, ambas de 23 años de profesión. Estuvieron en este Convento cuatro años, conviviendo con la comunidad en fraternal caridad y mutuo servicio.
El día 1 de enero de 1883, salieron de aquí para Braga (Portugal) las referidas Hermanas portuguesas, con licencia del Señor Obispo de esta Diócesis”
(Archivo Conventual– Croniquilla. Pág. 30)

De nuevo la Comunidad de las Descalzas Clarisas vuelven a la vida normal y va aumentando el número de candidatas a nuestra vida claustral. En los últimos años del siglo XIX hay nuevas innovaciones y mejoras de la casa costeadas por los bienhechores, tales como el arreglo y saneamiento del refectorio y de otras dependencias que la humedad hacía casi inhabitables; el día 14 de septiembre de 1883, que se celebraba el Dulce Nombre de María , se estrenó y se empezó a usar como alumbrado en la Comunidad el “quinqué”; otra novedad de esta época fue poner el desayuno en comunidad y se empezó el 1 de noviembre, fiesta de Todos los Santos, pues hasta entonces se tomaba en particular, aunque era la Comunidad la que proveía.
Y, sí, va finalizando el siglo con aires proféticos, distinción y predilección: Proféticos, anunciando con la vida austera y penitente, que por la Cruz se llega a la Luz; Distinción, vivir hacia dentro para ayudar a los de fuera; Predilección, confiándonos el Señor a sus elegidas, nuestras Hermanas, para ayudarlas en el peligro y librarnos a nosotras de él. Llevándolo a cabo a través de la oración e intercesión de SAN ANTONIO DE PADUA.
(Continuará)

miércoles, 19 de octubre de 2011

BREVE HISTORIA DE NUESTRO CONVENTO (VII)



LA INMACULADA VIRGEN MARÍA PATRONA DE
LA ORDEN FRANCISCANA


¡MADRE...! ¡Que no nos cansemos! ¡MADRE INMACULADA! ¡Que no nos cansemos!
DE SER FIELES COMO TÚ, A DIOS Y A NUESTRAS HERMANAS

Así oraban a la Virgen María, aquel grupito reducido de Clarisas en su claustro de León, que el Gobierno de aquella trágica época había hecho disminuir con su decreto gubernamental: la prohibición de ingreso de novicias. El 29 de diciembre de 1854 sólo existían en el monasterio de la Santa Cruz, siete religiosas ancianas. Habían fallecido las restantes, y las últimas muy seguidas y no pudieron ser sepultadas en clausura a causa de las leyes que regían la nación, recibiendo sepultura en el cementerio de la ciudad; estas monjas fueron las siguientes: Sor Jacinta Antonia de la Cruz de 55 años; Sor Isidora María del Rosario a los 38 años; Sor Gabriela Francisca de San Antonio a los 48 años; Sor Micaela de la Stma. Trinidad a los 57 años; Sor Clara Inés de San Antonio de 49 años.
Pero a pesar de tener el convento de las Descalzas tan poquitas moradoras y tiempo difícil en España, la ciudad de León cuidaba de su pequeñito grupo de Hermanas como su mejor tesoro... El Señor nunca se deja ganar en generosidad y escuchó las súplicas y oraciones de las siete monjitas ancianas que, con fe, esperanza y mucho amor, pedían insistentemente al Señor: “Envía operarios a tu mies”... ¡Eran dignas de admiración estas pobres Clarisas Descalzas! que diariamente se reunían en el coro para repasar y meditar juntas la primera Regla de Santa Clara, que con tanto fervor habían profesado y se detenían largamente en este punto: “Las hermanas no se apropien de nada: ni casa, ni lugar ni cosa alguna... Y como peregrinas y advenedizas en este mundo, sirvan al Señor en pobreza y humildad”... Estas loables hermanas ponían siempre su oración, contemplación y peticiones en manos de la Inmaculada Virgen María, nuestra tierna Madre y Señora, y así en poco tiempo fueron llegando nuevas y numerosas vocaciones hasta llegar a ser más novicias que profesas, formando una comunidad muy fervorosa y observante. León podía seguir teniendo su casa de oración abierta y manos de almas selectas que se alzaban cada día en presencia del Dios, Uno y Trino, para cantar sus alabanzas e interceder a favor de la querida ciudad y de todo el mundo... “Todo pasa, sólo Dios permanece”... Restablecida y repuesta la Comunidad del Convento de la Santa Cruz, sigue caminando hacia la meta de la perfección evangélica, repitiendo cada día a la Virgen Inmaculada: ¡Madre! ¡que no nos cansemos nunca jamás de ser como Tú!

¡SORPRESA ADMIRABLE! - DOLOR Y ALEGRÍA
Y es la Virgen Inmaculada, la que asocia a las Hermanas Concepcionistas Franciscanas a la Comunidad de Clarisas Descalzas, con motivo de la revolución de septiembre de 1868, en la que fueron arrojadas de su convento. Era el 29 de noviembre de este mismo año, cuando a las 6 de la mañana llegaron a esta santa casa nuestras queridas hermanas; a la primera que se recibió fue a Doña Manuela Melendreras que era cadáver y se le dio sepultura en nuestro cementerio de clausura (d.e.p.), completaban la comunidad de Concepcionistas 16 monjas que venían escoltadas: por su capellán, el secretario del Señor Obispo, el Gobernador civil y el Alcalde... Las Franciscanas Clarisas Descalzas no sólo abrieron a las Concepcionistas Franciscanas las puertas del Monasterio de par en par, los brazos y el corazón de cada monja de la Comunidad se convirtieron en alcázar amoroso que llenaba a la vez de pena y alegría: de pena por el desprecio y la humillación que hicieron en ellas los revolucionarios, sin respetar una porción escogida de Dios y a unas personas que reparten el bien con su oración y sacrificios...; de alegría de tener con nosotras a estas hermanas queridas de nuestra misma familia franciscana y poderlas dar todo nuestro cariño, compartiendo con ellas cuanto las afligía y preocupaba, poniendo a sus disposición todo el monasterio... El encuentro de estas dos comunidades fue de lo más impresionante y emotivo; dos de las hermanas, además de la fallecida venían enfermas, muy graves; a una de ellas se le puso la Santa Unción... Vivieron con nosotras las Concepcionistas seis años y tres meses en mutua armonía, unión, paz y amor fraterno. Volvieron a su Convento el 1 de marzo de 1875, formaban una comunidad de 13 monjas; una tomó aquí el hábito y profesó; fallecieron cuatro y quedaron aquí sepultadas con la primera... Las Clarisas y Concepcionistas se otorgaron CARTA DE HERMANDAD.

(Continuará)

martes, 18 de octubre de 2011

BREVE HISTORIA DE NUESTRO CONVENTO (VI)



SENTADOS EN TORNO A LA MISMA MESA FRANCISCOY CLARA SE ALIMENTAN CON “PLATO ÚNICO”.
EL AMOR AL DIOS ALTÍSIMO Y A TODAS LAS CRIATURAS QUE LES ENVUELVE Y HACE BRILLAR COMO SOL ESPLENDENTE

Bajo la mirada y protección de nuestros Seráficos Padres Francisco y Clara, la Comunidad del Convento de la Santa Cruz, sigue con fidelidad y fervor el camino emprendido. Integra la Comunidad en esta época cerca de veinte monjas, que viven en verdadera fraternidad abrazando todas las austeridades y costumbres del Convento, guiadas por la Primera Regla de Santa Clara, que es un compendio de normas para vivir y convivir unidas la altísima pobreza que profesaban, queriéndose mucho y ayudándose mutuamente en los trabajos establecidos como medio de vida; orando sin intermisión por lo que se guarda un silencio absoluto, aunque disfrutaban de recreaciones, dos veces al día, después de la comida y de la cena; en esas ocasiones se comunicaban sus mutuas cuitas y experiencias de almas contemplativas que las servían de estímulo y ejemplo lo de unas a las otras, también se comentaban algunas veces las vivencias de sus respectivas familias para gozarse todas con ello y encomendar sus intenciones al Señor. Todas se alegran con las que se alegran y lloran con las que lloran, formaban una familia numerosa con un mismo ideal. Sentadas en torno a la misma mesa y alimentadas con “plato único”...sazonado con EL AMOR A DIOS y a toda la humanidad. En este ambiente de paz, amor seráfico y universal se deslizaba la vida de las Clarisas Descalzas de León...

PERO NO SOLO SOMOS MONJAS
Pertenecemos a una nación, España, y vivimos en una ciudad, León, somos por tanto ciudadanas de nuestro país y lógicamente en el Convento también se experimentan las vicisitudes y adversidades que asedian a nuestra querida nación. Caminamos tras el siglo XIX, y mismamente en el año 1835, el gobierno progresista de España, que presidía el señor Mendizábal, secuestra toda la documentación del archivo conventual, ¡todo!, absolutamente todo lo referente a la economía de esta pobre comunidad, a consecuencia de esta rapiña gubernamental, quedó completamente destruido, y no solo esto, a partir de esta fecha funesta, no se podía recibir ninguna novicia, situación peor que la económica, pues por ese camino estaban condenadas irremisiblemente a su extinción al ir la muerte diezmando los monasterios...
En medio de este fatal ambiente antimonacal, por gracia y milagro de Dios, pudieron nuestras hermanas permanecer en su clausura al abrigo de los muros conventuales, agobiadas, pero no turbadas, de tantas contrariedades y escasez para sobrevivir, seguían todas las observancias de la vida comunitaria sin dejar los maitines a media noche; trabajos fuertes y casi sin retribución, clandestinamente algún bienhechor las ayudaba con sus limosnas. Y, así se fueron pasando 17 años, hasta que en 1852, se abrió un portillo para remediar en parte esta situación, por un decreto del 26-III-de 1852, permitiendo el ingreso de dos candidatas en cada monasterio a título de cantora u organista a las cuales se las asignaba una pensión de 100 ducados anuales. En estas condiciones fueron admitidas Dña. Teresa de Santa María Magdalena que profesó el 24-IV-1850, organista, y Dña. Hilaria de Santa Clara, que profesó el 16-VI-1853, cantora...En el año 1849, el Sr. Obispo D. Joaquín Barbagero, condonó las cargas de la Comunidad que eran muchas y sin medios para hacerlas frente, tanto de Misas como de otras obligaciones, y este buenísimo y caritativo Prelado, estableció las que habían de cumplir en adelante... Así andaban las pobres Clarisas Descalzas, vivían menos que al día, ni el trabajo, ni las limosnas cubrían sus más perentorias necesidades, pero se sentían felices y daban gracias a Dios, por gustar y vivir tanta pobreza, complaciéndose en parecerse un poquito a quien seguían: “A Cristo Jesús, que pobre fue reclinado en un pesebre, pobre vivió en el mundo y desnudo permaneció en el patíbulo”
En estos años las Clarisas de León, experimentaron en grado sumo la santa pobreza, afectiva y efectiva, como San Francisco y Santa Clara.

(Continuará)

lunes, 17 de octubre de 2011

BREVE HISTORIA DE NUESTRO CONVENTO (V)



En la diminuta Capilla de la Porciúncula en Asís, se guardan como en rico joyel las raíces de la ORDEN FRANCISCANA, allí están las del Convento de la Santa Cruz de León, que se extenderán más allá de las murallas leonesas...
Ya iba declinando el siglo XVII, que desde su principio le dio renombre nuestro Convento de la Santa Cruz, formando una humilde parcelita de la ciudad de León en la calle de la Canóniga, así se llamaba entonces, el lugar que ocupa este monasterio: recoleto, austero y atractivo, para las muchas jóvenes que iban aumentando la Comunidad de las Clarisas Descalzas, viviendo en la Altísima Pobreza que dejó como norma de vida Santa Clara a sus seguidoras, repartiendo y compartiendo la “riqueza” del amor fraterno universal que trascendía hasta fuera del claustro... Como ya se ha dicho las primeras moradoras y abadesas que procedían de Gandía (Valencia), dos de ellas Sor Magdalena de la Cruz y Sor Isabel Ana, fallecieron en este convento, las otras dos se trasladaron a su lugar de origen una vez puesta en marcha y bien organizada la Comunidad. A fines del siglo XVII eran ya las hijas de León quienes regentaban y animaban la vida claustral de las “Descalzas”. Las raíces de la Porciúncula no se escondían, se extendían, como ya veremos...
En el número 52 del Testamento de nuestra Madre Santa Clara nos dice: “... si sucediere en algún tiempo, que debiesen abandonar este sitio las hermanas y trasladarse a otro, estén sin embargo obligadas a guardar después de mi muerte, dondequiera que se hallen, la sobredicha forma de la pobreza que prometieron a Dios y a nuestro beatísimo P. Francisco...”
Los Superiores de la Orden, de quienes entonces dependía la Comunidad de este Convento de la Santa Cruz de León, habían acordado establecer una comunidad de clarisas de la Primera Regla en la villa asturiana llamada Villaviciosa. Las monjas de León, queriendo ser siempre fieles a lo prometido al Señor según la Regla y Testamento de nuestra Santa Madre Clara, obedientes, decididas y llenas de ilusión, renuncian a vivir con las hermanas de esta Comunidad de León y marchar al encuentro de otras hermanas que nuestro Padre Dios había elegido para hacer fértil plantel de Clarisas en Asturias, las “raíces” de la Porciúncula se extendía hacia un nuevo Convento dedicado a la Virgen María, por eso es titulado de La Purísima Concepción. Fueron designadas a esta Fundación las siguientes Hermanas: María Rosa del Santísimo Sacramento de 55 años de edad, Ignacia de los Dolores de 60 años y María Bernarda del Santísimo, que se ignora su edad.
(De nuestro Archivo Conventual, ASCL)
“El Obispo de Oviedo encomendó oficialmente a José Junco, cura de San Justo, y al regidor Francisco Miravalles..., para que con la mayor decencia, comodidad y custodia acompañaran desde León a Villaviciosa a las dichas Hermanas. Hicieron solemne entrada en esta Villa asturiana el día 2 de octubre de 1755, y fueron recibidas con todo aplauso y regocijo, a repique de campanas y salva de cohetes...”
(Etelvino G. López: “El arbolón de Santa Clara”)
Nuestras tres hermanas citadas, fundadoras del Monasterio de Villaviciosa, después de haber establecido allí nuestra vida de clarisas de la Primera Regla, volvieron a su convento de la Santa Cruz de León, donde acabaron santamente su vida...
En el siglo XVIII, este fue uno de los mayores acontecimientos acaecidos en nuestro Convento, digno de mención y grato recuerdo

(Continuará)